Cuba, turismo e importación por cuenta propia

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr

La Habana

Entiendo y respeto el rechazo de franceses y españoles a las oleadas de visitantes que los invaden y copan hasta los chiringuitos sin fama. Sin embargo, en el caso de Cuba el turismo internacional parece una necesidad, una urgencia, cuando la isla no acaba de romper el viejo ciclo de falta de liquidez, ni ha logrado reanimar la economía, pese a los cambios introducidos en la dinámica nacional, insuficientes y demasiado calculados políticamente ante urgencias acumuladas por décadas.

Falta muchísimo para que la isla se sienta ahogada por los visitantes extranjeros. De cinco millones previstos para el año en curso, otro cálculo triunfalista hecho a partir del desembarco estadounidense – Donald Trump lo paró en seco-, ahora el estimado oficial, también con desborde de imaginación como es mala costumbre, es cuatro millones 750 mil. República Dominicana, cercano competidor, recibió solo entre enero y julio pasado nada menos que a cuatro millones 106 mil 474, con la particularidad de que ellos contabilizan aparte a los viajeros de cruceros, algo que aquí suele meterse en la misma bolsa. Y con la Rivera Maya, en México, mejor ni comparar. Aun así el turismo, en el caso cubano, ya se sitúa entre las principales fuentes de ingreso y de recepción de inversión extranjera, además de ir reanimando de a poquito, como suelen ser las cosas en la isla, ese encadenamiento al que tanto aluden los economistas para que ni las verduras, ni las frutas, ni la carnes tengan que importase. Por el “mal menor” del turismo apostó Fidel Castro (1926-2016) durante la profunda crisis de los años 80 del siglo pasado, logrando el milagro de que importantes cadenas, como la española Meliá, invertiran en este lugar del alto riesgo por el inclemente bloqueo estadounidense que se mantiene en pie. Claro que entonces los cubanos teníamos prohibido ingresar a los hoteles –restricción ya abolida- y el propio Castro se encargó de impedir el auge de los cruceros, “dejan más pérdidas que ganancias”, según decía, negocio ahora en auge y con el cual se mitiga la baja de visitantes.

El nuevo presidente, Miguel Díaz-Canel, ha usado el término de “locomotora de la economía” para referirse al turismo, en tanto el nuevo sector de mini empresarios privados le ruega a todos los santos porque los cálculos de arribo se cumplan, a fin de que no se malogren sus inversiones en casas y apartamentos dispuestos en función de los visitantes. El turismo entonces parece situado en el mismo centro del interés nacional, aunque paradójicamente los isleños con ingresos, en mayoría, apuestan por irse de viaje a medio mundo, más que a disfrutar de otras bondades, para importar a título personal lo que no venden en el país las tiendas estatales –controlan todo el mercado minorista- y comercializar por debajo de la mesa, sin el 280 por ciento de impuesto que los estatales le suenan a cada producto que venden.

Havana Consulting Group, que radica en Estados Unidos, calculó en mil ocho millones de usd las compras de los cubanos en 2017 para luego revender aquí, en un grupo de países que incluyen a México, Panamá. Guyana, EU, República Dominicana y hasta Rusia. El economista cubano Juan Triana estimó “entre 250 y 300 millones” las compras en los primeros tres mercados. Triana apuntó entre las causas de este nuevo fenómeno “la debilidad del sistema productivo cubano para proveer de bienes al mercado nacional”.

Nada, que Cuba sigue siendo un lugar sui géneris; espera con esperanzas la lluvia de turistas, mientras que los de aquí se van de compras por medio mundo.