Cubano rico, cubano pobre

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr

El turismo se ha convertido en una especie de panacea que cualquier país quiere explotar. Cuba ha entrado en esa vorágine que ha permitido a algunas naciones salir de grandes baches presupuestarios, pero la mayoría está dejando el alma en el intento.En algunos países que han apostado por el turismo todo ha encarecido, empezando por la vivienda, hasta entonces abordable, que atrae al turista en busca de otra vida que casi nunca encontrará. Los nacionales han tenido que someterse a los caprichos de gente sin educación ni modales que por ser turistas se creen con derecho a arrasar por donde van. En España, el segundo país más importante del mundo en turismo, ciudades importantes como Barcelona, Madrid y Málaga y lugares excesivamente turísticos como Mallorca han tenido que tomar medidas en todos los órdenes. Evitar altercados, excesos de la concentración de turistas y la llegada de otros que vienen exclusivamente para juergas baratas y alcoholizadas de un fin de semana. Claro que se gana dinero. Pero cuando tienen que enviar médicos, enfermeras o policías de reemplazo a Mallorca se dan cuenta de que no pueden quedarse la mayoría de las veces porque no encuentran donde vivir y si lo consiguen a precios fuera de órbita. Hay hospitales que se han visto obligados a improvisar viviendas en dependencias de viejos servicios sanitarios.

Aquí también, el turismo hace que la vida sea más cara y más difícil. Alguna gente del centro de Málaga, que llevaba viviendo allí toda la vida, ha tenido que optar por buscar algo en las afueras. Los alquileres en general han saltado todas las previsiones así como el precio de las viviendas, con lo que el antiguo inquilino se marcha por no poder pagar un alquiler mucho más alto. Pero ya están esperando los turistas, para los que los nuevos alquileres son abordables.Pero al mismo tiempo vivir cerca de turistas que no conocen reglas de convivencia se convierte en un calvario.

El pasado 5 de octubre, el diario francés Le Monde dedicaba su editorial a “El turismo al borde de la sobredosis”, pese a que Francia es el tercer país más turístico del mundo después de Estados Unidos y España. “Por todas partes –dice el editorial—los autóctonos protestan por esta invasión descontrolada mientras que los ingresos financieros acarreados por el turismo no llegan a compensar los daños colaterales.El precio de los bienes inmobiliarios está por las nubes. El empleo se concentra en oficios de temporada (mayormente el verano) y mal pagados”.

En Cuba, la situación por el momento es otra- subraya un periodista cubano–. De entrada, “el turismo es una necesidad obligada de este país, porque a pesar de los riesgos que implica, es una de las dos fuentes más expeditas de ingresos y factor de encadenamientos productivos, en momentos en que el bloqueo aprieta –no es un juego de palabras aunque llevemos medio siglo repitiéndolo- , la falta de liquidez es crónica, la descapitalización de la industria se mantiene y nuestro mutuo amigo Trump baila al ritmo de la música extremista de Miami.” Nuestro interlocutor, corresponsal de prensa extranjera pero que como cubano vive y sufre en sus carnes el problema, insiste: “La gente en mayoría quiere que el turismo aumente porque podrían aumentar sus ingresos personales por la vía de servicios privados etc.” Pero al mismo tiempo, matiza: “La vida aquí es carísima, con mercados desabastecidos –falta dinero para importaciones, casi dos mil millones dólares anuales solo en alimentos- porque los precios se rigen por las llamadas Tiendas Recaudadoras de Divisas, las que venden en los bendito cuc y a cada roducto le suenan un impuesto de venta del 280% para ayudar a subsidiar la educación y la salud públicas “.

“Esa medida –prosigue–,el 280, se aplicó en la crisis de los años 80, cuando primero se despenalizó el usd y después lo cambiaron por ese papelito que se denomina cuc; entonces casi nadie pagaba impuestos, tenía cierta lógica, pero aquello pasó, se impusieron los impuestos, por cierto bien altos, y el 280 sigue…” Y por último, otra circunstancia nada desdeñable: “Los sueldos y las pensiones no se mueven, porque no hay productividad, esa es una gran contradicción, otra más, y de elevarlos como pide la gente, implicaría una inflación de tres pares. Tampoco se quiere dejar que la gente, libremente ingrese a las mini empresas privadas o cooperativas –donde el ingreso individual es muy superior- porque el sector público se quedaría sin gente. Es complicadito el asunto”.En regla general, los países que sufren las consecuencias de este turismo desbocado piensa en que si a los jóvenes se les pone la carnada de dinero fácil aunque solo sea unos meses por año, es posible que muchos países no tengan que ofrecer al mundo más que camareros, y ni siquiera con formación superior de escuelas hosteleras que les podía llevar a destinos importantes en la hostelería en países ricos como puede ser Suiza.