Cuba, el presidente y las dudas

Manuel Juan Somoza

La Habana

Entre muchos, consideraba una acción positiva y necesaria que el presidente y sus ministros se movieran por todos los rincones de la isla “para destrabar” soluciones, como solía decir el mandatario Miguel Díaz-Canel cuando se encontraba con la gente. Sin embargo, dudaba de la efectividad práctica de los desplazamientos, porque la base de esos movimientos era la misma plataforma de burocracia política y administrativa que, desde su punto de vista, se había multiplicado a partir de los cambios económicos en curso, aunque en su arrancada se pretendiera lo contrario. Dudaba y al mismo tiempo se aferraba a la ilusión de que los desplazamientos ayudaran a comprender a quienes tienen el mando, lo que para él y otros como él era tan claro como el mar de Varadero en cada amanecer.

El gobernante pedía a los dirigentes de provincias y municipios “sensibilidad ante los problemas” de la gente, llamaba a “desarrollar las iniciativas locales” a fin de enfrentar la falta de liquidez y la descapitalización generalizada de la industria, insistía en incorporar a los planes regionales las soluciones que esperan desde hace como mínimo una década, cientos de familias con sus casas en ruinas por huracanes pasados. Consideraba él, que cada una de las visitas del gobernante levantaba ánimos y podía hasta desatar las esperanzas, e igualmente dudaba de que eso fuera suficiente en su país, atenazado desde Estados Unidos por un bloqueo sin escrúpulos y con la iniciativa individual ahogada por el altísimo nivel de estatización que seguía imperando.

Recordó entonces una nota leída en el blog Segunda Cita – “Un debate surrealista”, de Jorge Gómez Barata- que más que un comentario era reflejo cierto, preciso y desgarrador de la cotidianidad en su país. Silvio Rodríguez andaba de gira artística por Argentina cuando descubrió la nota y al reproducirla en su blog lo hizo con la siguiente entrada: “Lo tomé de http://www.poresto.net/2018/10/17/un-debate-surrealista/ Y lo puse en Rosario, donde Che se crió, y que me parta un rayo si desde hace mucho él no hubiera visto lo que todos vemos, excepto los que no quieren, los que no pueden, los que ya no están aptos —pobrecitos— para ver”.

Y recordó el comentario de Barata porque al leerlo, se dijo en silencio que él estaba entre “lo que todos vemos”. La persistencia en un esquema estatal improductivo, ineficaz, heredado de los tiempos en que los soviéticos eran considerados paradigmas, obviando hasta principios subrayados en el nuevo proyecto de Constitución y reiterados hace pocos días por Homero Acosta, en el sentido de que la propiedad socialista debe mantenerse “sobre los medios fundamentales de producción, repito –dijo Acosta- , medios fundamentales, y al hablar de la propiedad mixta recalcó: “El proyecto recoge que se integra por dos o más formas de propiedad, lo que posibilita la fusión de diversas formas, incluida la privada y la cooperativa, no solo la estatal”.

Consideró entonces que vivía en medio de una peligrosa contradicción, de cuya solución dependía el futuro de sus nietos. ¿Cómo desatar la iniciativa individual, si la centralización sigue aplastando?; ¿Cómo llegar a una asociación de empresas privadas o cooperativas nacionales con empresas estatales, si la generación lícita de riquezas de manera privada o cooperativa no sobrepasa el rango de la retórica o la imaginación, como resultado de más resoluciones y burócratas?; ¿Cómo interpretan quienes deciden el concepto de medios fundamentales de producción? .  Y entonces visualizó uno de los párrafos finales del debate surrealista: “Las reformas económicas en Cuba son lentas y son limitadas. Audaz sería entregar algún central azucarero a una cooperativa formada por obreros y directivos avanzados del sector, encargar una gran obra a una cooperativa de constructores, y poner algunas de las fábricas quebradas como las de conservas agrícolas y lácteos recién visitadas por el Presidente, en manos de sus trabajadores, y realizar otros muchos proyectos con apoyo, aunque sin tutela estatal.”

No le quedaban dudas, estaba entre “lo que todos vemos”, aunque al parecer eso no fuera suficiente.