Marujita

Mª Victoria Páez | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Hace poco , un gran amigo me dijo, que uno no puede escribir por encargo, ya que la propia vida, te presenta las ocasiones:¡ Qué razón tiene! Hoy vi una foto de mi prima en Facebook … es idéntica a su madre, a mi Marujita, así que me llegó la ocasión de retratar a otra mujer valiente, que abandonó sus raíces por amor, y que nos regaló hasta su último aliento. Yo tengo la costumbre, y no se por qué, de no terminar los duelos…y no será por psiquiatras y psicólogos…creo que es una cuestión de “ no me da la gana”. Marujita elevó su vuelo hace 6, 7 años…mejor no pensar….mejor no pensar en aquella tarde, que mi Gran Scenic de 7 plazas venía cargado con mi familia, de vueltas de la muerte. Sólo tengo en registro cerebral mi coche lleno, yo conduciendo de noche y mi padre, el único que sabía lo rota que yo venía, sin parar de hablar ( para que no me diera un ataque de nervios al volante: ¡Qué bien me leías la mente Sr. Páez!).

¡Pero no!.Quiero contarles como era Marujita…¡no carajo!…mi TIA MARUJA LA DE MORON….si, la de Morón de la Frontera, donde los americanos… ¿se situan? Mi tía Maruja formó parte de esa generación de la postguerra, que trabajó en una fabrica de naranjas, y, aún teniendo un “ pretendiente” con posibles, fue a enamorarse de un cartero tarambanas, imbécil del todo, con aires de grandeza aún siendo un desgraciado, que se gastaba el dinero en borracheras y prostitutas, y al que mi padre recogía por las esquinas, aguantándole la soberbia que lo caracterizaba. Dicen que el amor es ciego, sordo y mudo….tan incapacitada fue mi Maruja la de Morón, que abandonó Málaga la bella, le de las mil oportunidades, por ese desgraciado, aterrizando en un pueblo de la olla de Andalucía…MORON DE LA FRONTERA….además de la base y las fabricas de Camacho….¡El odio que le tengo!. Pero no quiero seguir lanzando veneno: ella no se lo merece. No se cuando empiezan mis recuerdos con ella, tal vez, la tengo grabada a fuego desde mi infancia, y así quedará hasta mi muerte.

Recuerdo a mi “morona” siempre con la ternura en las manos; recuerdo a Concha hablando por el patio, a Rosario y su hija , a Catalina la de las chuches…. A tantos y tantos. La veía de tanto en tanto, mi madre y ella eran una, y yo aprendí a ser simbiosis de las dos. Recuerdo aquel año 1985 en que me sacaron de Málaga, desesperados y me mandaron a su casa, esperando que me repusiera: Marujita, no fue el campo, no fueron los olivos, no fueron mis primas: ¡fuiste tu!, que con tu paciencia infinita, hacías falda de ternera rellenas y comprabas dulces de Navidad, porque yo estaba “malita”, eso, sin contar, las visitas a la piscina municipal con un kilo de cerezas, primorosamente preparadas con hielo, y que nos comíamos bien fresquitas a la hora del siesteo, con esos infinitos 42º a la sombra que gasta el Sistema Bético. En Morón quedó el asma, en Morón quedó la Mariví enferma.

Ahí brotó la mujer que soy hoy, la que años después se quedaba en el hospital con la abuela y contigo; la que se plantó en el Hospital de Nuestra Señora del Valme a buscarte, una de las veces, que tu marido estuvo ingresado y te llevó a desayunar a un hotel de 5 estrellas, porque sí, porque para quererte no había que dar explicaciones; la que te mandaba rosas el día de las María; la que escuchabas con más o menos ganas,sana o enferma; la primera cara que viste en el despertar de tu jodida cirugía de mama, para algo tenía que servirme el título, y que, de una u otra forma, terminó llevándosete cuando aún tenías tanto por dar. Hasta tu último suspiro te llegaron rosas, las mas bellas que había en Sevilla me acompañaron en el último viaje que hice al Morón de las narices, para que ya no tuvieras fuerzas para mirarme, para que nada más que te quedara tiempo de partir.

Ahora vuelvo a mirar la foto del Facebook: ¿ qué mi prima se parece a ti?…. ¡ yaquisiera ella! Para parecerse a ti, hay que ser abnegada, meticulosa, sencilla, tierna, resistente, entregada, sensible, cabezota….hay que ser María Rodríguez Serrano, hay que tener casta…y esa, esa le falta a mi prima