Cuba, Nueva York y My way

Manuel Juan Somoza | Sergio Berrocal Jr

La Habana

Llegó de pronto la voz de Frank Sinatra y su canción bandera, My way (A mi manera), sin que en aquel momento me detuviera a razonar la causa de su aparición. Seguía desde aquí la visita del presidente Miguel Díaz-Canel a Nueva York, donde un pelotón de colegas reportaba minuto a minuto el maratón que el gobernante de 58 años de edad protagonizaba, en paralelo a sus intervenciones en la 73 Asamblea General de la ONU. No tenía tiempo para indagaciones sicológicas y sin embargo My way  y Sinatra seguían a mi lado, mientras allá el presidente comenzaba el sábado 29 de septiembre visitando la Zona Cero que recuerda el descomunal ataque a las Torres Gemelas, luego de ir durante seis días de un lado al otro de esa ciudad que nunca duerme a fin de reunirse con lo más sobresaliente de la intelectualidad estadounidense en el edificio Dakota, donde asesinaron a John Lennon y ahora Robert de Niro y Jane Rosenthal  fueron sus anfitriones; con congresistas republicanos y demócratas; con empresarios de diversos sectores, desde el agroindustrial hasta el turístico – el presidente de la poderosa Cámara de Comercio de EU, Thomas J. Denohue, lo invitó a una segunda visita centrada en negocios- ; con el cardenal Timothy Dolan, Arzobispo de NY; con los líderes del Consejo de Iglesias (cristianas), sin olvidar el barrio de Harlem; y representantes de la comunidad cubana en ese país.

Se movía por Nueva York el presidente cubano, luego de responderle en más 10 ocasiones a Donald Trump en la ONU. Los males que afectan a la humanidad contemporánea “no son frutos del socialismo como él afirma, sino del capitalismo y el egoísmo que privilegian la concentración de riquezas en pocas manos”, le dijo y advirtió después, como para que nadie pensara en Mijail Gorbachov, que él y la generación que va tomando el mando en Cuba no representan la ruptura de la revolución, sino su continuidad.

Como cada año, la Asamblea se había transformado en escenario de una interminable batalla retórica ,  aunque esta vez con características de record Guinness por el discurso de Trump. La agencia española EFE ironizó así: “El presidente demostró este martes su capacidad para unir al mundo. Para unir al mundo en una carcajada, se entiende”, en tanto The Associated Press fue más directa al reseñar que “Trump fustigó el martes la autoridad multinacional, en un discurso jactancioso sobre el poderío económico y militar de Estados Unidos que provocó gestos de incredulidad y risas de las decenas de jefes de Estado presentes en la Asamblea General”. Y mientras el sainete transcurría, por las calles de Nueva York, la representante de EU en la ONU, Nikki Haley, megáfono en mano, instaba a una manifestación en contra del presidente venezolano Nicolás Maduro –uno de los muchos centros de ataque de Trump en su discurso de risas-, en el ejercicio de la diplomacia que practican los estadounidenses. “Vamos a seguir hasta que Maduro se haya ido”, se le escuchó gritar, una y otra vez.

En este entramado a punto de culminar, al menos para Díaz-Canel, solo falta un intercambio con Barck Obama, quizá incluso para invitarlo a que vuelva a visitar La Habana. El cubano sabe lanzar dardos envenenados. Trump odia todo lo hecho por Obama, el hombre odia a mucha gente y no se oculta en decirlo. No por gusto la primera entrevista del presidente isleño en la ONU fue con el gobernante iraní Hasán Rohaní, otro de los odiados, antes incluso de sentarse con el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, e invitarlo también a visitar la isla.

Quedan muchas cosas en el tintero cuando tengo que poner punto final, pero releyendo la nota antes de enviarla a NOM, descubro que la grata compañía de My way no fue casual. No volvió a cantar Sinatra por gusto desde las estrellas o desde el infierno. Díaz-Canel ha reiterado que él es continuidad, pero cada día lo hace un poquito más, a su manera.