Facebook, la diversidad y Díaz-Canel

Vivian Núñez | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Mis amigos en Facebook son como la vida misma: hay de todo, todo mezclado como quería Nicolás Guillén.A muchos los escogí voluntaria y desenfadadamente, porque antes de ser virtuales eran de carne y hueso, de los años estudiantiles que no volverán, de los espacios laborales donde coincidimos y disentimos casi con igual periodicidad, hasta de las prácticas del tai chi, esos ejercicios chinos para “viejos” que recomiendo a los jóvenes. Buena cantidad de ellos cruzaron “el charco”, y desde Miami, Madrid, Ciudad de México o Ginebra opinan de lo que antes no les importaba, dan sabios consejos de cómo hacer las cosas mejores… o peores, ya no sé bien.

Otros amigos fueron inducidos, arrastrados por un perfil interesante, sugeridos y aceptados, porque la palabra eliminar es demasiado fuerte o por aquello de que mientras más, mejor (otra premisa falsa).

Por esto y por aquello he conformado un grupo variopinto, difícil de encasillar ideológicamente –dejo eso a los censores-, que opina de todo, sabe de todo, critica o elogia todo –no hay que decir que la gran mayoría son cubanos-.

Sirva como ejemplo de esta variedad de criterios, equidistantes unos de otros, las entradas sobre la primera entrevista concedida por el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, desde que asumió ese cargo, el 19 de abril pasado.

Por exigencias de mi oficio-pasión de periodista la vi completa, a pesar de las interrupciones inexplicables de Telesur, primero con pausas demasiado largas y luego con una noticia de última hora desde Perú, de dudosa importancia como para interrumpir por más de media hora la primera entrevista del primer presidente cubano de la era revolucionaria que no lleva el apellido Castro.

“Estuvo bien”, fue mi primera reacción, tras haber enviado las notas obligatorias a mi periódico cerca de la medianoche del pasado domingo. La directora de Telesur, Patricia Villegas, no fue especialmente incisiva –recuerdo a Barbara Walters​ con Fidel Castro- y Díaz-Canel respondió con bastante naturalidad, aunque, creo, repetía a veces demasiados lugares comunes que los cubanos identificamos como “teque”, esa capacidad de hablar mucho y decir poco, generalmente desde el panfleto.

Pasadas las horas, entré en Facebook…..y allá va eso: “Magnífica entrevista a Díaz-Canel”, “Patricia Villegas lanzó duro y Díaz-Canel lo bateó todo”, “Qué vergüenza, qué desprecio por la prensa cubana al darle su primera entrevista a un medio extranjero” (otras veces este amigo ha dicho que los periodistas cubanos no servimos), “Más de lo mismo”.

Releyendo, me sitúo casi en el centro de ese abanico. No sé si un periodista cubano de Cuba –no hay redundancia- hubiera podido preguntarle, aunque quisiera, si su gobierno le pidió ayuda a los rusos para los ataques sónicos como afirma Estados Unidos, o que hablara de su vida personal, un tema casi tabú para los altos dirigentes del patio en los últimos 60 años.

Fidelistas o no, los cubanos de mi edad y mayores –si eso fuera posible- están marcados por la impronta de Fidel Castro, por esa capacidad de estremecer, de “darle la vuelta a la tortilla” cuando las preguntas parecían demasiado comprometedoras. Con Raúl Castro no hay punto de comparación. No dio entrevistas en sus diez años como presidente, y se vio la falta de entrenamiento en la conferencia de prensa conjunta que ofreció en La Habana durante la visita de Barack Obama.

Ahora Díaz-Canel se atreve, aunque con un medio amigo. Le doy un aprobado, aunque mis amigos en Facebook lo suspendan o lo premien con un excelente.