“Armas microondas”, otro capítulo de nueva guerra EU-Cuba

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr

La Habana

Confieso que el tema tiende a aburrir, si no fuera porque su desenlace pudiera llevar a Cuba, una vez más, a las trincheras. El The New York Time (NYT) acaba de abrir el más novedoso capítulo en esa especie de guerra de rayos y sonidos que, los isleños, válgame Dios, habrían puesto en marcha contra diplomáticos estadounidenses, nada menos que cuando La Habana y Washington avanzaban por un camino de distensión sin precedentes, que pare este país resultaba vital. A finales de 2016, el Departamento de Estado comenzó a dar cuenta de afectaciones de salud entre sus diplomáticos en La Habana -llegaron hasta la “conmoción cerebral”, según dicen-, y con el paso del tiempo la cifra fue fijada en 25. Después Canadá reportó un par de situaciones similares, también en la capital cubana, y luego Washington habló de afectaciones parecidas en algunos de sus funcionarios en China. ¡Misterio!

Cubanos y estadounidenses, cada uno por su lado, aunque los de allá viajaron cuatro veces aquí, comenzaron las investigaciones sin llegar a conclusiones plausibles, pero este lunes el NYT reprodujo una entrevista a Douglas Smith, de la Universidad de Pennsylvania, quien asegura que “ahora se considera a las microondas como las principales sospechosas de los incidentes”.

Smith es el autor principal del estudio sobre el tema, publicado por el Journal of the American Medical Association (JAMA) en marzo pasado –esa entidad participa a la investigación a pedido de EU-, que menciona una “fuente desconocida de energía” como causa de las extrañas afectaciones de salud, pero sin hablar de ataques por microondas.

“La idea de las microondas está repleta de preguntas aún sin respuesta. ¿Quién disparó los rayos? ¿El gobierno ruso? ¿El gobierno cubano? ¿Una facción cubana rebelde afín a Moscú? (y contraria a la distensión con EU) Y, de ser así, ¿dónde obtuvieron los atacantes las armas no convencionales?”, se preguntó el NYT, dejando fuera otras interrogantes como que el ataque viniera de “una facción rebelde de los servicios secretos de EU contraria a la distensión entre los dos países” o fuera la secuela de “experimentos llevados a cabo con agentes de EU por los propios servicios de inteligencia” de ese país, en busca de lograr “espías superdotados”, porque parece que ese es el perfil real de los “diplomáticos” afectados, al menos en la isla.

Todo cabe en este asunto que roza la ciencia-ficción y si no aquí está otro párrafo de lo dicho por el NYT en la misma nota: “En 1976, la Agencia de Inteligencia del Departamento de la Defensa estadounidense indicó que la investigación soviética sobre las microondas para “la percepción interna de sonido” demostró ser muy prometedora para “afectar los patrones del comportamiento del personal militar o diplomático”. También Washington previó nuevos tipos de armas: en Albuquerque, Nuevo México, los científicos de la Fuerza Aérea buscaron emitir un discurso comprensible dirigido a la cabeza de sus adversarios. Incluso registraron patentes relacionadas en 2002 y un documento interno menciona el primer uso posible: Guerra psicológica”.

Ante este episodio, como era de esperar, el gobierno cubano respondió con rapidez. “No ha existido ni ataque ni acto deliberado contra ninguno de sus diplomáticos y el Departamento de Estado lo sabe”, dijo el martes al diario oficial Granma Carlos Fernández de Cossío, jefe de la Dirección General de Estados Unidos de la cancillería cubana. “Comenzaron por la teoría de ataques sónicos que no resistió el análisis de la comunidad científica y de la investigación policial realizada por ambos países. Acudieron entonces durante breve tiempo a la hipótesis de un ataque viral que fue desmontado por falta de sustento. Desde hace meses hablan de una contusión cerebral sin que una contusión haya tenido lugar y lo adjudican solo a cuatro de los diplomáticos”, dijo Cossío. Agregó que lo que “sí se ha demostrado es lo que científicos de Cuba, Estados Unidos y otros países sostienen y que el Gobierno de la isla está diciendo desde el principio, que es falsa la existencia de ataques y eso lo sabe perfectamente el gobierno norteamericano, porque ha tenido múltiples maneras de comprobarlo”.

Ningún analista sensato se arriesga a vaticinar hasta dónde puede llegar este asunto que, de momento, hizo que Washington redujera al mínimo las funciones de su embajada de La Habana y recomendara a sus ciudadanos reconsiderar sus viajes a la isla. EU y Cuba protagonizaron un histórico acercamiento entre 2014 y 2016, que Donald Trump detuvo tras ganar la presidencia, por ello, aunque tienda a generar bostezos, hay que seguir los capítulos de esta intriga que huele cada vez peor