Carilda, entre la leyenda y la realidad

Vivian Núñez | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Cuando a los veintitantos años se escribe un soneto como “Me desordeno, amor, me desordeno” en la Cuba de los cuarenta del pasado siglo, se sabe –ella lo sabía- que se está haciendo una apuesta para toda la vida.Y Carilda Oliver la asumió con su sonrisa pícara, con ese rostro ladeado, siempre preludio de grandes frases, y con una honestidad a prueba del tiempo y de la censura. Murió a los 96 años y ahora se ve en las imágenes dolorosas del sepelio a un hombre todavía joven, quizás en las cuatro décadas, de pelo largo y sonrisa triste, que fue su esposo por casi 20 años, cuando ya ella era una abuelita predestinada por las costumbres y el qué dirán a otras cosas menos carnales. Esa poesía erótica cuando hasta el término era escandaloso, escrita y dicha desde una provincia cubana, la convirtieron en centro de rumores y exageraciones, de los que ella se reía, y alimentaba o desmentía según estimara.

Una de sus últimas apariciones en la televisión estatal fue en el programa “Con dos que se quieran”, conducido por el cantautor Amaury Pérez Vidal. Yo lo vi en su momento, me emocioné y me divertí, pero en estos días he vuelto a él, ahora sabiendo que no se repetirá.

En esa hora Carilda desplegó ese humor cubano que a algunos les nace suelto y que otros estudian para vivir de él; hizo galas de sinceridad pasmosa y, distendida y coloquial, no dejó de responder ninguna pregunta.

Y, por supuesto, salió el tema de sus amores y de su relación con el autor de “El viejo y el mar”.

Reproduzco fragmentos de sus respuestas, como invitación –incitación- a ver la entrevista toda:

“¿Qué pasa?, que yo, figúrate, muy jovencita escribí el tal “Me desordeno…” y la gente siguió desordenándose por su cuenta (risas), pero me han echado la culpa a mí de todo. La cantidad de hombres que me han dicho a mí y de mujeres: Ay, le agradezco su Me desordeno, porque con esa poesía yo he enamorado y he hecho, y qué sé yo. Y a mí me da risa, porque esa poesía es hasta inocente, es inocente incluso esa parte que dice: “Cuando quiero besarte arrodillada“, esa parte, la gente le da unas explicaciones… que bueno, no lo voy a decir aquí porque estamos en la televisión (risas)”.

“Bueno, entonces me atreví a celebrar las piernas de los  hombres, de un hombre. En uno están todos los demás. Entonces la boca, los ojos, vaya, decirles piropos a los hombres. Porque siempre eran a las mujeres y bueno, pues yo rompí con eso, porque yo no veo nada en eso de extraordinario, ni de cosas subversivas, irreverentes, que estoy faltando el respeto, porque piensan que estoy hablando de una cosa carnal. Y el amor es espiritual y carnal y tiene que integrarse de las dos cosas, porque si no realmente no responde a la verdadera esencia del amor”.

“Y bueno, todas esas cosas empezaron a traerme…., aparte de algunas cosas de la vida de uno, que se han ido deformando y se han exagerado cosas y pasiones. Han inventado cosas con Hemingway, que no pasó nada en lo absoluto, ese era un hombre muy caballeroso, que me dio un elogio, un piropo delante de periodistas y eso empezó a dar vueltas, es un ejemplo que pongo. Y bueno, a cada rato pues a la gente le ha parecido muy natural que yo tenga romances de acuerdo con los versos que he escrito y esos versos están escritos para mis esposos, para las personas que yo he amado y que me han amado”.