Megalodon, sin viejo ni Cuba

Sergio Berrocal Jr | Maqueta Sergio Berrocal Jr

No hacer nada y ser DJ o Youtuber es hoy en día una carrera que puede dar miles de dólares o euros. Y de haberlo sabido no hubiese entrado en la facultad de ciencias de la comunicación.Y me hubiese especializado en esa manera de vivir del aire de levante que muchos de esos listos han patentado.En medio de estas reflexiones, he visto una producción chino-norteamericana dirigida por el neoyorquino Jon Turteltaub, autor de títulos como La búsqueda 1y2, en la cual Hollywood sustenta una historia titulada Megalodon.

Protagonizada por Jason Statham, Li Bing Bing, Rainn Wilson, Ruby Rose, Winston Chao y Cliff Curtis, Megalodon no puede maquillar un fiasco que ha costado 150 millones de dólares.Llega esa ricura cuarenta y tres años después del clásico de Steven Spielberg, Tiburón, magnífica y clásica producción con un simple argumento: un gigantesco tiburón blanco amenaza a los habitantes y turistas de un pueblo costero de los Estados Unidos.

La locura por el fenómeno de las profundidades heredada de Steven Spielberg ha dejado una huella que no ha podido ser superada.No obstante, en Sudáfrica, allá por 2014, el biólogo marino Mel Thurmond confirmó la existencia de un escualo de once metros apodado Submarino.

Este asombroso descubrimiento se produjo en el verano del mismo año en que un barco para turistas de observación de ballenas zarpó desde Ciudad del Cabo transportando a los amantes de los cachalotes en lo que debía ser un tranquilo crucero por una zona donde suelen avistarse, El callejón del tiburón. Y los avistamientos acabaron en catástrofe.

Los supervivientes dicen que el capitán se despistó y metió el barco muy cerca de una isla rocosa que hizo volcar a la embarcación en mitad de aguas cuajadas hasta el colmo de tiburones.Cuando el equipo de rescate estaba monitorizando el fondo con su equipo de sonar, vieron cómo los tiburones se marchaban a toda prisa y desaparecían.Y sin que se sepa cómo ni cuándo exactamente, emerge de las profundidades un colosal tiburón de 11 metros en busca de uno de los náufragos y empieza a juguetear con él y a alejarlo de la zona donde estaba el equipo de rescate para minutos después devorarlo y desaparecer.

Seis meses más tarde se descubre que aquel desgraciado náufrago, que se había agarrado a un salvavidas tragado por el mar, era en realidad una institutriz de la Ciudad del Cabo llamada Ema Luve.

Tiempos después, el gobierno sudafricano, viendo la que se le podía venir encima, decide desmentir lo sucedido en las profundidades.Y la operación pronto toma el clásico aspecto de una cacería de brujas de la que es víctima la expedición oceanográfica de Mel Thurmond.

Haciéndose eco de la historia real o al menos así se presenta, Jon Turteltaub , que por aquel entonces estaba negociando con Warner Brothers un proyecto respectivo a Steve Alten, quien en 1997 había escrito una novela titulada Meg: A Novel of Deep Terror, la cual hoy se puede adquirir por tan solo veinte y pocos euros, resuelve asociarse con el productor Dean Georgaris y los hermanos Hoeber para relatar la historia de una tripulación atrapada en el interior de un submarino que yace hundido en lo más profundo del mar tras haber sido atacado por una criatura que se creía extinta.

Jason Statham interpreta a un experto en rescates que es movilizado para salvar a la tripulación y al océano de esta amenaza conocida con el terrorífico nombre de Carcharodon Megalodon.

Pero no solo de terror viven los tiburones. Desde que Steven Spielberg se desinteresó de este animalito, pocas películas basadas en el pánico de lo desconocido han conseguido agradar o, mejor dicho, aterrorizar al público.

Hace algún tiempo, lejos de los focos, en el este de la Habana, una de cuyas playas, Cojimar, sirvió de inspiración a Ernest Hemingway para escribir El Viejo y el Mar, unos pescadores consiguieron capturar un temido tiburón blanco de más de seis metros que la prensa francesa bautizó “el monstruo de Cojimar”.