Carnavales y Constitución: juntos, pero no revueltos

Marta Gómez | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Esa frase tan socorrida de los cubanos de “estar juntos, pero no revueltos” se me antoja de perillas por estos días finales del verano, cuando coinciden en tiempo y casi en espacios las consultas populares sobre el Anteproyecto de la nueva Carta Magna  y el rosario de fiestas carnavalescas que también se suceden como un río de alegría en todo el país. Eso sí, cada cosa en su lugar. Aunque los Constituyentes de estos días son los mismos criollos  de  a pie bailadores, muchos de los cuales  amanecen con los pies rotos junto a las tarimas de música, o desfilan largas cuadras hipnotizados tras los tambores de una conga o se divierten con la familia en muchos lugares de recreo o competencias deportivas.

Los dos últimos fines de semana la capital cubana está en Carnaval, con mayúscula,  unos festejos que las autoridades de la ciudad han tratado de revitalizar en los últimos años, pues ciertamente habían perdido algo del colorido y la antigua fastuosidad que mandaba la tradición.  No serán los de Río o Santiago de Cuba, pero ya tienen su relumbre y seducción. Gustan mucho a los turistas y los disfrutan los nacionales.

Diferentes a los de Santiago de Cuba –los más famosos y emblemáticos del país- que preconizan el disfrute y la catarsis en seguidilla de la alegría, desde un punto de vista más personal, los de La Habana han tenido el sello del espectáculo brillante y colorido que debe ser visualizado, aunque también ofrece bailables y otras variadas ofertas.

Sin embargo junto al jolgorio diseminado por todo el país, pues no hay pueblo o localidad que se respete sin fiestas o carnavales, se ha estado cumpliendo a pie juntillas el programa de análisis y debate popular de la futura Constitución, que entraña casi una reforma total del documento vigente en la actualidad, que data de 1976. Y la cosa se ha tomado muy en serio.

Las personas de todos los sectores y orígenes han sacado tiempo para estudiar el documento, puesto a la venta por cientos de miles a un precio módico y disponible en formato digital. A diario los noticiero televisivos, la radio y en las redes sociales palpitan opiniones variadas y contrapuestas sobre las innovaciones que se proponen para la progresista Ley de leyes cubana.

En las citas populares todos los criterios se han recogido, o tomado en cuenta, según el habla del cubano. Se prevé que el proceso finalice a mediados de noviembre, fecha en la cual todo el mundo habrá tenido oportunidad de no quedarse con nada por dentro respecto al tema que considere conveniente.

Se sabe que uno de los asuntos más abordados con las opiniones más candentes, pero con mucha enjundia y respeto, es el que cuya interpretación puede posibilitar el matrimonio entre personas del mismo sexo. Como en otros sitios del mundo, y Cuba es una parte del mundo,  hay personas en la Isla que no están preparados para aceptar ese hecho. No es novedad.

Pero todos están conscientes o por lo menos avisados que finalmente primará el consenso y ojalá  triunfe la solución más justa y humanista que garantice los derechos a quienes  han padecido y padecen violencia y desprecio, cuando no burla o menoscabo en el entornos donde se desarrollan. Aunque en nuestro país esa discriminación no siempre sea ostensible.

Hay otros asuntos novedosos como el reconocimiento de varias formas de propiedad dentro de la sociedad, la modernización y actualización de los asuntos referidos a la mujer, la niñez y la juventud, el uso y propiedad de la tierra y el papel de la inversión extranjera en el desarrollo económico.

“Vacaciones  generales”, como casi siempre sucede, aunque esto no es oficial,  fiestas, discusiones apasionadas  de política y legalidad han coincidido y no de forma festinada en los dos meses más candentes del verano cubano.

Una etapa que también ha estado salpicada por el anuncio de nuevos decretos jurídicos que deben perfeccionar el orden en muchas especialidades de la vida y economía como el transporte público, entre otros. Se han hecho varios sorpresivos operativos policiales que han puesto sobre el tapete actos de corrupción, mediante el desvío de recursos  como materiales de construcción, destinados a apoyar a los afectados por las inundaciones de meses anteriores. También por la venta ilegal de combustible para el transporte público y privado.

Tanto el presidente Miguel Díaz Canel como otras autoridades han reafirmado una lucha sin cuartel contra la corrupción que ha abierto brechas, sin grandes dimensiones todavía, en sectores clave. No se permitirá el avance de ese lastre.

Aparte de los daños a la economía, es una cuestión de principios, ha subrayado el presidente, pues nada tiene que ver con el modelo de sociedad que reafirma la futura Constitución: la socialista.