De las palmeras y el sol a la biotecnología: y no es un espejismo

Marta Gómez | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Las primeras imágenes que reciben de Cuba  los veraneantes o cualquier viajero extranjero  son, casi siempre, las de las maravillosas playas, hoteles confortables, restaurantes, centros nocturnos y el ambiente familiar servicial propiciado por quienes alquilan viviendas privadas con ese fin. Y es muy bueno que los reciba ese lado hermoso y amable de nuestra Isla tropical porque, a fin de cuentas, y como decimos aquí, todo el mundo quiere tirar la casa por la ventana cuando convida a alguien y quiere presumir de su predio.

Algunos viajeros vienen avisados de las carencias y dificultades de la vida de los habitantes de la Isla, del deterioro de calles y algunas edificaciones. Y de muchas cosas más. La curiosidad o el deseo de aventura, de desafiar a lo desconocido los trajo hasta aquí.

También otros  saben  de la gran obra reconstructora del Centro Histórico de la Ciudad de La Habana y del incremento a ojos vistas de hoteles en polos de playas paradisíacas, ciudades e incluso en entornos rurales de la campiña y montañas, donde la naturaleza muestra su extraordinaria biodiversidad, en general en muy buen estado de conservación y crecimiento.

Esos visitantes obvian lo feo que muchas veces se magnifica malévolamente en sus países de origen y vienen a darse un baño con el cariño, la hospitalidad y la seguridad que les ofrece el pueblo y el turismo cubano, además de sus servicios. Saben que las bellezas de la Perla del Caribe son mayores.

Cuando echan a andar por las calles cubanas y van aquí o allá en afán de conocer mejor al llamado cubano de a pie o la Cuba profunda, muchas veces se han hecho la idea de que la baza del turismo es la preconizada por el Gobierno y la que debe sacar a los cubanos de su penoso avance económico.

Cierto que el desarrollo del sector turístico es clave, y en algún momento se le llamó la locomotora de la economía, después de la caída de la Unión Soviética y el campo socialista.

Pero la actualización del modelo de desarrollo contempla que también son pilares económicos, desde ya, el fomento del desarrollo industrial, la seguridad alimentaria, basada en el planes agropecuarios la industria farmacéutica, la biotecnología –ramas en las cuales se han alcanzado logros de nivel mundial-  los proyectos de prospección de petróleo y se avanza en la instalación de redes hidráulicas y fuentes de energía renovables.

La creación de la Zona de desarrollo de Mariel, al oeste de la capital cubana, con un moderno puerto por añadidura, también está concebida para impulsar el diversificado y sólido desarrollo del país, que ya tiene perspectivas hasta el año 2030. Hasta junio del actual año se confirmó la existencia de 36 negocios con entidades extranjeras, con proyectos promisorios y beneficiosos para las partes firmantes, en el primer sector en funcionamiento del emporio de Mariel.

Dicho sea de paso, no es un secreto que la captación de capital extranjero es muy necesaria para el avance de la economía del país, bajo la modalidad de varias formas que contempla la actualizada legislación cubana, puesta en marcha al respecto. Los propios dirigentes cubanos han estado hablando en los últimos tiempos de un cambio de mentalidad  como  algo indispensable para lograr el futuro de prosperidad y bienestar general que nos debemos.

Ese cambio de mentalidad, han aclarado,  no entraña concesiones de principios en torno a la soberanía y la independencia del país, sobre nuestros   recursos y bienes patrimoniales, en un aviso a los enemigos de siempre.

Es verdad que en cualquier país de gran desarrollo varios sectores de la economía muestren al unísono una gran pujanza y eso sea normal. Pero no en el nuestro, pues aquí el despegue y buena marcha de cualquier proyecto afronta las limitaciones y obstáculos del bloqueo, más sus propias ineficiencias, aunque esas verdades se tergiversen y manipulen por los promotores del neoliberalismo.

Que bendición tener  bellas palmeras, sol y playa, bosques y flora y fauna edénicos a raudales, pero que no se apueste por su sobrexplotación para enriquecer a la sociedad cubana. Eso esperamos con sensatez. La protección a la naturaleza y los avisos del cambio climático no pueden dejar de tenerse en cuenta. Y el proyecto de desarrollo económico y social cubano también tiene que ser sano y sustentable. Ese es el punto sobre la i que no puede faltar.