Cuba: ¿Cumplió Raúl Castro?

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana

Tengo la impresión de que Raúl Castro ha logrado buena parte de lo que se propuso desde antes de que su hermano Fidel se apartara de la vida pública por razones de salud en 2006, y que el proyecto de nueva Constitución y su defensa vendría a ser la guinda del pastel, como solía decir el fallecido embajador mexicano en La Habana, Gabriel Jiménez Remus.

Anticipándose quizá a lo que ocurrió aquel 26 de julio de hace 12 años, el menor de los hermanos Castro venía pronunciándose en las alturas del poder por cambios profundos en la estructura política y económica del país. Al mando de la nación después comenzó a concretar esa visión -sin que todavía hoy implique una mejoría tangible en el nivel de vida de la gente-, y en varios momentos de sus muy contadas intervenciones públicas, se le escuchó culpar a “los nostálgicos” de la pasada alianza con la Unión Soviética por la lenta marcha de la llamada “actualización del modelo” isleño de sociedad, como se denominan oficialmente a los cambios en curso.

Como le ocurrió a muchos, también pude suponer cuáles eran –y son- los reductos de los nostálgicos, pero hasta la discusión pública en el parlamento unicameral del nuevo proyecto de Constitución el pasado fin de semana , me costó trabajo consolidar una visión acerca de quiénes y dónde radica ese entender más apegado a la realidad que, sin renunciar al rumbo emprendido hace casi 60 años, tendrá las puertas abiertas para actuar en el futuro inmediato de la Nación con el respaldo de la Carta Magna todavía en discusión. En otras palabras, se argumentó así: Que el socialismo cubano trascienda, como la Iglesia católica a sus papas.

No es porque una Constitución –la revolucionaria de los años 40 del siglo pasado quedó en vitrina- de por sí, sea la solución de los múltiples problemas que enfrenta el país. Es por el hecho de que contar con una Ley de Leyes que santigua conceptos hasta ahora satanizados, como el mercado, la empresa privada, el enriquecimiento personal, el derecho a la prosperidad individual     -no a la repartición equitativa de pobreza-, el consumo o el reforzamiento de los derechos ciudadanos, junto con la planificación, la mayoritaria empresa estatal y el sistema de partido único parecen ser, a estas alturas del partido infinito que juega la humanidad, la única forma práctica de consolidar una alternativa viable al señorío del gran capital privado y el consumismo.

E iniciar los cambios en esa dirección y ampararlos con una Constitución de futuro, en Cuba, solo podían hacerlo dos personas, Fidel o Raúl, debido al liderazgo que le reconocen los isleños, en mayoría. De haber sido otro el momento que nos toca –por no haber comenzado la “actualización”-, con más de un millón de empleados públicos ganando un sueldo y la vista fija en los celajes , con casi todas las empresas estatales improductivas y descapitalizadas, con la indiferencia social y la emigración de profesionales disparadas, sin acceso a préstamos por no amortizar la deuda externa durante décadas, y con el bloqueo de Estados Unidos andando, a mi modo de ver, el futuro de la nación habría sido negro y con pespuntes más que endebles.

Homero Acosta, un cincuentón que ocupa la secretaría del Consejo de Estado y forma parte de la comisión redactora del proyecto de reforma total a la Constitución –la preside Raúl-, encabezó la defensa de los preceptos nuevos y ante una andanada de sugerencias, críticas, resquemores encubiertos o explícitos, propuestas de enmiendas, la defensa de él y demás integrantes de la misma comisión hicieron el milagro de que la esencia del proyecto quedara intacta, incluida la eliminación del paradigma comunista que aún mantiene la Ley de 1976.

Hay que esperar por las opiniones de la gente en sus barrios entre el 13 de agosto y el 15 de noviembre. Habrá que ver si el debate está a la altura de este instante o si prevalece el formalismo, como suele suceder. Después, volverá el proyecto al parlamento –parecería que algunos diputados esperan tener respaldo popular a sus propuestas, rebatidas en las sesiones de sábado y domingo pasados-, y por último decidirá el referendo previsto, pero todavía sin fecha de realización conocida. Se ha puesto interesante la cosa, ¿no?.