Discusiones y novedades: La futura Constitución de Cuba

Manolo Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Fueron muchas las novedades este fin de semana, cuando la Asamblea Nacional (parlamento unicameral) sesionó sábado y domingo abierta al escrutinio de la gente por obra de la televisión, que transmitió en vivo todo lo que ocurría. Desde la argumentación de rechazo de uno de los diputados a la propuesta de eliminar el paradigma “comunista” de la próxima Constitución, hasta la defensa del derecho individual “al enriquecimiento lícito” mediante pequeñas y medianas empresas privadas, en un país que eliminó ese quehacer en los años 60 del siglo pasado y se propone mantener a las entidades estatales como “sujeto principal de la economía” en el “socialismo de derecho” al que aspira.

Se discutía en La Habana un proyecto de reforma total a la Carta Magna de 1976, cuando Cuba estaba todavía bajo la influencia de la Unión Soviética en plena Guerra Fría, que refleje los cambios registrados en la isla desde entonces y trascienda a “la desaparición física de los líderes de la revolución” en el decir de Homero Acosta, secretario del Consejo de Estado y miembro de la comisión que elaboró el proyecto, encabezada por Raúl Castro, quien desde su banca parlamentaria solo intervino en una ocasión para pedir que se agilizara el debate en aquel acto legislativo al que pocos aquí quedaron ajenos.

El delegado que defendió el paradigma viejo y aún vigente lo hizo con argumentos filosóficos, en tanto otros se pronunciaron a favor de conceptos de la economía marxista, recelando de las mini empresas privadas, que ya va ocupando espacios poco a poco, pero que por primera vez tendrán reconocimiento en la Ley de Leyes. Sin embargo ninguno de esos enfoques implicó la desaparición del término, defendido con la lógica de que estos  tiempos son otros y el comunismo dejó de ser meta.

Las discusiones más ricas se dieron en torno a otras novedades: reconocer por primera vez desde 1959 el libre mercado en una economía que seguirá siendo planificada, lo que es casi “admitir el diablo en casa”, en el  decir de algunos; aceptar que el enriquecimiento individual es legítimo; regular “la concentración de la propiedad” para evitar que los privados se conviertan con el tiempo en factor político y atenuar así los desniveles sociales existentes; subrayar como vital la inversión extranjera; y asegurar que la Constitución posibilite que en el futuro, capital privado cubano pueda asociarse con el estado o empresas foráneas, en función de “los interese del país”. Las oposiciones a todo esto fueron insinuadas o expresadas abiertamente, y desde sus casas cada quien tomó partido. No obstante, los conceptos nuevos prevalecieron e irán en el cuerpo de proyecto, a discusión por los barrios entre el 13 de agosto y el 15 de noviembre, volverá después a la Asamblea y por último será sometido a referendo.

Otro de los momentos de discusión lo motivó la propuesta de concebir el matrimonio como la unión consensuada “entre dos personas” (sin definir sexo), abriendo las puertas al matrimonio igualitario. La iniciativa fue calificada por casi todos los parlamentarios de “novedosa y valiente”, pero al mismo tiempo propusieron –como ocurrió en el debate sobre las empresas privadas- continuar discutiendo el asunto cuando conozcan la opinión de los cubanos, entre los cuales hay amor y odio hacia los privados (han multiplicado sus ingresos mientras los predominantes trabajadores del estado no), y la homofobia tiene entre ellos una raíz profunda, motivo incluso del confinamiento de homosexuales en los años 60 del siglo pasado.

Son muchas las novedades del proyecto, que mantiene invariable el sistema de partido único, empero, escojo la propuesta de repartir formalmente el futuro liderazgo de la nación con la creación de las figuras de Presidente de la República; Presidente del Consejo de Estado y de la Asamblea Nacional; y Primer Ministro, responsabilidades que hasta ahora, en la práctica,  mantuvieron en sus manos, primero Fidel Castro, hasta abril pasado su hermano Raúl y desde entonces Miguel Díaz-Canel. En esa especie de troika cubana , el peso principal lo tendrá el Presidente de la República quien será elegido mediante el sistema electoral vigente. Y se fija además en un mínimo de 35 años y un máximo 60 la edad requerida para ocupar el cargo en un primer mandato de cinco años, prorrogable a otros cinco. También establece que cumplido el segundo mandato no se permitirá otra nominación.

Sin dudas, hay novedades –quedaron otras en el tintero- y a partir de ahora habrá que esperar que el proyecto se imprima y llegue a todos para ir a la discusión barrial, la mía está prevista para antes de que termine agosto, entonces volveré al tema.