Cuando la bandera no flamea

Marta Gómez | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La publicación en las redes sociales de una fotografía con la imagen sonriente pero nada sexy de la cantante italiana Laura Pausini, vestida con una versión de la bandera cubana, suscitó miles de comentarios y opiniones apasionadas dentro y fuera del país. Se avivó y se atizó, creo que bastante morbo, un tema del cual se venía hablando en medios de prensa, redes, plazas, parques y hasta esquinas en los últimos tiempos, incluso unos añitos antes de la llegada de la Pausini. Laura Pausini, quien tiene muchos seguidores en la Isla, encantó  con una sorpresiva apariencia modesta, sencilla y natural, alejada de los mitos del divismo, y por el cariño presente en las palabras que nos dirigió. Casi parecía una aparición angelical que la mala intención de algunos, a mi juicio, quiso satanizar. Bueno, esas comezones del verano, que nunca faltan y al final dan un punto de sal a la vida.

Ella quiso agradar  los cubanos, no tuvo ninguna mala fe, pienso, cuando  vistió con nuestra enseña. Solo que nadie le dijo que en nuestro país, la mayoría de las personas considera un irrespeto vestirse con esta y, además, que hay una ley que estipula el uso de los símbolos nacionales, cuya interpretación no admite convertirla en un vestido, ni en otra cosa.

Ya se los decía, en los últimos tiempos han ido apareciendo con mayor frecuencia personas vestidas con osadas  facturas de la bandera. También el Himno Nacional o de Bayamo, otro de los símbolos, , junto con el Escudo de la Palma Real han sido usados de forma irreverente para el consenso de la sociedad e incluso han aparecido en diseños gráficos, objetos comerciales y artículos de grotesca apariencia y mal gusto.

La ley 42 aprobada en 1983 por el Parlamento Cubano, tiene un articulado preciso en torno a esos tres símbolos, muy ligados a la historia del país, a su vocación independentista y soberana, y a la vida y muerte de aquellos que en Cuba forman parte del panteón de los héroes.

Y en un país que gusta de la controversia y el debate a nivel de la calle mucho más de lo que reflejan medios de prensa de otros lugares, ese tema que pueda ser menos importante en otra nación, aquí suena y ha estado sonando bastante.  Mucha rumba, mucho son, mucha siguaraya y todo, solemos decir, pero con ciertas cosas, ”no te metas”.

Pero también los tiempos cambian. Y no hay que señalar solo a los jóvenes, al sector artístico o a los comercializadores o fabricantes del pastiche de la llamada “cultura para el turismo”. Tampoco hay mala fe a todo el que ha hecho una transgresión de la ley tan poco conocida. A la verdad, muchos se sorprendieron al saber que exitía, con un Decreto acompañante, por cierto.

No son pocos los que defienden su derecho a portar los símbolos de manera personal, como una parte de su identidad. Con respeto y sin extravagancias, les recalcan los contrarios a esas ideas innovadoras, que deben ser escuchadas.

De modo que el ofrecimiento de las autoridades de flexibilizar y actualizar la Ley de los símbolos nacionales es lo más sensato. Qué bueno, hay una comisión de estudiosos en ese empeño, aunque ha demorado algo en finiquitar sus sesiones.

 No complacerá a todos lo que quede establecido,  pero se espera que siga respondiendo a un gran consenso. Y debe empezarse por difundir esa actualizada Ley todo lo debido y hacerla respetar, no sabemos porque medios y vías. Esta cronista, sinceramente no se los imagina.

En las escuelas y la familia mucho puede hacerse para respaldar el marco legal que quede vigente. En esto coincido con la opinión de muchos.

En lo personal, soy de las que considera ofensivo ver la Bandera de la estrella solitaria en cuerpo alguno, ya sea en el magro y estilizado de alguien como Laura Pausini o en el de una compatriota de anatomía desbordada, enfundada en una versión de costuras a punto de reventar. Me parece realmente un oprobio. Y no me importa que a alguien le suene anticuado. Hemos visto aquí algunos de esos desafueros…