El mundial de los perdedores

Marcelo Aparicio | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Si se aplica la lógica, el mundial que vive su última fase estos días, se lo llevará Brasil. Pero dependiendo de la lógica, algo que desde el principio le falto a esta cita mundial en Rusia. Antes de comenzar, ya la eliminación de Italia causó el primer disgusto. Un mundial sin los italianos, sin su hinchada, sin sus periodistas, no puede ser ni en serio ni mundial, se quejaron algunos. Pero, como ellos mismos dicen, “la vendetta (venganza) es un plato que se come frío”. Su hinchada les puede estar agradecidos de haberse economizado el gasto que debieron desembolsar sus colegas de otros países candidatos. Hasta ahora todo va siendo como los pronósticos de los expertos económicos ante las crisis: cero patatero en aciertos. La selección más favorita y defensora del título, la sempterna imbatible Alemania se vio sacudida, vapuleada y echada del cuadro mundialista por una entusiasta mexicana que, finalmente, cayó con honor y buen juego ante la ahora superfavorita, la canarinha de Neymar, Firminho, Paulinho, Coutinho, Williams y otras estrellas fulgurantes del futbol mundial.

El inglés Gary Lineker, ex delantero del Barcelona y ahora comentarista de postín en la BBC, decía que “el fútbol es un deporte que lo practican once jugadores y que siempre gana Alemania”. Esta vez, cosas de los ciclos, no fue así.  Como tampoco lo fue con otra favorita, Argentina. Una selección colgada de un hilito del que se considera el mejor jugador del mundo, Leo Messi, hilito que o se cortó o no estuvo bien atado. Un fútbol  mediocre, sin ganas, con jugadores con fecha de caducidad vencida, con un entrenador que terminó haciendo lo que querían los jugadores… una desgracia para un pueblo que lo está pasando muy mal por las medidas de un gobierno que ansiaba un triunfo de la albiceleste para esconder tanta ignominia, la inflación, la represión, la pobreza creciente y cuya divisa cayó al cotizarse a 30 pesos el dólar, tras el pitido final del partido en el que Francia la derrotó 4 a 3.

Con la eliminación de Argentina y Portugal, los dos mejores jugadores del mundo, Messi y Cristiano Ronaldo, seguirían viendo el mundial por televisión, compartiendo las patatas fritas que no las cervezas con sus hijos… El gran fiasco de este mundial que esperaba un choque casi definitivo entre la albiceleste y los portugueses para dictaminar cual de los dos hipermillonarios se llevaba el título de ser el mejor.

Es que ¿a quien se le ocurre ir a jugar un mundial a Rusia? Preguntaba irónico un hincha italiano, embelezado ahora con lo que fue una pesadilla la propia eliminación.

España. Otro jaleo. Dos días antes de el patadón inicial del torneo, el flamante presidente de la federación española de fútbol, destituye al entrenador que llevaba dos años preparando este mundial, por un tema de “cuernos”, según definición de algún periodista local. Se enteró dos días antes del mundial que el coach, el vasco Julen Lopetegui había firmado un contrato con el Real Madrid para cuando finalizara el mundial hacerse cargo de ese equipo de luminarias. Dos días antes… después de dos años…

Dos años masajeando los oídos de los españoles sugiriendo que iban a explotar a lo que queda de la mejor generación de futbolistas que tuvo este país. El cuadro se presentaba favorable, pero pequeños y quizás infravalorados países como Marruecos, Portugal e Irán eran fáciles de superar para llegar a la fase final y titularse campeones. Una masturbación de dos años de duración. Con dificultad pasaron a cuartos y allí los esperaba el equipo anfitrión, que por mucha hincada que presentara y gritara, era un trámite fácil de superar.

Ergo, otra favorita, expulsada y otra alegría para los italianos. De los eliminados, los españoles fueron los más llorones. Para que alguno ironice con eso de “los millonarios también lloran”.

Autor entrada: onmagazzine