La cosa cubana

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr

La Habana

“¿Cómo va la cosa?, me preguntó un amigo desde la distancia hace algunos días y mi respuesta fue escueta: “Nublado, lamentablemente”. No sé si a los que nos son de aquí les dirá algo este intercambio, pero la cosa, en el léxico de los cubanos, es compañera inseparable y de acuerdo al contexto en que se emplee, en menos de medio segundo, es bien interpretada por cualquiera. Suele ser tan omnipresente que hasta el extinto y afamado humorista Carlos Ruiz de la Tejera le dedicó un monólogo exitoso. El intercambio breve con mi amigo podría traducirse así: ¿Cómo ves el presente político, económico y social de la isla a partir de contar con un nuevo presidente?. Con pocas palabras – ¿Cómo va la cosa?- él resumió muchas. Claro que responder con el gris de los tiempos turbios deja otras cosas fuera, por eso aprovecho esta jornada de calma en el mundial de fútbol y agrego un par de razonamientos que podrían redondear el nublado-lamentable.

Y es que los cambios de forma, de estilo de gobernar, siguen marcando diferencias con una época reciente y encartonada.  No solo hemos vuelto a escuchar casi a diario al nuevo gobernante, quien tiene el estilo de compartir las reuniones encumbradas con su presencia lo mismo en las provincias más distantes del oriente, que en el santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre o en el reciente concierto a cielo abierto y mojado de la italiana Laura Pausini. No es solo eso, – obviamente busca crear su base de apoyo nacional-, es que después de muchísimo tiempo escuchamos también hablar a los ministros y la prensa, poco a poco, va insertando alguna de las muchas zonas oscuras de este enjambre en sus tradicionales y cuestionadas visiones optimistas. Claro que el triunfalismo es imperturbable, pero al menos, creo yo, hay un intento de aproximar los medios a la cotidianidad, aunque sigan siendo oficiales.

¿Es suficiente el cambio de estilo de gobernar para que la cosa mejore?.  No necesariamente, pero podría ser un inicio aunque lo determinante , como ha sido siempre, es el montón de nublados que acompañan a la economía. Hay diferencia entre los reportes de la prensa escrita sobre las últimas reuniones en las alturas y lo narrado por la televisión. Y preocupa escuchar al vicepresidente Ricardo Cabrisas alertar sin pretender alarmismo que, por razones de liquidez,  el próximo semestre será “muy, muy tenso” y que mejoraría algo si al fin llegan las materias primas contratadas en el exterior –retenidas quizá por falta de pago- después de otra renegociación de la deuda, sobre la cual los mortales no sabemos nada.

Preocupa escuchar a otro miembro del gabinete afirmar que la producción de arroz –alimento básico- está en el piso por los excesos de lluvia de los meses recientes y que no hay dinero concebido en el plan de la economía para importaciones. Y preocupa todavía más que el presidente deba decirle a los negociadores de inversión extranjera que hay que arriesgarse –espabilarse- en las contrataciones, manteniendo solo como premisa la seguridad nacional, como si no fuera suficiente el conflicto de atraer capital extranjero a una plaza de alto riesgo a causa del bloqueo estadounidense, cuando el país necesita, y no logra, un mínimo de dos mil 500 millones de inversión extranjera sostenida al año, para ir sacando la economía del hueco profundo en que se encuentra.

Solo son un par de razonamientos, porque para mí la cosa sigue complicada aunque cambie el estilo de gobierno.

 

Autor entrada: onmagazzine