Cuba, fútbol y transición

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr

La Habana

En tierra de béisbol, mi familia continuó la tradición del fútbol tras desembarcar en Cuba a comienzos del siglo pasado. Entonces, me cuentan, solo era práctica de “gallegos, descendientes y allegados”, porque el béisbol seguía reinando. Sin embargo, hoy, cuando el mundial atrapa la atención de buena parte del planeta haciendo soñar en colores, el 11 contra 11 también desata aquí pasión, disfrute, polémica, y deja entrever otra de las curiosidades de esa transición en curso hacia un “socialismo próspero y sostenible”, de la que hablan las autoridades, o hacia lo desconocido, en el temor de algunos.

El béisbol es parte de la cultura nacional, como el son y la rumba, los poemas sonoros de Guillén o los frijoles negros. De él saben viejos y niños, sobre él se ha hablado siempre en las esquinas. No obstante, desde hace quizá más de una década el deporte de los gallegos ha ido desplazando al de las bolas y los strikes, sin poder borrarlo de los genes de la nación, pero convirtiéndose en una especie de moda envolvente que muchos quieren experimentar, a lo mejor atraídos por su belleza, o por el marketing que lo rodea y entra en la isla a través de la tv e internet, o por la crisis larga que padece el deporte nacional, o por todo eso junto.

Es curioso que en tierra de pelota –como le decimos al deporte nacional- se discuta de fútbol, y es significativo que desde hace tiempo por los barrios tampoco se escuche discutir de política, una de esas tradiciones que parece olvidada o postergada, al menos en La Habana. Se escuchan, sí, críticas a los servicios públicos, al desabastecimiento de productos, a la carestía de la vida. Los medios oficiales están repletos, sí, de victoriosas notas políticas, en alusión a cualquier tema, aunque sea de carácter netamente científico. Pero en los barrios, donde palpita la cotidianidad de cualquier país, se discute de fútbol, como si la gente deseara vivir al menos un mes entre luces de colores.

Y todo ello ocurre cuando al parecer cancanea la “actualización del modelo” de sociedad vigente –como han sido bautizados los cambios iniciados hace tantos años como el despuntar del fútbol-, cuando está a las puertas otra reforma a la Constitución de la República, cuando en la silla de la presidencia hay una nueva figura, Miguel Díaz-Canel, quien abrió su gobierno a los líderes de la Federación Estudiantil Universitaria, al asistir a una reunión de preparativos de su próximo congreso. “Vendremos muchas veces para conocer sus criterios. De ese mismo modo, cada vez que ustedes tengan una inquietud o deseen tener un encuentro para debatir cualquier tema, estamos en entera disposición”, les dijo.

Se habla de fútbol, como en cualquier otro lugar del planeta, mientras Washington mantiene inamovible el regreso a la confrontación con La Habana, y todos los isleños saben o intuyen que el país no cuenta con solvencia económica y arrastra todavía las amargas secuelas de una extensa sequía, de un huracán con nombre de mujer que después golpeó al 70 por ciento del territorio nacional y una extensa etapa de más de 20 días de lluvias ininterrumpidas, agravadas por los efectos colaterales de la tormenta Alberto, cuando aún no había no comenzado la malévola temporada ciclónica en la que nos encontramos ya.

Siguen el mundial de fútbol y la sui generis transición cubana, pero en las calles y por las esquinas de la isla solo se habla del deporte de las multitudes, a lo mejor como debe ser, no sé.

Autor entrada: onmagazzine