Parece, solo parece, que hay cambios en Cuba

Manuel Juan Somoza

La Habana

Percibo cambios. En las formas, en el lenguaje, en la dinámica de quien manda, por primera vez sin haber dormido nunca, de verde olivo, en hamacas guerrilleras. No sé si, a corto plazo, llegarán a abrir nuevos caminos, a suavizar la cotidianidad dura, a sumar en un mar de indiferencias y cansancio. Desde abajo, es imposible calibrar su alcance. Las notas oficiales, las que reproducen los medios nacionales, están diseñadas para que prevalezca el desconocimiento y quizá incluso para inducir a una conclusión fallida. Pero aun así, percibo cambios. El gobierno ha tomado el mando tras la catástrofe de los recientes aguaceros mediante “tres grupos de trabajo” a los que parece se subordinan los generales jefes de la “zonas estratégicas”, que hasta ahora eran las figuras decisivas en la recuperación, tras los últimos desastres (mortífera sequía pronunciada; huracán Irma golpeando al 70% del territorio nacional; lluvias y aguaceros por más de 20 días). El primer vicepresidente, Salvador Valdés Mesa, y el vicepresidente, Ramiro Valdés, encabezan dos.

La Defensa Civil informó al gobierno su balance inicial de pérdidas por los desastres de la tormenta Alberto y fue el gobierno el que coordinó y trazó la política a seguir, y entonces, al menos, escuchamos a los ministros asumir las responsabilidades que le tocan. Han vuelto los integrantes del gabinete a tener rosto y voz pública.

A los españoles puede que le digan poco o nada estas cosas, que nada le dicen por cierto al cubano de a pie, consagrado en sobrepasar las dificultades que marcan su descreimiento (100 derrumbes en La Habana). Y por supuesto, nada de esto satisface a quienes por cambio aspiran a otro rumbo, olvidando que, pese al descreimiento, los cubanos no quieren la suerte de Puerto Rico, donde Donald Trump lanzó paquetes de papel higiénico como ayuda a un auditorio escogido, mientras el último huracán que azotó a esa isla dejaba cuatro mil muertos, por la indiferencia de su protector –Washington-, del gobierno local y del dominante capital privado.

No se piensa ni se actúa igual a los 50 años, que a los 80; los tiempos ahora son distintos a los de antaño. Y parece, solo parece, que va quedando atrás la fórmula del mando único, del pensamiento único, de la imagen única. Perece que hay un avance hacía la dirección colegiada, aunque le cueste trabajo a los medios nacionales reseñar esta tendencia. Costó entender al ministro del Interior cuando reconoció los cuatro muertos que dejó el exceso de agua, empeñada en ahogar al centro del país, según la versión que trasmitió el noticiero de televisión estatal la noche del martes y que el diario Granma, en su edición del miércoles, simplemente eliminó.

Hay cambios y también algunas ronchas porque por primera vez el presidente va de la mano de su esposa a cuanto acontecimiento protocolar así lo amerita. Es lo menos importante, pero aquí cuenta por ser un acontecimiento inédito en medio siglo. ¿Será “primera dama” ?, como le decíamos antes y le siguen diciendo en muchas partes; “primera combatiente”, como le dicen en Venezuela; o simplemente su compañera de vida, como es para cualquier otro mortal. Habrá que esperar a que quienes deciden se pongan de acuerdo en la calificación oficial, pero hay cambios, y ojalá que sigan hasta llegar a la médula del montón de problemas que abruman a la Nación. Si todo queda en la forma, en el lenguaje, en la imagen, el barco podría entrar en riesgo de hundimiento.

Autor entrada: onmagazzine