Desastre en Cuba

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr

La Habana

Las vivencias nunca alcanzan ante el impacto de 110 muertos en menos de10 segundos; son insuficientes para reportar esas heridas que en un suspiro se abrieron para siempre en familias cubanas, mexicanas, argentinas y saharauis. Sí, ese fue el macabro saldo del deslome el viernes de un avión comercial en las inmediaciones del aeropuerto internacional José Martí de La Habana. Cuba está de Duelo Oficial porque fueron 99 los nacionales perdidos, junto con siete mexicanos –incluidos todos los tripulantes- , dos argentinos y dos saharauis, ocho minutos después de comenzar un vuelo programado de rutina entre la capital cubana y la oriental ciudad del Holguín, a cargo de la compañía mexicana Global Air.

“¡Se cayó un avión en el aeropuerto!”, fue el primer alerta telefónico que tuve de mi hijo mayor, y sin atinar todavía a comprender lo que se avecinaba confirmé y advertí a otro colega de una de las grandes agencias internacionales de noticias asentadas aquí, quien por su parte propuso suspender un brindis de bienvenida que en ese mismo instante, mientras se desatapa la tragedia ignorada, se iba a llevar a cabo en unas oficinas de la Habana Vieja.

Y a partir de ahí todo transcurrió tan rápido, que no hubo tiempo ni para el lamento. Los foto-reporteros y camarógrafos de la agencia francesa fueron los primeros en llegar al lugar del desastre y junto con sus imágenes, hasta un muy leído diario de Miami debió acudir al texto precipitado que envié a la dirección digital del grupo multimedios mexicano MILENIO, a fin de dar su primer parte de la debacle.

Así es este oficio y así actuaron también decenas de colegas cubanos –la mayoría jóvenes-, que dejando a un lado el corrosivo letargo de los medios nacionales tomaron la punta de la cobertura en La Habana y Holguín, entre despojos y llantos, entre gente sencilla que corrió en auxilio de lo que ya no existía, en medio de un silencio conmovedor, solo roto por sus exclamaciones.

Ahora los peritos trabajan en identificar y certificar los muertos, los familiares están en la ciudad; los médicos quieren hacer el milagro de mantener entre nosotros a las únicas tres sobrevivientes –todas cubanas-; expertos nacionales y extranjeros investigan la causa del avionazo; y el presidente Miguel Díaz-Canel, otro de los que llegó en punta al lugar funesto, se estrena con un centenar de muertos.

El aeropuerto se mantiene en operaciones, todos los medios locales están pendientes de las secuelas del desastre, mientras yo le comento a ustedes, y mi compañera de vida, reportera igualmente, se despertó este domingo en otra jornada de informes a la radio y televisión mexicanas, sin tiempo, una vez más, para pensar en almuerzo.