Ausencias que matan

José Dos Santos | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Y pienso en la información y en las consecuencias de su inexistencia cuando de acontecimientos públicos, notorios, relevantes y/o programados se trata. Por supuesto que el titulo es exagerado, aunque cierto en sentido figurado ya que las mejores ideas, acciones o propósitos no prosperan si se mantienen encerrados en el mínimo círculo que los genera; si no se socializan y suman seguidores, con las necesarias excepciones de asuntos como los que tienen que ver con materias sensibles que deben seguir la máxima de “en silencio ha tenido que ser”. Pero acontecimientos programados, debidamente anunciados en su momento, requieren seguimiento informativo por parte de quienes los generan (y los encargados de promoverlos) para no dejar vacíos sin explicación, esos que dan pie a la especulación y a alimentar a los detractores, que se regodean en lo nefasto.

Una explicación oportuna hace que una postergación no se convierta en una cancelación; que un tropiezo –de cualquier índole—no sea interpretado como un obstáculo insalvable.

Desde hace mucho tiempo acuñé una adaptación de la expresión de la Unión de Trabajadores de la Prensa de Buenos Aires (UTPBA), “La peor opinión es el silencio”, para advertir que “la peor información es el silencio”.

Cuba necesita en estos tiempos de múltiples complejidades, de desafíos inéditos y otros reforzados, impedir que la ausencia de una información oportuna mate los esfuerzos por consolidar la confianza en un camino por el que la mayoría optamos.

Por eso es de aplaudir el reflejo en medios de largo alcance como la televisión de las tareas que asume el nuevo presidente cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, valorando la marcha de sectores claves de la vida nacional o del Plan por el quinto centenario de la capital. Esa dinámica informativa tributa a la imagen de vitalidad que siempre ha caracterizado a la Revolución Cubana.

Autor entrada: onmagazzine