Cuba , Baile y Política

Vivian Núñez | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Vestido de traje y corbata, en la inauguración en La Habana de la reunión más importante de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el nuevo presidente cubano bailó.Y la noticia corrió de boca enboca, igual que si se hubiera hallado petróleo en cantidades suficientes como para salir de una vez por todas de las penurias. No debía sorprender que un presidente cubano baile, o al menos se mueva, cuando los niños artistas de La Colmenita irrumpieron en la apertura de la sesión 37 de la CEPAL a ritmo de son y dinamitaron en segundos el protocolo que rige en reuniones de este tipo. No debía sorprender además si se tiene en cuenta que en este país la música y el baile están en el ADN de la nación, y que el choteo y el desparpajo forman parte de la identidad nacional. Como decía un sabio tío mío: “Aquí se puede ser cualquier cosa menos pesado”.

Pero sorprende porque no es habitual, porque rompe con la imagen sobria, más que sobria, sosa, que se ha querido dar aquí de las figuras públicas, salvada solo por el carisma propio de cada quien.

Es como si ahora que es presidente, Miguel Díaz-Canel pudiera parecerse más a él mismo y dejar a un lado el “encartonamiento” que llevó a cuestas cuando era el segundo del gobierno y el Estado.

Sorprende asimismo porque en las estructuras oficiales e incluso más allá se quiso imponer en este cálido e irreverente Caribe los mecanismos rígidos y formales de la desaparecida Unión Soviética, salpicados de un puritanismo anti-natura.

Hasta hace muy poco algún censor creativo eliminaba escenas de desnudos y sexo en películas europeas, en un país donde la sensualidad, con ropa o sin ella, anda por las calles a montones o se contonea en las pasarelas de Tropicana, por poner solo un ejemplo.

Por otros motivos, pero igualmente incomprensibles, aún lacera los oídos el pito agudo con el que se interrumpe en la TV la narración de partidos de futbol, cuando los comentaristas osan decirnos lo que todos sabemos: que los futbolistas se compran y se venden, como casi todo en este mundo.

Por eso cuando Díaz-Canel bailó hoy –tímidamente, sin gran maestría, acompañado por el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres- a solicitud de los niños de La Colmenita, los cubanos se sonrieron, como parafraseando aquello de “se mueve, luego existe”.

Autor entrada: onmagazzine