Estoicismo y cretinismo

 

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Está de moda en algunos lugares de Europa, o por lo menos algunos listos de la letra impresa quieren ponerlo de moda. La nueva actitud que preconizan es estoicismo a toda pastilla contra el espanto bochornoso de la vida de la mayoría de la gente. Dicen estos predicadores paganos bien pagados en diarios dominicales que ya no sirven ni para envolver el pescado, ancestral costumbre que daba utilidad a la prensa escrita, que en lugar de echar mano de las pastillas para calmar los nervios, la ansiedad, las ganas de acabar de una vez para siempre con situaciones con las que casi nadie es capaz de lidiar, hay que recurrir a la vieja doctrina griega del estoicismo (“Concepción ética de esta escuela según la cual el bien no está en los objetos externos, sino en la sabiduría y dominio del alma, que permite liberarse de las pasiones y deseos que perturban la vida”.) Es decir, cuando tenga usted que pagar la luz, los doce créditos que le permiten vivir más o menos cómodamente y el colegio de sus menores, recurra al estoicismo. Déjese de pamplinas y resígnese a su vida mediocre, pero en la paz de todos los señores banqueros del universo.

Hágase el griego, no llore como aquella Magdalena que bebía los vientos por Jesús y acepte todos los chaparrones que el destino hagan caer sobre usted. Habrá dado una lección de estoicismo. Y, sobre todo, no recurra a esas pastillitas contra la ansiedad porque a lo peor le permiten pensar lúcidamente y echa a patadas a ese estoicismo que nos quieren imponer con tan buenísimas y carísimas palabras.

Lo que en realidad se pretende es que la gente entre de lleno en la resignación (“Aceptación con paciencia y conformidad de una adversidad o de cualquier estado o situación perjudicial”). Ale, ya está dicho. Después de eso, conviértase en la marioneta de todo y de todos los que vengan. Y, sobre todo, no envidie más a los futbolistas de élite que, casualmente, tienen a las mujeres más bellas del universo, algunas han sido Miss Universo, Miss Mundo, nunca niñeras por horas. Y cuando se cansan, otra u otras. Tampoco envidie el Ferrari de su prójimo el melenudo futbolista ese que vuelve locos a las multitudes y cuyas cuentas bancarias se engrosan todos los meses de un par o más millones de euros.

Resignación, no, perdón, quería decir estoicismo. Sea estoico y déjese de odiar a su prójimo porque cambia de Ferrari o de Porsche en cuanto se le ha manchado la carrocería. Y no acuda al médico para que le ayude a ver las cosas con lucidez y se atreva incluso, qué horros, a declararse rebelde, aunque sea sin causa. Como un James Dean cualquiera. Es incluso probable que la mayoría de la gente que llora todavía de vez en cuando a aquel actor de Hollywood no recuerde un detalle importantísimo dentro del estoicismo. Se mató al estrellarse con su automóvil, que no era un coche cualquiera sino un Porsche, un sencillo Porsche. Se podía haber matado en un Lotus recién fabricado, pero no llegó a tiempo para cuando él tomó el camino de la muerte.

Pero es seguro que el protagonista de “Rebelde sin causa” o “Gigante”, el amor de tantas mujeres que se bajaban de la virginidad en cuanto que él aparecía al horizonte, podría haber vivido muchos años más si en lugar de conformarse con la doctrina capitalista de más tienes más vales y correr como un loco hubiese sido ya un adepto del estoicismo.

Tuvimos los elegantes looser (perdedores) a los que escritores norteamericanos como Ernest Hemingway y John Dos Passos convirtieron en héroes de papel. Ahora llegan los estoicos.

¿Se dan cuenta de que Hemingway si en lugar de haber sido un consumidor de alcohol para calmar sus angustias, sus miedos, sus todos, hubiese adherido al movimiento del estoicismo hubiese vivido mucho más viejo y nunca se hubiera pegado un tiro en la cabeza con una carabina de cazar elefantes? Claro, sí, seguramente, pero de haber sido un resignado, un conformista, ¿hubiese escrito “El viejo y el mar” y media docena más de obras maestras?

Hermanos, entremos en el estoicismo con fe y resignación. Nuestra vida será probablemente un infierno pero habremos tomado el camino que siguieron tantos inocentes y sacrificados puros.

Por cierto, acabo de acordarme de un estoico realmente puro, nada menos que el padre del estoicismo, el filósofo Séneca. Terminó suicidándose, como un Hemingway cualquiera, cuando se lo ordenó su emperador Nerón.

Qué cosas…