Una voz española en Disney

Sergio Berrocal, Jr | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Primavera de 1994, en pleno Quai de Jemmapes (París) cuando uno era por todavía un colegial en una escuela elitista de niños de papá, en el barrio de la République. En aquellos años la compañía Disney se asentaba en   el número 44 de los campos Elíseos y por entonces los esquemas del imperio de aquella empresa norteamericana de dibujos animados empezaban a tomar forma en suelo galo. Las relaciones entre Estados Unidos y Francia fueron establecidas en 1776 y tras la independencia norteamericana, los franceses se mantuvieron al lado de George Washington, al que enviaron en señal de amistad uno de los guerreros y diplomáticos más eficaces, el Marqués de Lafayette, que no tardaría en convertirse en un héroe popular.

Un lema, idea y conceptos ideológicos que ha conseguido impregnar varias generaciones desde aquel entonces en varios ámbitos sociales.

En la década de los noventa una jovencita francesa de origen hispano-rusa fue seleccionada por la factoría Disney para representar la imagen infantil del mundo que un día Walter Elías soñó tornándose así un icono de la animación infantil a nivel mundial y cuya primera creación fue la de un ratoncito llamado Mickey Mouse. Siguiendo esa idea los directivos de Disney elaboraron el proyecto televisivo “Disney Parade” al mismo tiempo que el Parque de Disneyland Resort París empieza a ver el día en Marnes la Vallée.Su meta: la captación del público infantil dominical, contando para ello con el creativo de origen argelino Jean Luc Azoulay, creador del programa televisivo “Club Dorothée” cuya emisión estuvo en parilla diaria por más de una década bajo el sello de TF1 y AB Production.

Una productora en parte desconocida que adquirió renombre versionando serie venidas del otro lado del charco al mercado francés. Series televisivas como “Les Années Fac”, “Hélène et les Garçon”, Le Miel et les abeilles, “Le Miracle de la l’amour”, “les Filles d’à côte” o “Premiers Baisers” eran novelitas para adolescentes a dos pesos estudiado para promover el consumo de una audiencia en manos de una presentadora francesa llamada Frédérique Hoschedé, pero que se hizo célebre con el nombre más familiar de Dorothée que impuso su forma de hacer desde 1973 hasta 1997 en el mundo audiovisual.

Aquel pacto entre la cadena y AB Production permitió no solamente la creación de series juveniles pero igualmente la exportación de novelas japonesas como “Sankuokai” protagonizada por Hiroyuki Sanada, quien había participado en películas como “El último samurái”, “47 Ronin: La leyenda del Samurái”, “Life” o “Lobezno inmortal” entre otros.

A partir de ahí, los directivos de Disney se propusieron rentabilizar como fuese el proyecto televisivo llamado “Disney Parade” que debía ser conducido por aquella jovencita francesa de origen hispano-rusa seleccionada el día del casting.

Con un contrato de cinco años con Disney, Anne Meson Poliakoff se convirtió en la embajadora francesa de la marca mientras que el imperio de AB Production empezaba a naufragar. Por aquel entonces yo era un simple becario de una agencia internacional que empezaba hacer sus pinitos en el mundo del periodismo cuando conocí a aquella descendiente de españoles en las románticas orillas del Sena.

Entrevisté a Ana porque su éxito iba cada vez más lejos y, con su cara pilla y su media melena estaba haciendo peligrar el imperio del productor argelino.

Después de varios años presentando el programa en un estudio de televisión cuya réplica era el castillo de La bella durmiente, la muchacha, que cantaba como los ángeles, abandonó los focos para instalarse en Menorca y seguir su carrera como intérprete de un modo bohemio y lejos del mundillo de la pantalla chica. Mientras que algunos actores de AB Production intentaban levantar sus carreras sin pena ni gloria otros colaboradores de la misma industria cayeron en el fondo del pozo acabando sus días de fama como sin techos en las calles de los hermanos Lumière.

Por aquellos tiempos supimos que una de las series exportadas de Japón y que tan felices hacían a los niños franceses, “Sankuokai” protagonizada por Hiroyuki Sanada, no solamente había sido la precursora de series como “Galáctica” o “Power Rangers”. En una web latina se insinuó también por entonces que George Lucas se inspiró en “Sankuokai”, durante un viaje a Japón, para crear la celebérrima “Star Wars”, estrenada en 1977. De hecho, afirmaban esos rumores, el cineasta no había usado únicamente el término “Jidaigeki” para identificar a sus famosos y míticos Jedi sino que ajustó con mucha similitud la historia de Ayato, un joven estudiante de aeronáutica que descubre el asesinato de su familia a manos de los Cosmosaurios para crear una saga que ya todo el mundo conocemos bajo el sello de Disney.

Pero esto sería ya harina de otro costal.