La republica dominicana o el sindrome de la distorsion Picassiana

Carlos Francisco | Maqueta Sergio Berrocal Jr

No lo han notado?… ¿Alguna vez les pasó por la cabeza?Somos como el imaginario Picassiano de la construcción visual femenina, que se distorsiona según la historia vivida o imaginada. He reflexionado a lo largo del año bastante, cumpliendo con los preceptos de Tahar Ben Jelloun: la reclusión solitaria, que no es más que comprender que la soledad para la reflexión es buena compañera y tiene un excelente olfato humano, para detectar miserias del mismo género, a evitar… A lo largo de todo este tiempo, sin la solapada intención de genialidad alguna, porque los genios del dolor son torturadores a sueldo del desconsuelo vital, fui descubriendo tramo a tramo, como Pablo Picasso según humor o erección, evocación o rabia, daba forma a un imaginario femenino, íntimo y personal, será en vano darle seguimiento a esa distorsión, que entre pintura y trazo le deja al lienzo un recio olor carnavalesco, ambientado en maquillajes pictóricos según musa de la noche. Las generaciones dominicanas entre los 40 y los 60 años no logran espantar con éxito el traicionero fantasma de la nostalgia absoluta y se quedan entre lágrimas invisibles llorando en un cuarto oscuro, mientras miran todas las secuencias pasadas en las retinas de su corazón, con escalofrío sin par y pasión de añoranza por un país que ya no existe, que se fue o lo fueron.

¿ Hemos construido en el tiempo el mejor imaginario salvavidas para aferrarnos a él ? Justo en ese punto, en el mismo cuarto oscuro de la verdad, se descubre nuestra vocación de la distorsión Picassiana. Porque no alcanzamos a ver un rostro definido de lo que hubiéramos querido.

Porque el tiempo, látigo preciso que hace despertar del gran engaño de la nostalgia enfermiza y traicionera, ha pasado tan rápido, que buscamos el mejor recuento y en las distorsiones Picassianas, nuevo síndrome para entender una dominicanidad manoteada, instrumentalizada, no encontramos en el spectrum árido del presente, el recodo que el cuarto oscuro aquel no nos da.

Hay un miedo atroz, al prender la luz en aquel cuarto oscuro de la historia. En una de sus paredes está colgada, con bofetada decente, la traición de nuestra generación, aquella de las grandes utopías rimbombantes, abonadas de sangre útil y otrora joven. (Si tenían razones o lógica posible, discutir eso hora huelga, es peregrino )… El tema es que también en el tiempo del poder y la historia, algunos de esos héroes fueron instrumentados.

Desde entonces, en esa vocación de la distorsión Picassiana del ” Nosotros “, descubrimos el país real y los efectos del tiempo, el costumbrismo político y no es casual que la sombra constante del famoso Generalísimo, en esa distorsión, resulte familiar y acomodado, en un presente que nunca debió prestarle paredes de presencia.Cada cierto tiempo, hay que salir del cuarto oscuro del país que se fue y cuando el rostro asoma, un borbotón de sangre inocente nos salpica el alma con penetrante olor a plasma y negación de vida, ahí descubrimos otra cara de la distorsión Picassiana, esa sinfonía amarga de país no posible, dibujado en cada rostro y sus hechos impredecibles.

Tatuado en la incertidumbre de futuro no confesado, por esas confusiones sociales entre poder, caciquismo y sumisión de clase, que borra el sentido común de lo humano.¿No lo habían notado? ¿Lo habían pensado alguna vez?Vivir cada día esa distorsión Picassiana como síndrome, nos impone mayor humanidad, para no sobrevivir…