Michoacán, pueblo purepecha, pueblo guerrero

Maria del Pozo | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Regresé de filmar un cortometraje en el estado de Michoacán. Tiene ocho pueblos catalogados como mágicos por su riqueza tangible e intangible, ellos son: Pátzcuaro, Cuitzeo, Tlalpujahua, Santa Clara del Cobre, Angangueo, Jiquilpan, Tacámbaro y Tzintzuntzan. Todos estos pueblos son de una belleza impresionante, no sólo por la su naturaleza en donde se encuentran, sino también por la arquitectura, las artesanías y sobre todo por los usos y costumbres de sus pobladores cuya idioma es el Purepecha ( y es idioma porque se escribe y se lee) Además el estado cuenta con siete maravillosos lagos: el de PÁTZCUARO, el de CUITZEO, el de ZIRAHUÉN, el de CAMÉCUARO, el de LOS AZUFRES y el lago de CHAPALA que colinda con Jalisco y es el más grande de México.

Realmente es un estado que vale la pena de visitar. Pero más allá del atractivo turístico Michoacán es un estado cuyos pueblos nos están dando ejemplo de vida cívica y comunitaria. Es en Michoacán en donde los pobladores, azotados por el narcotráfico se organizan para crear las auto-defensas (dado que las policías municipales están, por lo general, aliados con los maleantes).

Se arman con lo que pueden, pistolas, rifles, palos, piedras y botellas con gasolina, para enfrentes a los grupos criminales. Obviamente estos grupos de auto-defensa también se enfrentan a la oposición del gobierno que, evidentemente, no le gusta la idea que los pueblos estén armándose. Los líderes de dichos grupos han sido encarcelados pero dadas las protestas de los pobladores y de la ciudadanía en general han tenido que liberarlos y han pactado con las autoridades para tener una mejor organización de dichas auto-defensas.

La maravilloso de estas comunidades indígenas purepechas (pueblos que ni los aztecas lograron conquistar) es que se están organizando de tal manera que son ejemplo a seguir, quiero narrar el caso de dos de ellos: CHERÁN.- rodeado de más de ochocientas hectáreas de bosque empezó a ser despojado de su entorno por la tala ilegal. Las autoridades, coludidos con los taladores, no hacían nada, por lo que la comunidad decide correr de la presidencia municipal y demás cargos a todos los partidos políticos y crear su propio consejo comunal en donde los pobladores eligen a los consejeros que, con un sistema de usos y costumbres, son designados. Las mujeres de Cherán, hartas de ver la deforestación de sus bosques, deciden protegerlos y cierran las entradas y salidas de la comunidad a los camiones que se llevaban la madera. Se organizan por las noches y madrugadas alrededor de fogatas en los distintos puntos del pueblo por donde tienen que pasar los camiones con la carga de madera.

Se paran frente a ellos, armadas con palos y piedras, para impedirles pasar. Los hombres las apoyan y hace más de seis años que Cherán logró, con este nuevo sistema político comunal, reforestar 10 millones de árboles, han evitado los secuestros, los robos y que el narco entre al pueblo evitando así las extorsiones, las muertes y el miedo. Hoy Cherán es un pueblo cuyo progreso y autosuficiencia depende únicamente de ellos mismos, que se encuentran orgullosos y felices de su logro. Hay toda una organización para que los niños sean conscientes de la situación y estén preparados para seguir esta lucha por su entorno y su comunidad.

Hay varios documentales hechos por ellos y por otros en youtube. Les recomiendo: Cherán, tierra para soñar. Otra comunidad increíble es un pequeño poblado llamado TACURO, ahí los pobladores para pedir milagros les ponen a los Santos, pegados con alfileres billetes de 20, 50, 100 pesos en la ropa para que le conceda el milagro. Como es tradición, pues los santos se van poniendo gordos con los billetes.

Pues resulta que al cura de la iglesia se le ocurre quitarle el dinero a los santos y guardárselo en el bolsillo. Los pobladores enfurecidos por el robo, no sólo del dinero, sino de la posibilidad de que el santo les conceda el milagro a su petición, deciden cerrar la iglesia y correr al sacerdote, que a poco estuvo de ser linchado. El obispo de Morelia tuvo que ir a Tacuro para pedirle a la gente que recapacitara y dejaran que se abriera de nuevo la iglesia. Seis meses duraron las negociaciones para que el pueblo accediera a reabrirla, y evidentemente con otro sacerdote al frente. Conocer estos pueblos me da la esperanza que si se puede hacer cambios de fondo cuando el pueblo está unido. Si tienen la posibilidad, visiten Michoacán.

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