El doloroso parto de “My Way”

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr

El mayor éxito jamás conocido en la música ligera, “My Way”, se gestó en un interminable y doloroso parto en París, donde el más popular de los cantantes franceses, Claude François, componía la decepción tumultuosa de un amor egoísta y terrible que le había puesto al borde del fin del comienzo del todo.9 marzo de 1978. Claude François fallece electrocutado en su propio cuarto de baño del lujoso piso que ocupaba en París con su esposa, una norteamericana. Tenía 39 años de edad y nos meses después de que le enterraran sus fans celebraban la aparición de otro éxito trepidante, “Le téléphone pleure”. Mientras, “My Way” había arrasado ya en el mundo entero.

Delgaducho, muy poquita cosa, con los ojos siempre llenos de ansiedad, Claude François era un monstruo de trabajo. Tenía dos pasiones que le devoraban por igual, su trabajo y las mujeres, “cuanto más jóvenes mejor”, apuntaba uno de sus íntimos en una reciente emisión de televisión francesa.

Apasionado, de una pasión enfermiza, que le puso más de una vez al borde del colapso, parecía no tener vida más que para escalar puestos en las listas de éxitos. Al mismo tiempo llevaba una vida sentimental al borde de un ataque de nervios. Nunca estaba satisfecho, exigía un amor exclusivo y cuando no lo obtenía, agregan, podía ser terrible.

Su idilio más sonado fue con la cantante France Gall, auténtico ídolo de los jóvenes, que se situó en órbita cuando ganó el Festival de Eurovisión con la canción “Poupée de cire, poupée de son”, un exitazo de campeonato. Pero cuentan que le exigía un amor tan exclusivo, tan a lo Otelo, que metía miedo. Y, naturalmente, las mujeres huían en cuanto podían, lo que para él era siempre una humillación más.

Siguen contando algo espantoso que da una idea de su obsesión por el éxito. Tenía un hijo que todo el mundo conocía pero cuando le llegó el segundo lo secuestró literalmente para que su clientela, formada muy mayoritariamente por niñas apenas salidas de la infancia, no tuviesen celos y pudieran pensar en abandonarle.

Su cancionero estaba compuesto de himnos y llantos al amor, el que no conseguía como él quería, probablemente por sus exigencias de “exclusividad”. Eran los años sesenta y la contabilidad de los discos vendidos era muy rigurosa. Él totalizó más de 32 millones de discos en unos pocos años y hoy –acaban de celebrarse cuarenta años de su muerte—sigue siendo el número uno en Francia.

Buscaba éxitos musicales como un amuleto para que la mujer, o las mujeres, no le abandonaran. Sabía que ellas se enamoraban de sus canciones y no de su personaje un tanto desgarbado, con el pelo lacio y rubio y unos ojos de locura compulsiva.

Andaba en esas cuando en 1967 un compositor francés, Jacques Revaux, le presentó una balada titulada “Comme d’habitude” (Como de costumbre). Claude la rechazó inmediatamente diciendo que era una porquería. La segunda vez que se encontraron en casa de unos amigos, el músico insistió y tampoco le gustó. Hasta que poco tiempo después, el cantante le pidió: “Jacques, cántame esa porquería tuya”. Ahí fue el flechazo. Claude François acababa de romper con France Gall y estaba loco de dolor y de rabia.

Y el compositor y él empezaron a modificar la letra de la canción en función de la tempestad sentimental que atravesaba el cantante. Poco a poco, Claude fue introduciendo gran parte de sus frustraciones. Y resultó una melodía maravillosamente sentimental y al mismo tiempo sólida, con la misma línea melódica que el mundo entero conoce con el título de “My Way”, pero con palabras que contaban el calvario del cantante: el momento en que él se levantaba de la cama y ella seguía durmiendo sin hacerle caso, como de costumbre…

Un Golgota que Claude François vivía con su pasión habitual.

Y de pronto le llegó, quizá como recompensa a tantos males de amores, la noticia de que Paul Anka, entonces un cantante canadiense con el viento en popa, iba a adaptar la canción. Y en seguida que escuchó la primera adaptación en inglés, cuya letra no tiene nada que ver con la original francesa, Frank Sinatra la quiso para él.

Desde el primer momento, el “Comme d’habitude”, que había roto las listas de éxito en Francia, se transformó en un glorioso himno tiulado “My Way” (A mi manera y ya no hubo rincón en el mundo donde no se cantara o por lo menos se tarareara.

Hay que reconocer que la letra de “My Way” es mucho más sólida que la de “Comme d’habitude”. Ya no es solo un llanto de amor sino un llanto a la vida. Y Sinatra, con la voz, los gestos y el sentimiento que siempre le acompañaron la bordaba. Allí donde el francés se quejaba de su amante, que no le hacía caso, Sinatra escribe su testamento, el de un hombre que ha vivido más de la cuenta: “He vivido una vida plena… Lo hice a mi manera”.

“Hice lo que debía hacer

Y lo hice sin exepciones

Lo hice a mi manera

Acababa de terminar la revolución de Mayo del 68 y el mundo entero comulgaba con Frank Sinatra, que en ese momento ya estaba cerrando cuentas, haciendo cálculos de su vida, y emocionó a cada oyente por separado.

Hay que reconocer que “Comme d’habitude” no hubiese llegado nunca a alcanzar el público tan variado que impactó con “My Way”, que más que una balada de recién abandonado por la muchacha que amas es un recio testamento de un hombre que se cuenta lo que fue su vida y se percata de que las cuentas no le salen.

Dicen, pero vayan ustedes a saber, que en 1989, el entonces líder de la Unión Soviética, Mijail Gorbachov, cantaba casi el estribillo para significar que los demás países comunistas de Europa no seguían la política del Kremlin perrunamente sino que cada cual lo hacía “a su manera”. Era, afirmó en cierta ocasión, “la doctrina Sinatra”.