Cuba, el delfín y los votos

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr

La Habana

Fue una conferencia de prensa más, hasta que llegaron las preguntas incómodas. La participación en las urnas el domingo 11 de marzo fue del 82,90%, una de las más altas en comparación con los estándares americanos, pero baja según la media en Cuba, donde en las últimas décadas del siglo pasado por lo general sobrepasaron el 90%.Los resultados preliminares de las elecciones generales para renovar los gobiernos provinciales y la Asamblea Nacional (AN) fueron informados por la  presidenta de la Comisión Electoral Nacional (CEN), Alina Balseiro, quien alertó que las cifras anunciadas podrían variar cuando se validara todo el proceso.

Aun así comentó que acudieron a las urnas siete millones 399 mil 891 cubanos, por lo cual más de un millón y medio se abstuvo. Dijo que las boletas válidas llegaron a 94, 42% y el voto unido –dar el sí a todos los candidatos en bloque- fue 80.44% y el selectivo –votar solo por algunos de los propuestos- fue del 19,56%.

Las boletas depositadas en blanco equivalieron al 4,32% y las anuladas por algún tipo de error al marcar o porque se escribieron en ellas consignas contra el gobierno representaron el 1,26%.

Las preguntas se hicieron presentes de inmediato. ¿Puede entenderse que la sumatoria de las abstenciones, las boletas en blanco y las anuladas equivale a que un porcentaje de la población no acepta este tipo de elecciones? Antes, alguien había apuntado que el porcentaje de participación fue inferior al de las elecciones anteriores y solicitó un comentario.

Balseiro respondió que había que esperar a los cómputos finales, dijo estar en desacuerdo con las dos interpretaciones, recalcó que el CEN consideraba que las elecciones fueron “un éxito por la participación masiva del electorado” y en cuanto a la sumatoria respondió que la institución que encabeza no hace ese tipo de distinciones, sino que garantiza que todos los cubanos puedan ejercer su derecho al voto.

Hasta aquí la esencia de esa conferencia de prensa que no reprodujo el telediario de la noche del lunes –le hizo una entrevista a la funcionaria-, para quien quiera sacar sus cuentas. La cifra actualizada de cubanos convocados a las urnas fue de ocho millones 926 mil 575, aunque estoy seguro que variará cuando llegue el cómputo definitivo.

Haré solo un par de apuntes. Cuando en los años 70 del siglo pasado se puso en marcha este sistema electoral –el voto no es obligatorio y el conteo se hace en público-, la altísima participación que registraba (más del 90%) parecía estar en correspondencia con el apoyo que se palpaba en las calles al sueño de un país mejor y distinto, aunque los contrarios argumentaran que el fenómeno de la masividad era “obligado por la policía política del régimen”.

Este año, al parecer, no alcanzaron los uniformados siniestros, porque un millón y medio decidió abstenerse y hasta ahora, que se sepa, no han sido quemados en las hogueras de la inquisición. Mis cuentas dicen que más de cinco millones 620 mil cubanos ejercieron el voto unido. Y ahí podría radicar hoy la cifra más próxima de respaldo militante a la revolución que se sigue invocando casi 60 años después del triunfo.

No sé cuál será la lectura de los líderes del Partido Comunista y estoy a la caza de algunos sociólogos para confrontar evaluaciones, pero desde mi perspectiva el respaldo popular al rumbo en curso desde 1959 aunque sigue siendo alto, gradualmente marca una tendencia a la baja.

Soy de los que no ven claro el futuro, aunque me aseguren lo contrario –tampoco es noticia en un mundo turbulento-  porque tengo dudas en cuanto a cómo será la armonía por venir. Pero de momento vamos llegando –ahora sí, no cuando lo cantaba Willy Chirino- a un cambio de dimensiones únicas en seis décadas obligados por la vida. Nada que ver con buscar un giro en el modelo socio-político.

Hay que esperar a que el 19 de abril los hechos confirmen los cambios que se esperan. Queda poco para conocer si, al fin, se harán públicos los ajustes a la Constitución para institucionalizar la transición, para saber si antes de esa fecha se concretará la largamente anunciada unificación monetaria, y constatar si Miguel Díaz Canel, de 57 años, será el nuevo rostro de la presidencia de la república, también por primera vez desde que Fidel y Raúl Castro se alzaron con el mando.

Cada quien hará sus interpretaciones de todo esto, solo adiciono otros detalles. Díaz Canel fue nominado candidato a diputado en la ciudad de Villa Clara (centro) –donde nació- y elegido mediante el voto directo y secreto de la gente, que se pudo abstener o votar en blanco (las formas de estar en contra). En esa ciudad dirigió al partido durante los años muy duros de la crisis de finales del siglo pasado, y se ganó el apoyo de los de a pie, críticas de algunos altos cargos de su mismo partido y hasta moderados guiños de la oposición, que quizá vio en él una especie de versión tropical de Boris Yeltsin. “No se meta con como yo me visto (moderno), que yo no me meto con como usted se peina (tapando con cuatro pelos una larga calvicie)”, cuenta una leyenda urbana que le habría respondido a uno de sus críticos, todavía en los altos mandos de la nación.

Es decir, que el hombre lleva tiempo sometiéndose a la decisión de la gente y a las turbulencias del poder.  Dirigió la Juventud Comunista, encabezó también la oriental provincia de Holguín, donde no recibió el mismo acompañamiento popular que en Villa Clara, ingresó al Buró Político del Partido Comunista (principal instancia de dirección colegiada del país) y llegó a ser primer vicepresidente del Estado y del gobierno. Y volverá a someterse al voto de la renovada Asamblea Nacional el 19 de abril, si quiere ingresar al próximo Consejo de Estado, que elegirá ese mismo día de entre sus 32 miembros al esperado presidente de la república.

Así son las reglas del juego político aquí. El “delfín”, como ya se le cataloga, pudo haber sido escogido por Castro, pero pasó y deberá pasar todavía por el tamiz de los votos y si termina ganando, no sé si será mejor o peor que lo anterior, pero deberá enfrentar, entre otros muchos retos, una tendencia a la baja en el apoyo popular al rumbo.

 

Autor entrada: onmagazzine