Invito a dejar a un lado las disquisiciones

Manuel J Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr

La Habana 

Invito a dejar a un lado disquisiciones y bobadas. Mientras Donald Trump mande habrá confrontación directa, no sutil ni maquiavélica, directa, como en los tiempos duros. Y si mañana alguien demuestra con los más contundes argumentos científicos –apelando hasta la nanotecnología- que lo de las afectaciones auditivas de los diplomáticos estadounidenses en Cuba nada tuvo que ver con una decisión de Raúl Castro o fue resultado de una maniobra en la distancia de Putin o el coreano del Norte, Washington se sacará de la manga otra enigmática “agresión”. En la agenda del presidente de allá la isla, sencillamente, no cuenta. Entonces las decisiones están en manos de los que llevan casi 60 años haciendo negocios con el  también de los ahora ancianos a los que, en su momento, los de aquí le ganaron todas las partidas, no porque fueran más inteligentes o tuvieran recursos infalibles- nunca los tuvieron-, sino porque lo hicieron con la entrega absoluta de las generaciones que, cosa rara en un mundo sin romance, entregaron hasta sus sueños a la ilusión de contar con una nación mejor al costo que fuera y eso, créanme, es algo mágico.

Como se esperaba, Washington decidió el viernes que mantendrá por tiempo indefinido la reducción del 60 por ciento de sus funcionarios en la capital cubana –medida adoptada el 29 de septiembre-, “para llevar a cabo solamente funciones diplomáticas y consulares indispensables”. Y a grandes rasgos ello implica la caída en picada de los viajes de los estadounidenses a Cuba -620 mil visitantes en 2017- , afectando al sector turístico, el de mayor crecimiento en la isla; hacer casi impracticable la solicitud de visas de los isleños para emigrar o viajar a ese país, cerrando una tradicional válvula de escape; y llevar a un punto muerto el diálogo bilateral y la eventualidad de intercambios comerciales.

No es que estén preocupados, como argumentan, por la salud de sus diplomáticos, es que quieren atacar y atacan puntos vulnerables de un país obligado por la naturaleza al cambio generacional en su liderazgo, cada vez con menos recursos financieros y una realidad social donde suman la desidia y el cansancio, que van de la mano con décadas y décadas y décadas de un tipo de guerra nunca declarada, pero persistente y maligna.

Alguien de la embajada le habría dicho a Granma que en cualquier momento las cosas pueden volver a la normalidad. ¡Pamplinas!. La normalidad seguirá estando lejos, incluso si algún día ellos cubren su plantilla y los diplomáticos vuelven con esposas, hijos, sobrinos y nietos para transformarse de nuevo en asiduos de Varadero, el balneario más cotizado del país.

Aseguro que este punto de vista no es pesimismo concentrado –al contrario hoy es un día feliz, mi compañera y yo cumplimos 41 años juntos y sentimos deseos de ir por mucho más-; ni resultado de que la cafetera estuviera rota y no pudiera sonarme el café fuerte que me gusta en la mañana; y tampoco porque me inquiete la requeteanunciada unificación monetaria antes de que Raúl Castro entregue la presidencia el 19 de abril.

Es que vivir aquí, como diría don Sergio Berrocal, tiene su encanto y también una altísima cuota de desgaste que, se quiera o no, lleva, obliga a estar siempre en guardia y a distinguir más allá de disquisiciones y bobadas.

Autor entrada: onmagazzine