Senadores de EU llamaron a Trump a la cordura, cuando Cuba se adentra en “una transición histórica”

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal

La Habana

En una embajada casi desierta de diplomáticos y con el nuevo jefe de la misión estadounidense en La Habana, Philip Goldberg, sentado fuera de los focos de la prensa, congresistas demócratas encabezados por el senador Patrick Leahy hicieron el miércoles un nuevo llamado a la administración de Donald Trump para que la cordura retome su lugar en las relaciones con Cuba. Leahy es uno de los congresistas que durante mucho tiempo ha batallado por la aproximación entre Washington y La Habana, conoce de primera mano la forma de reaccionar de los isleños bajo presión, y en conferencia de prensa aquí le dijo a Trump que es “un gran error” apartarse de la isla, cuando se aproxima una “transición histórica” en el liderazgo de la nación.

El senador dejó entrever que sobre ese asunto y acerca del presunto ataque acústico contra una veintena de diplomáticos estadounidenses que trabajaban en la capital cubana, dialogó con el presidente Raúl Castro el martes, e insinuó que pese al tenso del momento que atraviesan las relaciones entre los dos gobiernos, los líderes cubanos parecen dispuestos al diálogo.

“Nadie sabe” qué ocasionó los problemas acústicos, sin embargo, la Casa Blanca detuvo la política de aproximación a La Habana iniciada en 2014 por el mandatario Barack Obama y ahora “nadie sabe” tampoco cuál será el futuro de las relaciones, puntualizó el senador.

Por los misteriosos “ataques”, que cinéfilos aseguran pueden hasta resucitar a James Bond, EU retiró de la capital cubana a más de la mitad de sus diplomáticos, expulsó a 15 funcionarios de la embajada de Cuba en Washington, reforzó el embargo, recomendó a sus ciudadanos abstenerse de viajar a la isla y creó una “Fuerza de Tarea de Internet”, dirigida al país caribeño.

Incluso llegó a la “paradoja”, según dijo en el mismo intercambio con la prensa nacional y extranjera el representante por Massachusetts, Jim McGovern, de dejar a la embajada sin “oficial de derechos humanos” (¿?), cuando supuestamente ese es un asunto priorizado por la Casa Blanca, que ha dicho que para volver a la política de Obama, el gobierno cubano debe asumir la democracia del Note. Como otra curiosidad, en la del miércoles, solo conté a un representante de la autodenominada prensa disidente, cuando en las anteriores conferencias de prensa de esa embajada, en época de deshielo, estos eran siempre numerosos.

Al encuentro con el presidente Castro, que ese martes no lució su tradicional uniforme de general de cuatro estrellas, asistieron por la parte estadounidense, además de Leahy –jefe de la delegación-, los también senadores, Ron Wyden, por Oregon,  Gary Peters, Michigan,  y los representantes demócratas Susan Davis, California, y  McGovern. Goldberg, el nuevo jefe de la embajada de EU, no fue invitado, porque “no correspondía” con el protocolo, según dijo uno de los asistentes.

Este “experimentado diplomático”, en el decir de los estadounidenses, ha desempeñado varios cargos como el de embajador de EU en Filipinas, jefe de la misión de su país en Kosovo y secretario de Estado adjunto de Inteligencia e Investigación. En el 2008, fue expulsado de Bolivia cuando era embajador, porque el presidente Evo Morales lo acusó de conspirar contra su gobierno y fomentar el descontento social, señalamientos que el Departamento de Estado calificó de “infundados”.

Lo de llevar traje sastre a la reunión con los senadores  -en la que participaron por el lado cubano el canciller Bruno Rodríguez y el nuevo director de EU en la cancillería Carlos Fernández de Cossío-,  fue una deferencia y otro simbolismo de Castro, quien no obstante realiza desde hace varia semanas visitas públicas a industrias nacionales especializadas en modernizar el armamento con que cuentan las fuerzas armadas cubanas, en lo que en medios diplomáticos se interpreta como “una señal de fuerza dirigida a EU”.

Los senadores demócratas, que desembarcaron el domingo y regresaron a su país el miércoles –antes se reunieron también con pequeños empresarios privados y expertos en educación, economía y biotecnología-, dijeron sentirse “seguros” en La Habana e hicieron quizá la único que tenían al alcance de sus manos, llamar a la cordura, esa que parece estar en fuga de todos los rincones del planeta.

 

Autor entrada: onmagazzine