La jaula del poder

Jon Apaolaza | Maqueta Sergio Berrocal Jr

El hombre es un lobo para el hombre, al menos en algunos casos, pero todavía más a menudo, el hombre es un misterio. Nuestros congéneres, y más los que tienen poder, actúan de una manera dificilmente comprensible para el común de los mortales. Un amigo y confidente me dijo que Puigdemont, el expresidente/ president legitim, hace lo que hace porque está atrapado en una jaula. Yo contesté que en todo caso la jaula se la hizo él mismo, con la inestimable ayuda de sus compañeros y correligionarios. Sin embargo, ¿dónde queda el libre albedrío, o -si lo prefieren- la voluntad? La voluntad hace milagros y genera cambios sorprendentes. Ahí tienen el caso de la distensión olímpica entre las dos Coreas. Lo que hace un mes solo parecía imposible, que ambos pueblos divididos por el capricho de las superpotencias y el ansia de poder de una dinastía que usa el comunismo como otros usan la religión para perpetuarse en el poder, desfilaran bajo una única bandera de paz lo han visto estos ojitos que han de comerse las llamas del crematorio.

¿Por qué Kim Jong-un ha mostrado su increible lado fraternal? Habrá quien piense que porque está acogotado por las sanciones internacionales, pero en cualquier caso, esa ha sido su voluntad. Es el que manda y manda lo que quiere en cada momento.¿Está el presidente vitalicio de Corea del Norte preso en su propia jaula, como diría mi amigo? En el caso de los dictadores, pero también en menor medida en el de los presidentes “democráticos”, como Carles Puigdemont, el ansia de mantenerse en el poder puede llevar a ese curioso juego de trileros en el que la bolita, que en un momento dado está bajo uno de los cubiletes, pase al de al lado. Todo vale con tal de salvar el sillón… o el cuello.

Kim Jong-un sabe que si cediera el poder, lo más probable es que acabara sentado en un banquillo, nacional o internacional. Puigdemont sabe que si renunciara a ese puesto de “president legitim” podría acabar en la cárcel. Es como un seguro.Por favor, que nadie entienda que pretendo comparar en lo político a ambos políticos. Es evidente que el coreano es quien es, el vástago de una saga familiar de experimentados sátrapas, y que el catalán es un periodista independentista al que una carambola de la historia puso al frente de la Generalitat, por decisión soberana de un respetable tanto por ciento de sus conciudadanos. Pero tendrán que reconocerme que ambos tienen bastante que perder si dejan sus responsabilidades.

En cualquier caso, me gustaría quedarme con el elemento de la voluntad. Si se tiene, todo puede ocurrir, las cosas más sorprendentes. El atrapado en su propia jaula, con ella, es capaz de abrirla, y asumir el riesgo correspondiente.

Está claro que Kim Jong-un no asume ninguno demasiado grave al acercarse a su finalmente compatriota del sur. Los mandatarios absolutos suelen jugar, bajo presión, a abrir o cerrar la mano, a cambiar mágicamente la bolita de un cubilete a otro. La misma bolita, eso sí. Pienso por ejemplo en el difunto comandante Fidel Castro, que cuando el “Período Especial” elevó la presión social de la olla cubana, decidió permitir las “paladares” y otros pequeños negocios privados. Al cabo de un tiempo, cuando la presión bajó, les fundió a impuestos para hacer prácticamente imposible algo parecido a un negocio, y esos restaurantes caseros de los cubanos se redujeron como las setas en un otoño de sequía. Últimamente, su hermano Raúl volvió a abrir la mano, esta vez con una regulación más admisible y parece que más permanente. Al menos hasta que su voluntad cambie. En definitiva, ninguna jaula política es capaz de encerrar la voluntad de quien la ocupa.


Autor entrada: onmagazzine