El hombre del frack (L’Uono in frack)

Marcelo Aparicio | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Desde que la escuché por primera vez, la canción del italiano Domenico Modugno, “Il vecchio frack” o “L’uomo in frack” me cautivó, me acompañó en momentos muy románticos y en otros que fueron malos; y si tuviera que elegir con qué música abandonar este mundo sería sin duda con esa. No sólo por su letra y su melodía, sino porque me hizo imaginar siempre a ese hombre que decide irse por el río Tiber (Tévere) hacia el mar, “flotando dulcemente”. Las muchas veces que tenía que ir a visitar, aquel invierno de 1981, a mi recién nacida hija mayor Manu al hospital “Fattebenefratelli”, donde acababa de nacer, las farolas que daban brillo al empedrado húmedo también parecían querer repetir aquella melodía y su espléndida letra, quizás la mejor de Modugno . (Volare, di Blu dipinto di blu, que vinieron mucho después para alimentar hilos musicales y música en aviones y aeropuertos), ya que por la censura parece que no se pudo escuchar aquella hasta después que se impusieron éstas últimas. Tras acompañarme en momentos buenos y en momentos malos, tan malos que me hacían pensar en alquilar un frack e imitarlo, me vengo a enterar –y se los cuento a continuación—quien fue el que inspiró al gran cantante napolitano para su magnífica canción. Era un noble, pero dicen que nunca se lo vio con un frack , porque vestía como quería porque se lo podía permitir. A mi me parece que Modugno  , quizo con su canción, homenajear a su amigo suicida que, al parecer, terminó sus días arrojándose desnudo desde el balcón de la suite de un hotel lujoso romano al que iba con sus amantes. La canción habla de un personaje misterioso que camina lenta y elegantemente “con aspecto trasnochado”,melancólico y ausente. “non si sa da dove bien né dove va (y no se sabe ni de donde viene y adonde va).La canción fue escrita en 1955 pocos meses después de haber sido descubierto, al alba, el cuerpo del noble  Raimondo Lanza di Trabia y fue un éxito clamoroso tanto en Italia, como en España, Latinoamérica, Grecia y Francia, donde la canción y Modugno se consagraron en el Olympia. Modugno contó que se había inspirado en esa muerte al periodista Vincenzo Prestigiacomo, y que era como cantarle al final de una época. El libro que a este periodista siciliano le llevó 15 años de investigación, “El príncipe inquieto” (Il príncipe irriquieto, Nuova Ipsa Editore), habla de un personaje fuera de serie, un “dandy” con una vida repleta de altibajos.

 Descendiente, aunque no legítimo, de Federico Barbarossa, amigo de reyes y presidentes (entre ellos Perón), enamoró a Edda Ciano (hija de Mussolini) y fue muy amigo de Errol Flynn, fue novio de una de las Agnelli (dueños de la Fiat), pero sin dejar por eso de ser amante de Rita Hayworth. Se iba a cazar tigres con el Sha de Persia (ahora Irán), había sido compañero de escuela del piloto Tazio Nuvolari y en varias ocasiones tuvo como huésped en su castillo de Palermo a Aristóteles Onassis.

En la canción, Modugno lo viste con una pajarita azul, una gardenia en el ojal y una galera en su cabeza pero según la investigación del periodista no iba de esa guisa, porque hasta en el vestir era un inconformista. Parece que a una recepción de Rainero de Mónaco se presentó vestido de piloto y a la boda de Gianni Agnelli fue vestido de calle. Era un vividor, un playboy, fundamentalmente desprejuiciado y algo arrogante. Con un lado oscuro por haber sido espía fascista durante la Guerra civil española, aunque en el momento justo supo hacer una doble pirueta mortal para convertirse en confidente de los norteamericanos y mediador con los partisanos. Fue muy querido en Sicilia cuando presidió el Palermo club de fútbol…

 Pero fueron las faldas de raso y satén, las medias de seda, los perfumes femeninos lo que más loco lo volvieron, contando con una colección de amoríos con hermosas mujeres famosas, sin dejar de correr riesgos con algunas nobles casadas con pares suyos. Tanta agitación amorosa, combinada con una irrefrenable vitalidad , parecieron ser la causa que, a sus 39 años, intentara suicidarse tras una depresión. Su segundo intento dio resultado al alba del 30 de noviembre de 1954, cuando totalmente desnudo saltó desde un balcón del lujoso hotel Eden de Roma. Fue un duro golpe para amigos como el propietario de la Fiat, Gianni Agnelli, el millonario del textil Giannino Marzotto, su primo Giuseppe Tomasi di Lampedusa (Il Gattopardo), el crítico de arte Antonello Trombadori, los escritores Alberto Moravia, Curzio Malaparte, entre otros.
 En el mundo del espectáculo se movió como pez en el agua, conquistando a Vivi Gioi, la rubiona de “Teléfonos blancos”, a Olivia de Havilland, Joan Fontaine y Joan Crawford. De tomar un aperitivo con Porfirio Robirosa, se iba a almorzar con Baby Pignatari, los dos más grandes de la historia de los play-boys… Podía estar hablando largo rato con el dictador argentino Juan Domingo Perón o cenar con Lucino Visconti, irse a navegar con el Aga Khan o a pasear por Los Angeles con Robert Capa.  Con Errol Flynn llegaron a ser como gemelos, por lo parecidos, el idéntico peinado, los mismos bigotes.  Amigo de Roberto Rosellini, también tonteaba con Anna Magnani e Ingrid Bergman, tras su separación. Pero al final tropezó con el matrimonio. ¿la víctima?, Olga Villi, (“Yvonne la nuit”), con quien tuvo dos hijos. Queda registrada una definición de Susanna Agnelli, la novia con la que no se casó, que en su libro sobre la familia “Vestíamos de marineritos” (Vestivamo alla marinara) relató que cuando Raimundo “entraba a un salón era como un rayo. Todos dejaban de hablar o hacer los que estaban haciendo. Gritaba, reía, besaba a todos y a todas, bromeaba. Comía como una máquina trituradora, bebía como un jardín en medio del desierto, tocaba el piano, hablaba por teléfono mientras me cogía la mano y todo a la vez”.
 Ese hombre, polifacético y vital, mujeriego y espía doble, decidió, según Modugno, irse “flotando dulcemente y dejándose hamacar, bajando lentamente bajo los puentes hacia el mar, hacia el mar se va, ¿quién será, quién será, ese hombre en frack”. Adiós al mundo, a los recuerdos del pasado, a un sueño jamás soñado… a un instante de amor que ya no volverá”.  (Galleggiando dolcemente e lasciandosi cullare/ Se ne scende lentamente/ sotto i ponti verso il mare/ Verso il mare se ne va/ Chi mai sarà, chi mai sarà/ quell’uomo in frack.  Adieu adieu adieu adieu, addio al mondo/ Ai ricordi del passato/ Ad un sogno mai sognato/ Ad un attimo d’amore che mai più ritornerà)
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