Lana Turner y la bomba de Trump

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Yanis Varoufakis, ministro griego de Hacienda en 2009 cuando Grecia se debatía entre la vida y la muerte con la deuda europea, ha hablado claro y alto: “No se engañen, la crisis sigue ahí; el euro corre peligro”.El pronóstico, saliendo de la boca de un hombre que tuvo que pelear para que Grecia no se hundiese más en deudas estratosféricas y que fue vencido, hay que tenerlo en cuenta.Europa se abre al nuevo año, 2018, con problemas económicos por todas partes.

Del resto del mundo, quizá es más prudente correr un tupido velo.Pero no solo es eso. El semanario francés Le Point afirma que Noruega está muy preocupada por el rearme de la Unión Soviética y ha decidido modernizar su sistema de vigilancia en la frontera que tiene con ese país en el círculo polar. “Rusia –explica el redactor—está a solo varias decenas de kilómetros.”

No voy a calentarles la cabeza con otros escritos del mismo tono optimista, aunque la verdad es que el líder de Corea del Norte ya ha advertido a Estados Unidos que tiene el botón nuclear en su despacho, al ladito de su mano. Y el paciente Donald Trump sigue mandando sus mensajitos que para unos tiene más carga explosiva que cualquier bomba. Y ha replicado con algo parecido a “Mi botón es más grande”. De chiste.

En esta amable situación geopolítica pocas ganas dan de seguir hurgando en las posibilidades que el mundo tiene de saltar por los aires si a alguien se le va el dedo en un momento u otro o si el capitalismo sigue arre que te arre borriquito trabajador.

Estaba buscando datos sobre esta situación que asusta cuando me he tropezado con una foto en la que aparecen tres personajes de cuando el cine era un divertimento a la par que un instrumento para pensar y que representaba al mundo sin histerismos.

En esa instantánea con flash, Lana Turner está junto a Fernando Lamas y a Esther Williams. El redactor ha creído picante e intelectual titularla “Ménage à trois”.

Lamas fue un argentino que se hizo un lugarcito al sol del cine de su país de los años cuarenta y cincuenta del siglo XX antes de poder saltar a Hollywood, donde tuvo la insolente potra de rodar “The Merry Widow” nada menos que con la superestrella del momento, Lana Turner, vampiresa rubia tanto en los estudios como en su casa.

Más o menos por el mismo tiempo le propusieron darla la réplica a Esther Williams en “Dangerous When Wet”.

Esther Williams era una nadadora que se preparaba para los Juegos Olímpicos de 1940. Al ser suprimidos por causa de Guerra Mundial –que se extendería hasta 1945— probó suerte en los estudios de filmación. Mujer bonita y con una risa que enamoraba. Con su cuerpo de atleta y su sonrisa más que cinematográfica conquistó a Hollywood. A Europa nos llegó cuando con el músico catalán Xavier Cugat rodaba películas musicales de un encanto que los heavy de los años dos mil no podrían entender.

Y en cuanto a Lana Turner, fue la rubia más explosiva que se había inventado hasta entonces en el cine. Casada y vuelta a casar, enamorada y vuelta a enamorar, era madre de una tragedia, una hija, Cheryl, que acuchilló a uno de los amantes de mamá, Johnny Stompato.

¡Eso era cine!

Pongan a esos tres personajes de cuando se hacía cine para contar historias de las gentes a las gentes y no para relamerse de lo listo que somos y verán que todo ha cambiado. Gran parte de los muchachitos llamados actores de nuestro tiempo, el tiempo de esos superhéroes, son muñequitos que no hay por donde cogerlos.

Búsquense una foto de Fernando Lama y verán lo que es un hombre, aunque como en este caso tenga toda la chulería de un argentino de pro.

Y qué quieren que les diga de las mujeres que se pasean por las pantallas en estos tiempos modernos que no hubiesen hecho gracia ni a Charlot… No dan la talla al lado de una Lana Turner que nos llenaba la pantalla con las emociones de una mujer vivida, marcada quizá para morir de pasión. Y no les digo nada si ya me sacan a Esther Williams.

Hay que entender, y entendemos, que en estos años dos mil, casi todo los que circulan por las pantallas parecen catetos de pueblo de los de antes metidos en un vagón de primera. Y que el público de ahora, nacido en tan mal momento, no ha tenido la oportunidad de enamorarse de Esther William cuando nadaba en nuestras ilusiones.

¿Imaginan a Donald Trump, otrora actor de malas series de tv, o a su amiguito el norcoreano extasiarse ante una foto de Lana Turner o de Esther Williams? El mundo sería infinitamente más amable y no nos pondría constantemente al borde de un ataque de nervios nuclear.