En abril comenzará la despedida de Raúl Castro y un nueva era en Cuba

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana

Las perspectivas de Cuba a mediano plazo han quedado más esclarecidas, al menos desde la teoría. Raúl Castro entregará la presidencia de la república el 19 de abril próximo –no el 24 de febrero como se suponía- y antes se reunirá el liderazgo del Partido Comunista (PCC) para establecer el rumbo a seguir por la nación hasta 2021. Sin embargo, llevar a la sociedad cubana desde el estatismo casi absoluto –al estilo de la desaparecida Unión Soviética-, a un modelo en el que coexistan las propiedades pública, privada y cooperativa –como ocurre en China o Vietnam- ha sido “más complejo y más profundo de lo que habíamos pensado inicialmente”, según han admitido por primera vez en público los ejecutores de los cambios que impulsa Raúl Castro desde 2008.

La dirigencia cubana no renuncia a desarrollar en la isla una alternativa a las sociedades de consumo generalizadas en el planeta, no quiere que los incipientes sectores privado y cooperativo se transformen en emporios de poder económico y político, sigue empeñada en impedir que las desigualdades sociales se disparen, y supone que podrá lograrlo manteniendo inconmovible el sistema de partido único.

Y esa proyección tocará aplicarla a una nueva generación de dirigentes, que a partir de abril ocupará la presidencia del Estado y el gobierno, no del PCC que institucionalmente seguirá en manos de los octogenarios de la revolución hasta el próximo congreso en 2021, si antes la vida no les pasa cuenta.

Cuando se desintegró la Unión Soviética pocos supusieron que la experiencia cubana trascendería; en Miami el exilio hizo las maletas para un regreso triunfal. Cuando Fidel Castro debió entregar el poder por razones de salud, volvieron las apuestas a favor del fin, y sin embargo la isla mantuvo el mismo rumbo sui géneris trazado luego del triunfo de la revolución en el lejano 1959.

Quedará entonces conocer a partir de abril el temple de la nueva generación de dirigentes cubanos, en escenarios no menos complejos que los muchos ya vividos en este país.

Estados Unidos, con Donald Trump a la cabeza, volvió a los tiempos de la Guerra Fría en relación con la isla, y Raúl Castro le respondió el jueves: “La revolución cubana ha resistido los embates de 11 administraciones en Washington de distinto signo y aquí estamos y estaremos, libres, soberanos e independientes”.

Castró habló en la clausura de la última sesión de este año de la Asamblea Nacional (AN) que de manera excepcional acordó extender su actual legislatura hasta el cuarto mes del año próximo, porque los destrozos del huracán Irma en septiembre – más de 13 mil 500 millones de dólares en pérdidas en 70% del país-, trastocaron el calendario de elecciones generales.

El 19 de abril “tendrán un nuevo presidente”, les dijo a los cubanos al finalizar su discurso, y el principal candidato para ese cargo es Miguel Díaz Canel, 57 años, quien ha ascendido desde las bases de la Juventud Comunista hasta primer vicepresidente de Cuba, aunque sin pedigrí militar alguno, en un país donde las fuerzas armadas son un factor político decisivo. Le tocará el turno entonces a quienes por lo general solo conocieron en libros las andanzas cubanas por medio mundo, desde el Vietnam de Ho Chi Min hasta las décadas de lucha armada en América Latina con Che Guevara al frente.

De cumplirse el cronograma previsto, en abril será la primera vez que los cubanos tengan al mando a alguien que no experimentó las vivencias anteriores, ni pertenece a la familia Castro Ruz. Durante más de medio siglo, Fidel y Raúl lograron mantener la unidad nacional en torno a su proyecto social mediante un imperturbable mando único, arropados por la leyenda que tejieron en las guerrillas de la Sierra Maestra, triunfadores después en contiendas tan complicadas como la invasión de Bahía de Cochinos, la crisis de los cohetes nucleares, el desafío permanente a Estados Unidos o el aislamiento casi total que vivió la isla de su entorno americano durante largas décadas.

El 19 de abril será echada una especie de nueva suerte para Cuba, que según el balance oficial cerró el año con un discreto crecimiento económico de 1,6 por ciento -cerró 2016 con un decrecimiento de 0.9 por ciento-, y la advertencia de que en los próximos meses se mantendrán las tensiones financieras y las reducciones en el suministro de petróleo venezolano, con facilidades de pago.

 

Autor entrada: onmagazzine