La Flor del Loto, Centro Habana, Otra cuba

Jon Apaolaza | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Una de las pocas cosas que funcionan bien en la Cuba del siglo XXI se esconde en medio de las descuidadas y sucias calles de la popular Centro Habana, más particularmente en su Barrio Chino. Haciendo honor al lugar, se llama La Flor de Loto y es un casi siempre atiborrado restaurante en cuya carta, sorprendentemente amplia, se mezclan las cocinas chinas, cubana e internacional. Podríamos decir que es una “Paladar”, como desde la primera apertura que Fidel permitió al negocio privado (“particular”), a mediados de los 90, se llama a este tipo de restaurantes que no pertenece al estado. Pero, a diferencia de los numerosos que han proliferado en los últimos tiempos, alguno muy apreciado por el turisteo gringo, no es caro.

Al viajero familiarizado con la mayor de las Antillas, La Flor de Loto le brinda una larga serie de sorpresas. No sólo se come bien y a un precio -para el coste aquí de la comida en general- más que razonable (el equivalente a entre 10 y 15 euros), sino que las raciones resultan muy generosas, siempre hay de todo lo que aparece escrito en su menú -algo increible en este país- y el servicio es sumamente profesional.

Estamos en vísperas de Navidad, y al llegar a la entrada, desafiando al sol y a los casi 25 grados, recibe al cliente un camarero chino-cubano, vestido de Santa Claus, que toma nota de su nombre. Es sábado, cerca de las 14,30 y el local está lleno. No obstante, la cola se despeja en no más de 15 minutos y llega el turno del viajero y su pareja.

El interior de La Flor de Loto es bastante parecido a cualquier otro restaurante chino del mundo. Tiene dos estancias, una más amplia, repletas de mesas, al fondo hay una barra y a la derecha de la entrada una no muy grande cocina acristalada en la que se ve trabajar con ahínco y productividad nada caribeña a un puñado de cocineros uniformados de oscuro. La primera sorpresa es precisamente esa profesionalidad. El personal es amplio, serio y se mueve con coreográfico acierto entre las mesas, los camareros (todos hombres y tocados con gorros de Santa Claus), y entre los fogones, los cocineros. La eficiencia prima sobre la simpatía, y a pesar de la cantidad de mesas y de que todas están llenas, el servicio resulta rápido.

¿Qué comer en este enclave de “normalidad” en un país donde la ineficiencia es la divisa? Si les gusta la cocina china, encontrarán la gran mayoría de los platos populares en Nueva York, Londres o Madrid, pero además se ofrecen los principales platos de la cubana.

Los responsables de este restaurante habanero tienen el mayor de los méritos gastronómicos, y no sólo por sus sabrosos guisos, sino sobre todo porque existan. Se imagina casi milagroso conseguir en este país de pésima organización comercial y escaseces de todo tipo tamaña variedad de carnes y pescados, verduras, legumbres, varias marcas de cerveza nacional e internacional, jugos naturales, helados y tartas… Y vaya cuando vaya, se encuentran.

Incluso un viajero dotado de una tan abultada como necesaria cartera y de tiempo y paciencia, tendría muchas dificultades para conseguir todas esas materias primas día tras día en la capital del país. ¿Cómo son capaces de hacerlo? Sólo por eso ya merecen una felicitación.

Otra de las características de La Flor de Loto es el generoso volumen de las raciones. La gran mayoría de la clientela sale del local con bolsas llenas de comida sobrante. El local les provee (con un coste adicional) de las correspondientes cajas de corcho blanco para que se lleven lo que no han podido terminar. Así, es posible que la pareja que almorzó pueda cenar (o al menos uno de ellos) por el mismo precio.

En esta ocasión, el viajero y su pareja comieron una ración de rollos de primavera (dos), con una salsa agridulce que incluía fruta y algún vegetal; un arroz chino de la casa, que traía salsa de soja, brotes, trozos de carnes y gambas; un chop-suey de pescado y un plato de lomo ahumado de cerdo acompañado de batata frita. El todo, despedido con helado de fresa y chocolate. La cuenta, incluidas tres cervezas, la caja de styropor y la bolsa para llevar la mitad del arroz y chuleta y media de lomo sobrantes, menos de 27 cuc (unos 25 euros). No es de extrañar la popularidad de esta Flor de Loto que contradice la realidad de un país donde casi nada funciona.

Sí, otra Cuba es posible… Que pidan la receta en Centro Habana.

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