“El cine cubano debe mantener un nivel alto para sobrevivir”

Sergio Berrocal Jr | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Vladimir Cruz, el actor cubano que alcanzó fama a partir de “Fresa y chocolate” ,no logra desprenderse del personaje de David, creado hace dos décadas por Senel Paz y convertido en cine por Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío. Este mismo martes, Cruz hablará de la película en la Cátedra José Martí de la Universidad de Zaragoza. ¿Quién no recuerda aquella mítica historia de Diego, un joven culto, homosexual y escéptico que se enamora de David, joven comunista heterosexual lleno de prejuicios e ideas doctrinarias? 

– ¿Vladimir Cruz fue un actor por vocación o casualidad?

Digamos que del ‘azar concurrente’, como diría Lezama Lima. En realidad de niño nunca soñé con ser actor. Me gustaban mucho las artes plásticas y era mucho mejor en las asignaturas de ciencias que en las de letras, aunque desde muy niño leía vorazmente todo lo que me caía en las manos. Digamos que la literatura y las artes plásticas fueron mis primeros amores o mi primera inclinación hacia el arte, pero sobre los 15 años unos amigos me invitaron a participar en una obra de teatro y así, como jugando, empecé, pero dicen que el que pone los pies en el escenario es como el que mete la pata: ya no puede volver a sacarlos.


– Si hablamos de cine cubano tenemos que referirnos a “Fresa y Chocolate”. ¿Cómo entender su  éxito?

Mi opinión es que se debió a dos tipos de razones. Por un lado los valores de la propia película y por otro las circunstanciales, aunque realmente la película ha demostrado que soporta muy bien el tiempo, sobretodo porque los temas que trata, empezando por la intolerancia, desgraciadamente siguen estando muy vigentes, tanto en Cuba como en el resto del mundo. Creo que el gran talento de Senel Paz como guionista y de Tomás Gutierrez Alea y Juan Carlos Tabío como directores fueron determinantes, además de nuestro aporte como actores, y por supuesto de todo el equipo. Pero lo fundamental fue la profundidad humana de unos personajes que representan sectores muy claros dentro de la sociedad, y en particular en Cuba porque era la primera vez que se trataba en serio el tema de la discriminación a los homosexuales (entre otras) y además en el momento en que se hacía. Debo recordar que el año 1993, cuando se rodó la película, fue un momento terrible en Cuba,  pues la situación económica había tocado fondo después de la ‘caída del muro’ y la tensión social era muy evidente y explosiva.

– ¿La política sigue teniendo en el cine cubano la misma intensidad que desembocó en la película cumbre del 93?

Yo creo que sí, aunque a veces aparentemente las películas hablen de otra cosa, en el fondo siempre tienen un trasfondo político. Creo que en primer lugar porque el cine cubano tiene mucha vocación y tradición de actualidad e inmediatez, porque Cuba es uno de los países que más ve y que mejor recibe su propio cine, y por lo tanto refleja los problemas económicos y políticos de actualidad, y la política tiene un peso enorme dentro de la sociedad cubana. Hay que recordar que una opción política  y la lucha por mantenerla es el origen de todos nuestros goces y males de los ultimos 55 años.


– ¿Según usted cómo se explica el éxito del cine cubano?

En realidad el éxito del cine cubano es muy relativo y generalmente cincunscrito a festivales de cine y pequeños circuitos de distribución. Las duras condiciones materiales en que hacemos cine en la isla no permiten competir en igualdad de condicines en los grandes mercados. Sin embargo de vez en cuando, a pesar de nuestra escasa producción, surgen titulos que logran repercusión y en algunos casos, como fue el de Fresa y Chocolate en su momento, una gran repercusión. Esto evidentemente nos ayuda a mantener una producción siempre precaria. Otro de los factores es la fuerza e interés que tiene la problemática cubana para el mundo, sobre todo para el Iberomaericano, y también que dentro de Cuba existen muchos profesionales del cine con talento y muchos deseos de seguir trabajando e incidiendo en nuestra sociedad. El mismo hecho de producir muy pocas películas al año nos obliga a mantener un nivel de calidad alto para seguir sobreviviendo. Si en España por ejemplo se producen 100 películas al año y solo el 20% son buenas, nosotros que producimos cuatro si solo una es buena, al año siguiente no conseguiríamos producción para hacer ninguna.

– En 2011 protagonizó un corto de Benicio del Toro que forma parte de la cinta 7 días en la habana titulado “El Yuma” ¿Cómo se podría analizar la secuencia desde ojos extraños?

‘7 días en La Habana’ fue un proyecto muy interesante, que seguía la saga de otras películas que cuentan diversas historias con una ciudad en particular (como París o Nueva York) como telón de fondo. En este caso el atractivo principal era el encanto de una ciudad como La Habana, al mismo tiempo muy viva y que parece detenida en el tiempo. También que iba a ser reflejada (menos en un caso) por la mirada ‘virgen’ de un director extranjero, todos grandes directores. ‘El Yuma’ (que en Cuba significa algo así como ‘el turista o el americano’) es el primer corto de la película, el primer día (cada uno ocurre un día de la semana) y con él Benicio del Toro se lanzaba por primera vez a la dirección. Tengo con Benicio, después de trabajar juntos en la película sobre el Che que protagonizó y de reencontrarnos mucho en diversos lugares, una amistad, y fue un honor y un gran placer para mi que la primera vez que iba a dirigir (sabiendo por propia experiencia lo que eso significa para un actor) me llamara a mí para coprotagonizar la historia y estar a su lado en la aventura.

– ¿Cómo surgió el guion de “Afinidades”, su primera realización junto a Jorge Perugorría? ¿Por qué adaptar la novela de Reinaldo Montero?

Respeto muchísimo el trabajo del guionista. Es el único que en el proceso cinematográfico parte de cero, de la página en blanco, y su trabajo debe convertirse sin dudas en la columna vertebral, y muchas veces un poco más, de la futura película. Por eso, a pesar de mi interés y cercanía con la literatura, nunca me había atrevido a intentarlo. Sin embargo al llegar a cierto punto de la carrera, supongo que relacionado con la edad, uno tiende a diversificarse y te dan ganas de explorar las parcelas creativas vecinas. Las grandes ventajas del guionista sobre el actor son que tu trabajo no depende de nadie, sino de ti mismo, y que eliges en la mayoría de los casos la historia que quieres contar. El trabajo del actor depende de muchísima gente y normalmente está al final de una cadena creativa donde muchas cosas ya han sido decididas. Entonces en cierto momento te dan ganas de escoger tú mismo la historia, según tus propias preocupaciones artísticas y personales, y no seguir esperando que suene el teléfono. De todo esto surgió mi necesidad de escribir, había escrito dos guiones de cortos antes de llegar a “Afinidades”, y a la hora de enfrentarme a un largo decidí partir de una novela para apoyarme en una estructura literaria ya establecida y que el salto no fuera tan brutal. Elejí la novela corta de Reinaldo Montero ‘Música de cámara’, porque creí que contenía una película y mi trabajo fue sacarla a la luz.


– En 2007 trabajó con Steven Soderbergh, quien dirigió “Che, el Argentino” ¿qué importancia tiene hoy en día el comandante Che Guevara para el público internacional?

Soderbergh contaba que decidió hacer la película porque un día vio a una adolescente en Estados Unidos con un tatuaje del Che y se preguntó si realmente esa chica sabría a quién llevaba tatuado.  Por eso quiso hacerla, para que esa juventud, que había recibido la imagen del Che más como icono cultural, como pueden ser Bob Marley o John Lennon,  que como personaje histórico, supieran quién fue y qué importancia tuvo esa figura. Creo que hacer una película de esa envergadura sobre el Che Guevara permitió en primer lugar a amplios sectores del público contemporáneo, sobre todo a los jóvenes, descubrir quién era el hombre que estaba detrás del mito, o de la archiconocida fotografía de Korda,  y en segundo lugar acercarse a una etapa histórica, la mitad del siglo XX, generadora de tantos movimientos revolucionarios, en que se creía en la lucha y en la capacidad del indivíduo para transformar la sociedad, y eso es muy saludable desde este presente ‘desideologizado’ y lleno de incertidumbre en el futuro que vivimos.


– Tras la muerte de Alfredo Guevara ¿cómo ve el futuro del festival de cine de la Habana? 

Creo que la desaparición física de Alfredo Guevara, que tanta importancia tuvo en la creación del festival y en general del concepto de nuevo cine latinoamericano que le da nombre, debe ser entendida como el cierre de una etapa y por lo tanto como una oportunidad de renovación y de actualización de las ideas que sustentan el festival. El festival ha demostrado a lo largo de todos estos años que es un foro imprescindible para el cine latinoamericano y por lo tanto tiene la responsabilidad de renovarse y adaptarse a los nuevos tiempos cinematográficos que corren en América Latina y no seguir anclado en la noción de un ‘nuevo cine latinoamericano’ surgida en los años 60.


– El Instituto Superior de Arte es una cantera para el cine cubano. ¿Dónde reside el secreto de este éxito?

El Instituto Superior de Arte, lugar donde me formé, es la única academia de nivel superior (quiero decir universitario) formadora de actores en Cuba, por lo tanto era cuestión de tiempo que los egresados de esta escuela fueran encontrando un espacio en el cine nacional, y que este se nutriera de ellos. Sin embargo no es la única fuente de talento del cine cubano, que se alimenta de la práctica profesional en todos los medios. El Instituto se ha ampliado y ahora también se estudian en él la mayoría de las especialidades técnicas del trabajo audiovisual, cosa que no ocurría en mi época, por lo que los jovenes egresados como directores, guionistas, etc también se están incorporando al cine y componen mayoritariamente la nueva hornada de cineastas cubanos, los más jovenes, que obviamente serán su futuro.

– Tras el éxito de fresa y chocolate la cual marcó toda una época el contacto y la amistad con Jorge Perrugoría continuó vigente a pesar de los años ¿se puede decir que Jorge y usted son hermanos de “otra madre”?

Hemos mantenido una gran amistad todos estos años, que surgió y se alimentó del trabajo en la película, y luego de todo lo que nos tocó vivir paralelamente como consecuencia de ella. Hemos compartido muchas cosas, viajes, momentos importantes de nuestra vida profesional, descubrimientos, certezas, sueños… y todo eso nos ha unido mucho, al punto de ser casi efectivamente como hermanos. Hemos hecho 6 películas juntos como actores, y hemos empezado a interesarnos por la dirección y la escritura al mismo tiempo, pero sobre todo compartimos una misma fe y una misma idea de lo que debe ser y para lo que debe servir el cine, que viene muy seguramente de haber empezado trabajando con maestros como Tomás Gutierrez Alea. Entonces no sé si somos hijos de ‘otra madre’, pero los dos disfrutamos mucho la vida y el trabajo, somos Leo, muy persistentes y testarudos,  y seguramente tenemos un ADN muy parecido.


– ¿Cuál sería el proyecto con mayor desafío como guionista y director?

Como suele decirse: ¡el próximo! Siempre actuar y dirigir al mismo tiempo es muy difícil, y cuesta mucho además que te respeten como director si vienes de ser actor. Pero si además de actuar y dirigir (a actuar no voy a renunciar porque es lo que más me gusta hacer) comienzas por escribir el guión, ya sabes que será un camino muy largo y difícil que te dejará exhausto, aunque el placer de conseguirlo es muy grande, y no se puede comparar con nada más. Pero… seguiremos intentándolo, porque (para terminar con otra cita de Lezama) ‘solo lo difícil es estimulante’.

Autor entrada: onmagazzine