La Tía Adela

Sergio Berrocal Jr | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Hace unos meses tuvimos la sorpresa de saber que nuestra familia se había enriquecido con dos elementos más de los que nunca habíamos oído hablar. Dos hijos que el Coronel de Estado Mayor del Ejército Español Don Antonio Escartín tenía cuando en 1939 dio vida a otro hijo, mi padre. Uno era un muchacho que a los 18 años fue detenido por la policía política y desapareció cuando comenzaba la Guerra Civil española, en 1936. Quizá le mataron en el frente o fue víctima de la confusa situación que vivía entonces España. La hija se llamaba Adela Escartín y decían que había sido una primera dama del teatro en Cuba y España.

Cuando pregunto, varios cronistas cubanos, entre ellos Rafael Lam, me confirman la importancia de esta señora dentro del medio teatral y cinematográfico de Cuba. A partir de ese momento, durante varias noche sueño con calles y edificios de La Habana vieja, algunos de los cuales puedo llegar a describir aún sin haber estado jamás allí.Investigando más a fondo en archivos del cine cubano descubro un largometraje de mi tía Adela, “La decisión” filmado en Santiago de Cuba. Entonces es cuando me doy cuenta del extraño parecido de ella con mi hermana Corinne fallecida en accidente de automóvil en 1982 en Francia.

Y no tardo en comprobar que he dejado pasar unos datos importantes: la Escuela Nacional de arte Cubanacán, la ciudad de México y una obra de teatro titulada “La gallina de guinea”, obra sobre las creencias afrocubanas y santería que ella dirigió en 1964.

Por medios de mis relaciones habanera doy con el nombre del actor de teatro cubano Ramón Díaz, que vive en México. Alumno de Adela y de su esposo, Carlos Piñero. me cuenta con gran cariño que en muchas ocasiones estuvo invitado a su casa de La Habana, donde Adela tenía “collares de santos ornamentales en las paredes así como muchos objetos exóticos”.También me relata que fue amiga de un conocido santero de la época llamado Trinidad Torregosa, “padrino” de varios artistas cubanos del famoso Tropicana. Hasta hace poco tiempo nada sabíamos de la existencia de Adela, pese a que ella y mi padre eran hermanos, aunque de diferentes madres. Casi mediado el mes de agosto, nos llega a través de Ramón Díaz Hernández la noticia del fallecimiento, en Madrid, de la tia Adela. El diario español ABC lo confirma: “Un infarto acabó la madrugada del pasado domingo con la vida de una de las más sutiles e innovadoras actrices y maestras de actores de la segunda mitad del siglo XX español. Adela Escartín”

Mientras ella esperaba la muerte en un geriátrico de Madrid, nosotros pudimos reconstruir su vida, llena de éxitos y alegrías, que tuvieron a Cuba como principal referente.

Ramón Díaz Hernández me la ha evocado con estas palabras:

“Yo entre  en el teatro guiado por la  estrella de su  mito. En la Escuela  de  Instructores de  Arte (de La Habana), donde nos enseñó los ejercicios  de despersonalización e  incorporar  objetos, de esta manera, nos convertíamos en una  mesa, una lámpara,  un espejo. Seguido de lecciones y reglas sobre  el arte que  no he  escuchado a nadie mas  en mi  vida. Mas adelante sus clases  de dirección teatral con conceptos  particularísimos”.Y termina con esta oración: “Si  yo  hubiera  estado  en Madrid  en su  sepelio hubiera puesto la  bandera de Cuba sobre  su ataúd, como tributo y agradecimiento” .Junto a Ramón, su pérdida ha sido llorado a los dos lados del Atlántico, en Cuba y en España. Alumnos agradecidos de la Real Escuela de Arte Dramático de Madrid le brindaron un último homenaje antes de que se la comiese el nicho que había comprado hacía un tiempo en un cementerio de la capital española.

En el diario ABC, me quitaron las palabras de la boca para cantarla: “Fue primera actriz, hizo radio y televisión, dirigió numerosas obras y su propio teatro, la Sala Prado 260. Con una belleza de la que dan pálida cuenta fotografías de juventud y madurez, y un poderío escénico indudable (que trató de inculcar en sus alumnos: ser conscientes de la capacidad para fascinar y atraer toda la atención del público), triunfó en montajes como «El tiempo y los Conway», «Calígula» o «Los endemoniados», aunque las más celebradas fueron su creación de «Yerma» y sobre todo la de «Juana en la hoguera», una irrepetible Juana de Arco escenificada ante la fachada de la catedral de La Habana. Entre sus admiradores más ilustres se contaron Alejo Carpentier, Lezama Lima y Fidel Castro”.

Adiós, tía Adela.