Chifla el mono y los cubanos rien

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal

La Habana

No sé el origen de este dicho, pero la temperatura ha bajado al punto de hacer innecesarios los ventiladores, los abanicos, y los cubanos buscan en sus roperos los atuendos más diversos, hartos de transpirar durante casi todo el año que se va. “Está chiflando el mono”, repiten los más viejos. Diciembre es un mes especial porque por lo general las penas se guardan, el ambiente nacional se relaja, se imponen esos 22 o 24 grados sobre cero que aquí es invierno, y los isleños sienten que en un país sin otoños ni primaveras, es momento de hacer algo distinto.

Hay quienes se resisten a dejar los pantalones cortos y las chancletas, aunque aun así buscan igualarse a las imágenes de la helada Europa que les llegan desde la televisión, y visten anoraks con capucha sobre la cabeza y algunos lucen hasta guantes en las manos.

Las que tienen mucho que mostrar acuden al algodón bien ceñido al cuerpo, haciendo despampanante sus desplazamientos por las calles y los jóvenes –no sé cómo lo logran- visten igual que sus similares en New York o Paris, con cierto aire de despreocupación.

No faltan los que en cada barrio hacen alarde de no sé qué y se pasean sin camisa ni pullover, como si fuera tiempo de playa, siempre a la espera de que alguien les grite: ¡ Coño, asere, no tienes frío!, y los ancianos se envuelven en desgastadas túnicas, sin ánimo para salir de casa.

Llegó el tercer frente frío de la temporada a Cuba y la gente en mayoría abrumadora lo agradece, porque temperatura baja aquí también es antesala de Navidad y fin del año, aunque la ciudad no parezca enterada a falta de adornos y faroles.

Ahora hay menos broncas y barullos cuando se acude al servicio de ómnibus urbanos siempre insuficiente, y a los taxis caros o baratos. Y oh, felicidad, desaparecen los gruñidos habituales por el empujón que nunca falta o el olor ácido de la transpiración constante del verano inmenso,  dejando paso al deseo de “¡Muchas cosas buenas para el nuevo año!, que te lanza a la cara la misma gente que ayer podía mandarte pal´carajo por un roce involuntario, cuando hay que moverse entre multitudes.

“Está chiflando el mono”, dicen las vecinas protegidas de un balcón al otro para acto seguido dar paso al último chisme de la jornada: el de Perico “que se está templando (follando) a la mujer de Nicolás” o del de Martínez que “se está haciendo una casa nueva”, sin que nadie sepa de dónde sacó los materiales, que dese el paso de Irma en septiembre solo están disponibles para auxiliar a los miles de damnificados que dejó ese maldito huracán con nombre de mujer en mucho más de la mitad del país.

Llegó el invierno caribeño y la gente cambia de humor como de ropa, hay sonrisas. Las broncas disminuyen o se diluyen entre rones, porque ahora beber un buen trago de añejo es gloria que se comparte con cualquiera.

La prensa nacional sigue reproduciendo noticias de todos los colores y la propaganda oficial no ha sido advertida de que estamos en fin de año. Conflictos por allá, sobrecumplimiento de planes económicos aquí. A toda máquina continúa el festival internacional de cine de cada diciembre, con las salas oscuras repletas.

El mes 12 ha comenzado a despedirse y los cubanos, que visten hoy de invierno sin saber si mañana habrá calor, poco a poco van despojándose de las tensiones acumuladas, ríen más de lo habitual y dan gracias a que el mono chifle.