La noche de los lápices

Marcelo Aparicio | Sergio Berrocal Jr

Argentina, que no destaca generalmente por aportar buenas noticias, ha dado una lección al mundo. La condena de los más abyectos criminales, autores de miles de crímenes arrojando desde el aire y con vida a personas – mayormente jóvenes—al Río de la Plata para que “desaparezcan” sin dejar rastros, ha sido una gran lección de la justicia de ese país sudamericano. Lo de la lección no lo digo yo porque se me ocurriera al conocer la noticia. Se la escuché a un contenido emocionado Juan Diego Botto, actor español que reside en España desde sus tres años, cuando debió exiliarse después que desapareciera su padre, también actor. Destacó que era una lección porque el proceso, largo y costoso, se realizó en el mismo país donde ocurrieron los graves hechos y eso era inédito en el mundo entero. Se produjo después de 40 años de sucedidos los hechos y salvando las leyes de perdón, las de pretendido olvido, las de punto y final, que intentaron desbaratar este proceso reclamado por familiares y sobrevivientes de los horrores vividos durante la sangrienta dictadura, que utilizaba la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (la siniestramente histórica ESMA) para cometer estos crímenes de lesa humanidad. Los relatos y testimonios ponen los pelos de punta y llevan a las naúseas, cuando no al vómito. Es imposible explicar cómo, en nombre de la “defensa dela patria”, estos militares pudieron llegar a urdir una manera tan inhumana (no se puede decir animal para no ofender a esa categoría) , después de definirla, llevarla a cabo con una frialdad que raya la locura.

Vaya un homenaje a esas víctimas, un aplauso a esos familiares, una alabanza a la valentía de los sobrevivientes que hicieron posible esta decisión que, si bien no recupera las vidas salvajemente destruídas (con tremendos daños colaterales) , si es como una caricia, al decir de Botto, después de tanto sufrimiento en la lucha por la verdad y la justicia.

En mi caso personal, no viví esta experiencia en Argentina, dado que vine a Europa en 1970, pero desde que se tuvieron las primeras noticias de estos horrores que pasaban en mi país (y que muchos de mis compatriotas no querían ver y fui varias veces repudiado por quienes venían de viaje mientras eso sucedía), lo he sufrido a pesar de la distancia. Nunca olvidaré aquella madrugada que debí ir a urgencias cuando estaba leyendo los primeros capítulos del libro “La noche de los lápices”, cuya lectura me hundió en un proceso ansiolítico y debí abandonar el libro por la recomendación médica.

Es lo más horroroso que recuerdo haber leído en mi vida. La historia de un grupo de chicos adolescentes que caen en las garras de estos desalmados defensores de la patria. Por esos chicos me alegro hoy, conociendo la noticia de la sentencia.

Un grupo de estudiantes, fueron secuestrados después de una fuerte represión en septiembre de 1976 en La Plata (provincia de Buenos Aires) cuando se movilizaban  por el boleto estudiantil, considerado “un acto subversivo en las escuelas” por los militares en el poder. Reclamaban por una reducción en el precio de los billetes de transporte para estudiantes..

Los chicos fueron secuestrados en sus viviendas, trasladados a diversas comisarías y centros de detención y brutalmente torturados. Cuatro de los diez estudiantes sobrevivieron al horror

El caso tomó notoriedad pública en 1985, tras el el testimonio de Pablo Díaz, uno de los sobrevivientes,  cuyo relato se convirtió en el guión de la película “La noche de los lápices”,, dirigida por Héctor Olivera, basado en el libro homónimo de María Seoane y Héctor Ruiz Nuñez.

Autor entrada: onmagazzine