Aquellos años de Paseo Recoletos, 16

Sergio Berrocal Jr | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Corrían los años ochenta, época de la contracultura surgida durante los primeros años de la Transición de unaEspaña posfranquista. En aquel entonces, un sevillano llamado Felipe González tomaba las riendas del país. Adolfo Suárez, hombre clave de la transición política española, cedía el poder a Leopoldo Calvo Sotelo. Estábamos en plena época de las musas del destape; Un destape representado en cierto modo por una revista española que marcaría una revolución dentro del llamado periodismo de investigación. En 1980 “Interviú” rompe todos los moldes morales establecidos cuando aterriza en los kioscos con su más que “histórica” portada. La vocalista del grupo musical español Olé Olé, Marta Sánchez, aparecía totalmente desnuda y en su interior la revista titulaba: “España se volvió loca con Marta Sánchez”. De una forma u otra, una sociedad, la española, empezaba a cambiar.

Por aquel entonces el Paseo de la Habana de Madrid amanecía al son del “Último de la fila” y de los goles de aquella plantilla del Real Madrid capitaneada por Hugo Sánchez y Emilio Butragueño.Estábamos a pocos metros de Calle Apolonio Morales 31 y desde allí se oía como aquel equipo blanco marcaba la historia del Santiago Bernabéu. No hacía falta comprar una entrada para asistir a aquel gol ante el Logroñés, pues aquella chilena espectacular del mexicano resonó en aquel estadio situado en plena avenida de Concha Espina.

Así fue como empezaron mis primeras impresiones de una época nueva para España y yo inmerso en el medio periodístico; literalmente lo he mamado desde bien pequeño. Recuerdo perfectamente cuando con doce o quince años subía aquellos siete pisos del Paseo de Recoletos 16. Allí tenía su sede la sucursal española de la Agencia France Presse, capitaneada por el periodista francés Bertrand C. Bellaigue.

En aquellos momentos, los corresponsales estaban sumergidos por la lenta agonía de Salvador Dalí. Aquel maravilloso personaje, orgullo de la pintura universal, no terminaba de morir. Era como si hubiese hecho un pacto con la misma muerte.

Recuerdo que por aquel entonces uno de los informadores que solía cubrir el festival de San Sebastián, Javier Celigüeta, decía con cara de pocos amigos: “Este pintorcito va a ser un dolor de muela. La puta que lo parió…” Rodeado por el humo de un cigarrillo Habanos a medio fumar, aquel delgaducho hombrecito tecleaba una de las tantas versiones que no terminaba de entregar a su director adjunto. De repente, el veintitrés de Enero de 1989, aquel “pintorcito” se apagaba, dejando por fin a aquel cronista entregar su nota definitiva.

Con la desaparición del inmenso pintor Salvador Dalí llegaban otros tiempos y otra forma de entender la sociedad española. Aquella juventud ochentera se dejaba ahora seducir por Telecinco y su programación estrella, en la cual destacaban “La quinta marcha” (presentado por Jesús Vázquez) y la serie norteamericana del momento, “Beverly Hills”.Recuerdo que por aquel entonces un periodista almeriense, Rafael Martínez Durbán, escribía y presentaba un libro titulado “En la sombra del Rey”. Recuerdos de sus viajes como periodista encargado de esa misión en Televisión Española.

En los alrededores de aquel apartamento de Apolonio Morales era muy frecuente cruzarse con uno u otro artista pues a pocos metros de casa se situaba un restaurante de comida casera de altos vuelos llamado Arichuna que estaba presidido por dos estatuitas, una mezcla de sol con dragones mexicanos regado por una entrada de grandes hortalizas al cual volví a ir veinte años después de haber dejado el barrio para ser mayor.

No lejos de ese restaurante, en una esquinita existía un pequeño kiosco de color gris, donde solía comprar los periódicos el fin de semana. En ese emplazamiento se levanta hoy un banco y una agencia de artistasSubido en el autobús que recorre la calle de Apolonio Morales decido bajar hasta la avenida Concha Espina cerca del Santiago Bernabéu para adentrarme en aquel barrio de Serrano en el cual cursaba yo lo que antiguamente se llamaba séptimo y octavo de EGB. No lejos del colegio hispano-alemán me detengo frente a un edificio grande y blanco para comprar algo en un kiosco a pocos metros de la parada de autobús.

En ese lugar estaba mi antiguo colegio, el cual hacia esquina con una de las primeras casas de Isabel Preysler y donde solía cruzarme con una pequeña Tamara Falcó que solía ir de uniformen y falda a cuadritos. Hoy esta chiquitita niña se hizo grande y aquellas trenzas y ojos marrones dieron paso a una bella y refinada mujer de la alta sociedad madrileña.

Poco después, abandonaríamos Europa con dirección a una capital llamada Brasilia donde me formé como periodista, pero lo que paso en aquella ciudad del sueño forma parte de otro cuento que algún día relataré Sin embargo, aquellos cinco años pasados en Paseo Recoletos 16 permanecen en mi memoria como largos e inolvidables momentos.

Autor entrada: onmagazzine