Un año después de Fidel Castro, más preguntas que respuestas

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr

La Habana

Dentro y fuera de Cuba, Fidel Castro sigue generando elogios, críticas y polémicas como si se mantuviera al mando de la nación, como si sus cenizas no se encontraran en lo hondo de una enorme roca de granito en el campo santo de Santiago de Cuba, donde descansan los próceres. Murió el 25 de noviembre pasado y sus partidarios repiten que él es la razón de ser de todo lo que para bien ha ocurrido en el país, cuando son más las preguntas que las respuestas acerca del futuro del socialismo al estilo soviético que él fundó. ¿Trascenderá el socialismo cubano –único en Occidente- a la muerte de sus fundadores, como la Iglesia católica a sus Papas?.

Con la intención de seguir un camino similar al de su hermano, el presidente Raúl Castro –86 años- encabeza una compleja política de cambios económicos, que puso en marcha después de asumir la jefatura de la nación en 2006, cuando Fidel se apartó de la vida pública por razones de salud.

Oficialmente se asegura que Cuba “avanza en la dirección prevista” y “el cambio generacional” anunciado a partir de febrero de 2018 –cuando Raúl entregaría la presidencia de la república como resultado de los comicios generales- “está garantizado” por las nuevas generaciones. Las transformaciones apuntan a un “socialismo próspero y sostenible”, según se afirma.

No obstante, la cotidianidad es menos categórica. Entre los ahora septuagenarios que siguieron a Fidel sin escatimar sacrificios ni riesgos, los sentimientos son encontrados. “No veo que avancemos como dice Granma (el periódico del Partido Comunista), ni siento que la gente esté optimista”, consideró el ingeniero Rodrigo F., mientras Guillermo M., tendero, opinó que “vamos bien, paso a paso, sí, pero bien”.

En las nuevas generaciones se registra en tanto una tendencia que favorece más el pragmatismo económico que el compromiso político. “Yo lo estoy echando todo en este negocio (alquilar a turistas un Chevrolet descapotable de 1959), ahora, si el gobierno me cierra (desde hace tres meses está detenida la entrega de nuevas licencias para el trabajo privado), me voy pal`carajo, porque no me queda nada que hacer en este país”, comentó Reynaldo P. 38 años, Licenciado en Economía.

Los cambios permitieron el resurgimiento de mini empresas privadas y cooperativas como complemento de la predominante gestión estatal, manteniendo el sistema de partido único. Los nuevos sectores abarcan 23 por ciento de la fuerza laboral activa, generan los mayores ingresos personales y han agudizado las diferencias sociales.

El año anterior la economía cerró con un decrecimiento de 0.9 por ciento y el gobierno admite que para enraizar su nueva política necesita un crecimiento sostenido de 5 por ciento, para lo cual requiere unos dos mil 500 millones de dólares de inversión extranjera directa anual, algo a lo que todavía se aspira.

Cuba es considerada una plaza de “alto riesgo” para la inversión extranjera, categoría reforzada por la agresividad del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, luego del inédito deshielo iniciado en diciembre de 2014 por los mandatarios Raúl Castro y Barack Obama, que siguió un curso ascendente hasta que el republicano se instaló en la Casa Blanca.

A un año de su muerte, el pensamiento político de Castro sigue desplegado. “¡Yo, soy, Fidel!” corean los jóvenes que asumen su legado en cuanto acto de recordación se realiza. Las consignas de su época se mantienen en un país que durante casi seis décadas aprendió a subsistir enfrentando a Washington y ha desarrollado una cultura de resistencia.  Pero los tiempos cambian y parecería que la gente aspira hoy a algo más que subsistir.

Hay cubanos que dicen haber pagado el equivalente a 200 dólares por el turno para solicitar una visa, viajar a cualquier país cercano, importar productos que escasean en la isla y revenderlos después. En estos momentos, la red de tiendas del Estado –única en el país- no comercializa mini split (acondicionadores de aire) que en el mercado negro son vendidos a unos 700 usd (el precio de costo en México, por ejemplo,  ronda los 300 usd). El salario medio mensual en 2016 fue equivalente a 29,6 usd.

Y en este contexto contradictorio –Cuba produce casi todos los medicamentos básicos que necesita, pero estos escasean por dificultades en la contratación en el exterior de materias primas a causa del embargo de EU y la pobre disposición de moneda fuerte-, el anticastrismo ve al fin “una buena coyuntura” para revertir el curso abierto por Fidel Castro y apuesta fuerte a que Trump acentúe las tensiones y la situación interna se transforme en una olla de presión, sin válvula de escape.

Los indocumentados cubanos fueron los únicos en gozar durante décadas de acogida casi automática en la Unión Americana –eran considerados “perseguidos políticos”-, pero Trump dio el portazo y si quieren ahora ir de visita o buscar allá una mejor vida, deben hacer las gestiones de visado, personalmente, en cualquier país que no sea su tierra natal.

Las alternativas a los cambios de Raúl Castro son varias. Algunos intelectuales hablan, sin sustento alguno en la isla, de un “socialismo democrático”, con menor peso del Estado en la vida nacional y la autogestión empresarial como presunta fórmula salvadora. A nivel de calle hay quienes sueñan con conciliar “lo mejor del socialismo y del capitalismo”, asociando el libre mercado a la educación y la salud públicas, así como a las políticas de protección social todavía vigentes Y el anticastrismo insiste en volver a cuando todo comenzó en 1959, con libre empresa, apertura al capital transnacional y multipartidismo incluido.

Fidel Castro sigue siendo un paradigma para la izquierda dentro y fuera de la isla, pero está por ver si sus herederos políticos serán capaces de aglutinar en las condiciones actuales –parecidas y al mismo tiempo distintas a cuando todo comenzó- a las nuevas generaciones y mantener el rumbo que él marcó.

 

 

Autor entrada: onmagazzine