A la sombra del Maestro Bimba

Sergio Berrocal Jr | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Largo tiempo perseguido por el Estado, los entonces bandoleros de la ley, hoy conocidos como capoeiristas, deben su fama y tributo a un hombre nacido y forjado en el nordeste brasileño, Manoel do Reis Machado Mestre Bimba, que vive hoy en la memoria de todo practicante de la capoeira, ese arte marcial que los esclavos brasileños disfrazaban de baile folclórico para que no se lo prohibiesen sus amos portugueses. Era el único arma que tenían para defenderse de las brutalidades de los conquistadores que se apoderaron de Brasil a partir de 1500.

La capoeira es mucho más que un deporte, mucho más que un arte marcial, es música, expresión corporal, belleza, potencia,… en definitiva, una armoniosa mezcla de todo ello. Sus orígenes son oscuros y están rodeados de un aura de leyenda… El mito nos cuenta que en un principio significó una bandera de libertad para los esclavos africanos.

Todo comenzó hace casi cinco siglos, cuando los portugueses se dieron cuenta de que era imposible esclavizar a la población nativa de los territorios americanos bajo su dominio; los indígenas escapaban y huían a sus casas, cuando no perecían sin más.

Así pues, decidieron embarcar esclavos africanos procedentes sobre todo de Sudán, Mozambique, Guinea, Congo y Angola, hacinándolos en barcos “negreros” y trasladándolos al Brasil; durante estos viajes a través del Atlántico, se les negaba las más elementales condiciones de salubridad y muchos de ellos (se calcula que un 40 % incluidos niños y mujeres) morían durante el trayecto.

Es algo que no debe extrañar a nadie ya que, como factor añadido a las inhumanas condiciones físicas del viaje, debemos considerar la terrible tortura psíquica a que se veían sometidos estos hombres y mujeres privados por completo de su libertad y llevados contra su voluntad lejos de su hogar. Según los cálculos, el número de seres humanos vejados de esta forma tan inhumana alcanzó la escalofriante cifra de cuatro millones.

Se convirtió en práctica habitual corromper a los jefes tribales a cambio de tejidos, joyas, metales preciosos (sobre todo oro y cobre), armas, tabaco, algodón, etc., a cambio de esclavos. Aquellos que sobrevivían al viaje (lo cual de por sí ya era una auténtica hazaña) se disponían a vivir otro infierno en el continente americano.

Bajo el cruel látigo de los capataces en las plantaciones únicamente conocían trabajo agotador de sol a sol y castigos como recompensa a su esfuerzo. Así, no es extraño que la esperanza media de vida en esclavitud fuera sólo de 7 a 10 años. En realidad, la reacción de la población negra sometida frente a estos abusos era tan radical que convirtió algo tan extremo como el suicidio en habitual, mientras se fomentaba cada vez más la negativa a tener hijos, por razones obvias.

En el contexto de las plantaciones, los esclavos negros disponían de un solo día a la semana en que podían cultivar la tierra para sí mismos, para su propia subsistencia; no tenían ningún otro tipo de pago ni forma de sustento. Debido al esfuerzo que se veían obligados a realizar día tras día, los negros de las plantaciones habían adquirido un desarrollo físico, sobre todo muscular, muy acentuado.

Fuerza y agilidad eran cualidades que poseían en grado sumo, lo cual les convertía en grandes combatientes potenciales cuerpo a cuerpo y les proporcionaba un elemento importante de defensa y de cohesión a través del desarrollo de la lucha que más tarde se convirtió en la capoeira; sus creencias y ritos sobrevivían disfrazados de inocentes danzas y festivos cantos. La Capoeira (que en las lenguas Tupy y Guaraní significa “campo”, concretamente el lugar a través del cual los esclavos escapaban de sus perseguidores blancos) se convirtió en una forma de lucha contra los opresores, un símbolo.

En el siglo XVII, aprovechando el conflicto portugués con los holandeses, aparecen los primeros intentos de insurrección de los esclavos; algunos de ellos se refugian en los bosques creando auténticas comunidades denominadas “quilombos”.

Una de esas comunidades, situada en Palmarés, llegó a constituirse casi en un verdadero estado africano que consiguió sobrevivir durante casi cien años sometido originalmente a su rey “Ganga-Zumbi”, un auténtico mito, estandarte de la libertad, descendiente de una princesa africana; su población alcanzó los 20.000 habitantes y se cree que fue aquí donde surgió la Capoeira tal y como la conocemos. El recuerdo de su primer “rey” aparece en el nombre del grupo “Furia de Zumbi”. La Capoeira pudo haber sido la forma de lucha por excelencia dentro de esas comunidades.

Durante el siglo XIX se prohibe la Capoeira y cualquier tipo de manifestación cultural de las comunidades africanas, en un intento de destruir dicha cultura en aras de un dominio absoluto por parte portuguesa. La Capoeira era muy peligrosa potencialmente como elemento de cohesión.

Hay multitud de teorías acerca del origen de la Capoeira, ninguna de las cuales ha podido ser probada hasta la fecha. Una de ellas afirma que la Capoeira fue un estilo de lucha, un arma, disfrazada como danza con el objeto de no levantar suspicacias entre los blancos…otra, sin embargo, asegura que formaba parte de un ritual de iniciación de los Mucupus, del sur de Angola…otra, en fin, contempla la Capoeira como una mezcla de todas aquellas danzas de diferentes tribus africanas prohibidas por formar parte de la afirmación nacional de las mismas.

Con la abolición de la esclavitud a finales del siglo XIX, los capoeiristas pasan a ser seres marginados que no tienen lugar en la nueva sociedad; muchos de ellos se agrupan en bandas y se convierten en delincuentes comunes, en peones a sueldo de las distintas mafias o incluso en guardaespaldas de políticos. Sin embargo, pueden diferenciarse dos zonas fundamentales con dos maneras distintas de entender la Capoeira: en Río de Janeiro es ahora el arma favorita del mundo criminal, mientras que en Bahía, donde se seguía entendiendo como un ritual, era habitual la formación clandestina ya que estaban prohibidas- de “rodas” (sesiones de Capoeira con el imprescindible acompañamiento musical del berimbau).

De todas formas, a principios de este siglo, capoeirista y criminal eran prácticamente sinónimos, habiéndose desvirtuado el alma de este deporte, que se convierte en instrumento de la violencia. Conclusión: la Capoeira es declarada ilegal durante más de cuarenta años.

Así las cosas, pasó mucho tiempo hasta que, ya en el segundo cuarto de nuestro siglo, dos grandes personalidades devolvieran a la Capoeira su dignidad perdida. Los casi míticos Mestre Bimba y Mestre Pastinha son las dos figuras clave en el desarrollo de la moderna Capoeira. Este deporte, tal como lo conocemos actualmente, sería impensable sin sus aportaciones.

Mestre Bimba, Manoel dos Reis Machado nació en Salvador, Bahía, el 23 de noviembre de 1900, en el barrio de Engenho Velho. Su sobrenombre se lo ganó, según solía contar, debido a una apuesta hecha entre su madre y la comadrona que iba a asistirla. La madre, doña Maria Martinha do Bonfim, apostaba que daría a luz a una niña. La partera porfiaba con todas sus fuerzas que sería un varón. Apostaron y perdió doña Maria. El hijo de auqel parto, Manoel, ganó el apodo que le acompañaría durante toda su vida. (Bimba es el nombre que en el lenguaje popular de Bahia se da al órgano genital masculino). Era hijo de Luís Cândido Machado, batuqueiro famoso del barrio (batuque – “la lucha brava, con quedas, con la cual el sujeto lanzaba al otro al suelo” – Diccionario Capoeira do Brasil).

Comenzó a aprender capoeira con 12 años de edad, en la antigua Carretera das Boiadas, hoy barrio da Liberdade, en Salvador, con un africano llamado Bentinho, capitán de la Cia. de Navegação Bahiana. Se convirtió en un eximio practicante de la capoeira en su forma tradicional, destacándose por la espectacular habilidad combativa. En la época en que comenzó a practicar, la capoeira aún era bastante perseguida, y Bimba contaba: “En aquel tiempo, la capoeira era cosa de  traperos, estibadores y pillos. Yo era estibador, pero fui un poco de todo. La policía perseguía a un capoeirista como se persigue a un perro rabioso. Para tener una idea de cómo era la cosa piense que uno de los castigos que inflingían a los capoeiristas que caían en manos de la policía era amarrarlos por los puños a la cola de dos caballos. Los animales partían al galope hasta el cuartel de la policía. Por ello los negros comentaban riendo que era preferible pelear cerca del cuartel, ya que así evitaban prolongar el suplicio, que a veces terminaba en la muerte.

Con el tiempo, harto de que la capoeira se hubiese transformado en un pasatiempos para turistas inventado por pseudo capoeristas, que por unas monedas se exhibían en las plazas públicas, Mestre Bimba introdujo modificaciones importantes en los códigos de la capoeira, con lo cual se ganó el apodo de ”Lutero de la Capoeira”.

Fue el primer capoeirista que tuvo la idea de instalar una academia de capoeira, en 1932, en Engenho Velho de Brotas, y el primero que consiguió el reconocimiento oficial de las actividades que se desarrollaban en el llamado Centro de Cultura Física y Lucha Regional, “en un período en que Brasil se encaminaba hacia un régimen de fuerza y que las leyes penales consideraban a los capoeiristas como delincuentes peligrosos”. Esta fue la razón por la que la palabra “capoeira” no aparecía en el registro oficial. Hasta tal extremo que la enseñanza de la capoeira que él impartía fue calificada por la entonces Secretaría de Educación, Salud y Asistencia Pública como “enseñanza de educación física”.

Sus innovaciones (entre las cuales estuvo la introducción de una metodología de enseñanza) originaron una “nueva visión de mundo” en el ambiente de la capoeira. A partir de sus modificaciones la capoeira comenzó a ganar alumnos de la clase media blanca. Con el paso del tiempo, Mestre Bimba dio aires atléticos al juego e incluso atrajo a las mujeres, hasta entonces excluidas de esta lucha.

En el año 2005 la capoeira renace no sólo en Brasil sino en otros lugares del mundo donde jóvenes y menos jóvenes descubren esta manera de luchar aliada a la música perdida en el tiempo tiene el encanto de lo prohibido.

 

 

Autor entrada: onmagazzine