El escupitajo de Donald Trump a Hemingway

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr

“La administración de Donald Trump prohibió a compañías de Estados Unidos hacer negocios con unas 180 empresas cubanas que considera vinculadas a las fuerzas armadas y que los viajeros estadounidenses se alojen en instituciones como el hotel Ambos Mundos de La Habana, lugar preferido de su compatriota Ernest Hemingway (1899-1961).”Este es el tuétano de la crónica que el compañero Manolo Somoza transmitió a la revista digital NOM el miércoles por la noche.

Ya no es que pueda uno sorprenderse de las atrocidades que se le ocurren a Donald Trump, al que los norteamericanos tuvieron la feroz idea de llevar a la Casa Blanca hace cosa de un año. Desde entonces el mundo le mira aterrorizado aunque estemos a diez mil kilómetros de sus geniales ideas.

Pero esta vez se le ha ido la olla. Todos sabíamos del odio que siente por Cuba, que probablemente le viene de que nunca le llevaron a divertirse a La Habana cuando Cuba era el sumidero de los yanquis gracias al sargento Batista. Un militar que no tenía la gracia del sargento García que tan bien secundaba a nuestro guapo Zorro.

Por cierto, ¿se han dado cuenta de que ya no se lleva este personaje? Desde que Trump tiene la salten por el mango en Hollywood no hay más que superhéroes y algunos actores como el excelente Kevin Spacey que se encuentran de pronto liado como un trompo por causa de sexo mal avenido.

Era también un día de noviembre, que en Europa es el día de los muertos. Me levanté muy temprano para enterarme de los últimos resultados de las elecciones de Estados Unidos y no tardé en recibir un mensaje de una bella amiga que tengo al ladito de Washington y que casi lloraba. Se me pasaron por la cabeza algunas de las películas del cine negro negrísimo alemán de los años treinta como la más que siniestra “M. el vampiro de Dusseldorf”. ¿Recuerdan a la deliciosa niñita rubia y a su globo a la que acabará violando el Peter Lorre de toda la cinematografía?

Aunque los europeos apenas si habíamos visto a Trump, en seguida se me superpuso a la suya la imagen más terrible de Peter Lorre, aunque en mi medio sueño del amanecer no había bandidos para acabar con él.

¡Pobre Peter Lorre! Y yo comparándolo con otro actor de quinta categoría y mecha pelirroja que acababa de hacer su entrada triunfal en Washington…

Mientras el Presidente de los Estados Unidos (¡qué incongruencia!) asusta a los asiáticos prometiéndoles todos los infiernos negros si no se portan bien, sus empleados en Washington vuelven a meterse con Cuba, sin tener en cuenta que ya los cubanos tienen bastante con el maldito embargo que apenas les deja lugar para menearse.

Ya lo cuenta Manolo Somoza. 180 empresas cubanas penalizadas porque, según Washington, están en manos de los militares cubanos. ¿No se han fijado en las ayudas multimillonarias de EEUU a Egipto donde todo el poder económico está en manos de los militares desde tiempo de los faraones?

Pero ¿cómo se les ocurre a esos ignaros de Washington incluir entre sus dianas de corrección económica al Hotel Ambos Mundos? Fue el lugar preferido de Ernest Hemingway, el más grande novelista que jamás parió Estados Unidos, donde escribió, concibió probablemente algunos de sus grandes personajes. En la habitación 511 de este hotel sin grandes lujos, Hemingway dicen que puso la palabra fin a “Muerte en la tarde” y probablemente mirando a la calle Obispo redactó las primeras páginas de la que es sin duda una de sus mejores obras, “Las verdes colinas de Africa”.

Saco estos datos de la publicidad del hotel en Internet porque confieso que nunca he vivido en ese hotel, pese a que adoro a aquel que fue su huésped de los años treinta. He sido siempre suficientemente presuntuoso para preferir el Capri y el Nacional. Prometo que si algún día vuelvo a Cuba haré penitencia en una de las habitaciones de Ambos Mundos.

Pero no seamos lenguas viperinas. Los funcionarios norteamericanos están muy bien educados, salidos de las mejores universidades donde nada más que estudian los ricos y los alumnos que aunque sean zoquetes apuntan como promesas de cualquier deporte. Esa es la cultura norteamericana.

Cultura que se extiende a sus élites sentadas en el confort de sus despachos del ala oeste de la Casa Blanca leyendo las historietas cómicas de los dominicales porque la cabecita que se reparten entre todos no les da para más.

¿Y qué quieren que les diga? El pobre Trump ya tiene bastante con sus coreanos y con Melania que dicen que no le deja vivir. Como para pensar en Hemingway…

Claro, se me ocurre, de todos modos, no podía pensarlo porque no conoce a Hemingway más que de oídas y cree que en realidad tiene un puesto de perritos calientes a dos pasos de la Torre Trump allá por Nueva York.

¡Qué feliz es la incultura! Gracias a ella, Mr. President no se hará mala sangre porque hayan designado al Hotel Ambos Mundos de La Habana como diana de sus ardores.

Feliz regreso a casa, Mr. President. Le informo que todavía queda una casita que tenía Hemingway en Cuba y algunos lugares que le recuerdan. ¿Por qué no manda usted a algunos de sus simpáticos bombarderos selectivos y acaba con los recuerdos de un tipo que además era de izquierdas y que de haberle conocido a usted le hubiese escupido en la cara el más verdoso de sus gargajos?

 

Autor entrada: onmagazzine