El bolero americano

Rafael Lam | Maqueta Sergio Berrocal Jr

En el siglo XIX, asombrosamente, era más fácil la comunicación entre La Habana y Yucatán y entre Santiago de Cuba y los caribeños República Dominicana y Puerto Rico. Desde La Habana salían hacia Yucatán barcos cargados de música, trovadores, cómicos, actores, compañías teatro bufo. Desde 1811, nos cuenta Pablo Dueñas, llegó el bolero vía Veracruz, Yucatán. Esta crónica prueba que en 1894, el bolero cubano no se conocía aún afuera de Cuba y que Emiliano Blez y Sindo Garay se encargaron de iniciarlo.

Este primer bolero de Pepe Sánchez fue escrito con dos estrofas de cuatro versos en compás de dos por cuatro (2/4), fórmula musical tomada por sus alumnos seguidores: Sindo Garay, Alberto Villalón. Ambos llevaron el bolero a la capital habanera. Villalón era un bohemio que dirigía el Teatro Tívoli. En 1900, con el Cuarteto Villalón, expertos en guarachas y boleros, viajó como embajador musical, a México donde da a conocer el bolero, especialmente, Tristezas (conocido en México como Un beso / 5 de julio de 1907). “Cuando yo trabajaba en los bares del puerto de Veracruz –dijo Agustín Lara a Sindo Garay en La Bodeguita del Medio- me llamaban enormemente la atención los boleros que escuchaba en boca de pescadores y marinos cubanos, con ese estilo desconocido hasta entonces”.

México

La compañía de variedades de Raúl del Monte de tipo bufo-cubano, llevó en dos ocasiones a México los Trovadores Villalón, Adolfo Colombo y Miguel Zabala, entre 1902 y 1904. La semilla que sembraron fue decisiva ya que en el “Ruiseñor Yucateco” cancionero meridiano publicado en 1908, aparecen las letras de algunos boleritos y entre ellos se encuentra “Tristezas“, de Pepe Sánchez, lo que indica la popularidad de ese bolero en México. Algunos boleros se anunciaban como guarachas, pues no era fácil acoplarlos a este género, muy en boga en la Blanca Mérida de principios de siglo. El legendario Cirilo Baqueiro Chan Cil, hizo muchas canciones de ese ritmo cubano.

En ese importante año de 1907, Villalón dirige en La Habana el Parque de Diversiones Palatino y organiza la revista musical “El Triunfo del Bolero“, en el Teatro Alhambra. Cuando en 1907 la compañía Víctor instala una planta de grabación en la capital, el trovador Adolfito Colombo (español nacionalizado en Cuba) graba un grupo de danzas, guarachas y boleros, el título “La Clave de Triunfo del Bolero“, escrito por Villalón, que indica el auge del género por esos años.

La danza mexicana (influida por la Habanera “de La Habana”) se fue transformando hasta dar lugar a un bolero hecho en México, con la impronta del bolero cubano. Ya en la década de 1920 comienza el auge de los compositores mexicanos, abre el fuego: “Morenita mía“, Armando Villareal; le siguen “Presentimiento“, Emilio Pacheco; “Ella“, Domingo Casanova; “Beso de muerte“, Pepe Martínez. Pero el bolero que impulsa definitivamente el género en México es “Nunca“, de Guty Cárdenas, que después se llevó al estilo de cha-cha-chá, por Jorrín con la Orquesta América.

La culminación la alcanza Agustín Lara, monstruo sagrado del bolero mexicano: “Imposible“, “Mujer“, “Santa“, “Señora“, “Tentación“, “Piensa en mí“, “Aventurera“, “Lamento jorobo“, “Oración Caribe“, “Palabras de mujer“, “Veracruz“, “Humo en los ojos“, “Pecadora“, “Solamente una vez“, “Palmeras“.

Le seguirían clásicos: María Grever, Alfonso E. Otea, Gonzalo Curiel, Los Cuates Castilla, Hermanos Martínez Gil, Wello Rivas, Pepe Guzar, Mario Claves, Vicente Garrido, Luis Alcaraz, Chelo Velásquez, Federico Baena, Álvaro Carrillo, Fuentes y Cervantes, Roberto Cantoral, Armando Domínguez, Armando Manzanero.

Puerto Rico

A Puerto Rico el bolero llega a través de las compañías de teatro bufo y espectáculos circenses. Emiliano Blez –discípulo de Pepe Sánchez- contó que “En 1894, cantando con Sindo Garay, trabajábamos de acróbatas en el Circo Caballitos de Griñán y durante una gira con la Compañía a Puerto Rico, conocimos allí a Juan Morell Campos, famoso compositor. Le cantamos un bolero a Morell, le gustó y nos pidió escribir en partitura aquello desconocido para él. No pudimos hacerlo, porque no sabíamos escribir música, éramos músicos de tradición oral, y el señor se desconcertó…”

Después de esta experiencia el bolero se fue arraigando como una musica nacional.  Llegaban por vía de trovadores y en grabaciones de discos que comenzaban a grabarse. La emigración masiva de puertorriqueños a Nueva York también fue vía de conexión con el bolero cubano de trovadores que grababan en los EE.UU.

El creador más connotado de boleros es Rafael Hernándezque vivió en La Habana de 1919 a 1926, importante momento de bolero-son en la capital cubana.

República Dominicana

En 1894 los trovadores Sindo Garay y Emiliano Blez llegan a Puerto Plata como integrantes del Circo Caballitos de Griñánen gira por el Caribe. Sindo Garay cuenta a su biógrafa Carmela de León que en 1895, “En Santo Domingo me reuní con los cantadores y allá milagrosamente me encontré con José Martí”.

Fruto del bolero aparecen compositores como Juan Lockward, Luis “Billo” Prometa, Luis Kalaff (“Amor sin  esperanza“), cantado por Celio González, con La Sonora Matancera. Recordamos al cantante Alberto Beltrán que vivió en Cuba. Los actuales Víctor Víctor, Sonia Silvestre y Juan Luis Guerra tienen en sus bachatas interpretadas y grabadas, la herencia del bolero santiaguero.

Panamá

El bolero llega a Panamá, por vía de México y de Cuba, en discos, filmes y artistas visitantes. El primero que se destaca es Ricardo Fábrega. Carlos Eleta Almarán deja un bolero inmortal: “Historia de amor“, popularizado por Lucho Gatica. Avelino Muñoz, dejó boleros como “Maldición gitana“, “Irremediablemente solo“. Hay que hablar del cantante Camilo Rodríguez que vivió un tiempo en Santiago de Cuba. José Slater Badan compuso “Quémame los ojos“.

Venezuela

El bolero llega en la década de 1940, a través de la radio cubana y los discos y artistas visitantes. Surgen allí Aldemaro Romero, Los Billos Caracas Boys de Billo Prometa. Voces como Eduardo Lanz. Alfredo Sadel que tomó a Cuba como su segunda patria y grabó “Alma libre” con Benny Moré. Recordamos a Mario Suárez, Héctor Cabrera, que en los finales de 1950 y los inicios del 1960, fueron muy gustados en Cuba y en muchos países.

Colombia

Al igual que México y Puerto Rico, Colombia es uno de los países más amantes del bolero y la música cubana. Jaime Rico Salazar ha hecho un famoso libro “Cien años de boleros“, donde hace un resúmen de los boleros en Colombia y toda América latina. El primer bolero en Colombia le pertenece a Jorge Años, “Te amo“, grabado en Nueva York. Nombramos a Lucho Bermúdez que con su orquesta difundió muchos boleros. También es muy recordado, el compositor Álvaro Dalmar.

Ecuador

La primera figura notable Olimpio Cárdenas. No se olvidan al trío Los Embajadores, Pepe Jaramillo, Los Brillantes. En Cuba estuvo en el Festival Internacional Boleros de Oro, Patricia González, una voz muy personal.

Perú

El país de Chabuca Granda, “Del puente a la Alameda“, tiene muchos románticos. Muy popular en Cuba fue “Vanidad” de Armando González. “Mario Cavagnaro”, cantado por Orestes Macía. Valioso es el cancionero Maria de Jesús Vázquez.

Chile

Alfonso Ortiz Tirado, Juan Alvisu, José Mujica, Antonio Prieto, Arturo y Lucho Gatica, voces que cantaron boleros de Francisco Flores y de muchos latinoamericanos. Lucho fue la voz que, en la década de 1950 dominó el bolero en el continente, como después lo haría Roberto Carlos y Julio Iglesias con la balada hispana.

Argentina

El tango rioplatense al compás de dos por cuatro, su tempo cadencioso, su baile de pareja, sus letras sentimentales y trágicas con el influjo de la Habanera dejó el terreno abonado para el florecimiento del bolero. Muchos tangos, a su vez, se encuadraron en boleros en La Habana: “El choclo” (Blanca Rosa Gil), “Las 40” (Rolando Laserie). Leo Marini cantó muchos boleros en La Sonora Matancera en Cuba.

Como vemos, América Latina es un continente de boleros, boleros son sabor a ron, tabaco y azúcar cubano. Canciones de amor romántico y trágico, que se escucha con una cerveza entre espumas, con la camarera del amor, como dice un bolero de José Dolores Quiñones.

Es la más espléndida supervivencia de la tragedia griega, al decir de J.G. Cobo Borda. Es poesía de expresión modulada, apta para ser declamada melódicamente, compañera fiel de los pantalones de tubito, zapatos de dos tonos y los colorines que pueden apreciarse en los murales mexicanos, con la mirada seductora tropical que tenía María Félix, los discursos de Cantinflas, el lenguaje corporal de Tongolele, el glamour de María Antonieta Pons, los aretes que le faltan a la luna, la boca perfumada de champán que besa Rafael Hernández, el farolito que alumbra apenas las calles desiertas de Agustín Lara. Eso es el bolero cuando lo describe magníficamente el profesor barranquillero Adolfo González.

Estas son cosas que se aprenden en la calle en la cantina
copa tras copa bajo musical
de la victrola que te dice tantas cosas
y las mujeres que te mienten al besar.

Así dice un trágico bolero que cantaba Orlando Contreras.

Autor entrada: onmagazzine