Clave griega contra la DUI

 

La cuestión catalana en clave griega.

En este artículo, el subdirector de Economía de La Vanguardia, hace un profundo análisis de la situación que se está creando en las altas finanzas catalanas ante la amenaza de una posible declaración unilateral de independencia (DUI). Nos ha parecido interesante, con su autorización, incluirla entre nuestras aportaciones…

Manel Pérez | Maqueta Sergio Berrocal Jr

La alta finanza catalana, en coordinación con el Gobierno central, empezó a ejecutar ayer su mudanza simbólica desde Catalu­nya hacia el resto del Estado. Un tsunami que se abalanza sobre la anunciada declaración unilateral de independencia (DUI), ese horizonte político que tanto temor genera entre los financieros locales. Un auténtico misil contras su línea de flotación.

Salvando las muchas diferencias entre ambos casos, la situación, y lo que podría suceder los próximos días, recuerda la extraña crisis política y financiera griega del 2015. Recapitulemos. En el verano de ese año, el recién estrenado gobierno de Alexis Tsipras convocó un referéndum para rechazar el duro programa de rescate diseñado por la troika. Durante la campaña de esa consulta, las tensiones bancarias y la desconfianza desembocaron en un corralito que limitó las retiradas de dinero a 50 euros diarios. El 95% del electorado apoyó el no al plan de rescate. Pese a ese abrumador resultado, y sin solución de continuidad, Tsipras se puso a negociar un acuerdo con la troika incluso más duro que el inicialmente propuesto. El abismo de la salida del euro operó el súbito viraje del líder de Syriza y abrió el camino a un duro ajuste que aún está vigente.

El cambio de sede social de los dos grandes de las finanzas catalanas, en torno a los cuales se aglutina una buena parte de la burguesía catalana, acabará arrastrando a la mayor parte de las finanzas locales. Desde las aseguradoras a las casas de inversión, en general todos aquellos que están sometidos a algún tipo de tutela necesaria de los reguladores europeos y de la eurozona.

Los argumentos que los dos bancos han utilizado para este dramático traslado se resumen en la necesidad de seguir formando parte de la Unión Europea y de la eurozona bajo el paraguas del Banco Central Europeo (BCE). Un movimiento preventivo para evitar que una hipotética independencia de Catalunya les dejará fuera de ese ámbito crucial para su actividad. Pero antes de que tal cosa se haya producido efectivamente, las dos entidades han estado registrando una intensa retirada de depósitos, especialmente fuera de Catalunya, así como una oleada de consultas y expresiones de temor y angustia de su clientela local. También un intenso castigo bursátil, con pérdidas milmillonarias en sus cotizaciones, al tiempo que sus colegas en el mercado interbancario ponían más reparos para financiarles.

Al final, los mercados han acabado tomándose en serio el expediente catalán. El coste de la deuda pública, pese a estar domesticada por las compras del BCE, ha comenzado a escalar y las advertencias sobre la crítica situación política salpican los informes de sociedades y bancos de in­versión.

El argumento de que los inversores acabarían prefiriendo una Catalunya solvente a una España en bancarrota, núcleo del análisis ligero sobre las posibles consecuencias de una independencia unilateral, usado con demasiada ligereza desde ámbitos del Govern, ha resultado de momento incierto.

Los amos del dinero, conservadores por naturaleza, apuestan siempre por mantener el statu quo; si este les ofrece una perspectiva de ganancia. En términos prácticos, significa que el Reino de España les de cierta seguridad de cumplimiento del pago de sus deudas, horizonte que guía la ­actuación del resto de los estados europeos, especialmente Alemania y Francia, interesados sobre todo en recuperar el dinero que sus bancos prestaron durante los años locos de la burbuja finan­ciera.

Pero la secuencia de los acontecimientos no se está encadenando como se preveía. La inquietud económica se ha desatado sin que se haya establecido un marco de negociación que ofreciera tranquilidad. Aunque los mercados siguen sin otorgar muchas posibilidades a la independencia, sí que castigan los efectos de la inestabilidad política sobre la economía. Y en especial sobre los operadores y administraciones más débiles.

La Generalitat está fuera de los mercados de deuda, pero no el Tesoro español. El BCE acepta títulos del Reino de España como garantía para financiar a los bancos de la eurozona, pero no de la administración catalana. Las acciones de los bancos españoles, las de todos, han sentido el aliento inquieto de los mercados, pero en el caso de los más expuestos a la situación en Catalunya, con mucha más intensidad.

La apuesta ha sido muy alta y al final algunos en el mundo se la han acabado tomando en serio, en contra de lo que el Gobierno de Mariano Rajoy ha pronosticando durante los últimos cinco años. Pero, además del corrosivo inmovilismo del Estado, también procede reparar en la responsabilidad de quienes han estado explicando que un cambio estructural de la magnitud que supone una declaración de independencia no tendría consecuencias críticas sobre la economía. Como señalaba estos días el presidente de un gran banco español, “es posible que en 10 años las cosas sean muy bonitas. Pero ahora hay que pensar en el mes que viene, y en el siguiente, y en el siguiente”.

Autor entrada: onmagazzine