“Cuba, sociedad anónima”, el último bufido de Changó

Sergio Berrocal Jr | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Era el decano de los periodistas extranjeros en Cuba y quizás el que mejor conocía los intríngulis del poder y de la realidad cubana, aunque no le gustaba demasiado que le comparasen con el norteamericano Ted Szulc, el gran especialista de Cuba.Muchos de los periodistas venidos de Europa o América que desembarcaban en La Habana en busca de información trataban de hacer hablar a Alfredo Muñoz-Unsain, Chango, director adjunto de la Agencia France Presse en Cuba.

Pero sacarle una palabra era contar sin el sarcasmo que cocinaba con mil recetas. Cuando alguien se atrevía a preguntarle qué pasaría después de la muerte de Fidel Castro, él hacía girar su cigarrillo en los labios y soltaba su sarcasmo preferido: “Cuando se muera lo enterrarán”.Cuando el mundo celebra a los muertos este primero de noviembre, hace cuatro años que se nos fue. A sus 78 años de edad se sentía orgulloso de ser uno de los fundadores de la agencia de noticias Prensa Latina cuando en plantilla había redactores de base como Gabriel García Márquez.

Eran los tiempos en que el director de la agencia, Jorge Masseti, y el Che Guevara alimentaban el sueño de una insurrección en Argentina. Nacido en Santa Fe (Argentina), era con certeza la persona que mejor conocía la isla y su entorno político y social. Su agudeza, ironía, conocimiento histórico y sagacidad eran tales que absolutamente nadie se atrevía a contradecirle. Inclusive se decía que el nombre de Changó se le otorgó por ser hijo predilecto del orisha yoruba Changó pues tenía Impulsividad, cólera así mismo era voluntarioso, enérgico y tal vez engreído pero con aguda inteligencia.

Fueron tres décadas de sagacidad y clarividencia informativa, una clave maestra para entender el concepto del bloqueo cubano. Sus notas necesitaban ser a veces ser leídas entre líneas por la necesidad de prudencia  y un exceso obligado de la hipérbole.En el que es probablemente su único intento de escribir sus propias memorias, con el sarcástico título de Cuba, Sociedad Anónima , escribe sin que se le pongan pelos en la lengua:

“Entre 1959 y 1963 dirigí la oficina de Prensa Latina (agencia de prensa oficial cubana) en Montevideo.  Al llegar a la Habana en 1963 me echaron de Prensa Latina y me depositaron en la emisora estatal de onda corta, Radio Habana Cuba. Otra patada en el trasero me posó en el Noticiero Nacional de Televisión, donde recibí una tercera: me declararon excedente y me mandaron a hacer cola en la bolsa laboral del Ministerio de Trabajo. Allí la oferta fue pasar un curso de obrero montador industrial en la provincia de Cienfuegos, al centro de la isla. En fin, estaba en la calle. Pero pude seguir comiendo todos los días: por una paternalista disposición revolucionaria todos los desocupados seguían cobrando sus salarios y además la nueva revista Cuba, que pagaba muy bien, me aceptó colaboraciones regularmente.

Al poco tiempo la oficina local de la Agencia France Presse en la Habana me contrató y pasé veintisiete años trabajando allí como Adjunto de la Dirección. Cualquiera la nacionalidad y status, ser periodista en Cuba exige un constante ejercicio de auto concentración parecido a lo que Ernest Hemingway llamaba “grace under pressure”. Las restricciones impuestas por el Poder al poder de la información son innumerables. No hay un vocero del Gobierno, aunque diversos funcionarios han ocupado el cargo oficial de vocero de la Cancillería. Los corresponsales extranjeros los llamamos Voz Cero, porque en el mejor de los casos, traduce con elegantes circunloquios la clásica respuesta anglosajona: no comment.”

Según el periodista francés Sergio Berrocal, quien le conoció todo lo a fondo que podía conocerse a Chango:
“Pasó más de cincuenta años en su casa museo del 98 A número 527 entre 5º F y 7ª Playa, Miramar, una casita como las de Macondo repleta de inestimables y auténticas lámparas Tifany, cientos de fotos, habitaciones reservadas a las que se accedía por un torbellino de escaleras. Este santuario de dimensiones aptas para vivir e intrigar, en el que el Reverendo Chango ejercía de cura de la Revolución Francesa, tenía un patio mágico donde cuando caía la noche todos los elegidos debíamos someternos a los dictados de entes con los que nadie bromeaba. Cualquiera de los intelectuales que allí acudíamos por rigurosa invitación cursada según la filosofía y el humor del amo. Fue el decano de la prensa extranjera de la isla. En su casa de Miramar, nunca antes de las diez de la mañana, fungía como obispo de periodismo, siempre bajo el palio de la más absoluta confidencialidad y la más perfecta cordialidad que los fieles extendían en el patio de todas las confidencias. La primera noche que como recién llegado a la isla desde París tomé asiento en el patio donde el gallo misericordioso y las vecinas toleradas nos dejaban escuchar los más importantes pasajes de la novela de la noche, me sentí como el caballero valenciano al que le revelaron que la copa encontrada en algún hueco de la vida podría ser el Santo Grial.”

Desgraciadamente, cuando le llegó el momento de marcharse se quedó solo o casi es todavía peor. Compañeros de otros tiempos, de otras luchas dijeron que se quedó aislado en su casa y doblemente porque estaba en una isla bloqueada en permanencia por un gobierno sin límites políticos y en permanentes búsqueda de guerras y enemigos que ellos mismos formaron y entrenaron. Algunos que se decían amigos le dieron la espalda porque ya no los proveía de los beneficios de las noches de abundancia. Se cuenta que algunos días antes de su muerte fue ayudado por la embajada argentina y por algún amigo, pero pocos. Pero todo esto es difícil de comenzar. Porque Chango nunca olvidó que era Don Alfredo y no aceptó alguna ayuda que desde otros países algunos viejos compañeros le brindaron.

“Alfredo Muñoz Unsain que ibae bayen tonu  “

Autor entrada: onmagazzine