TODAVÍA HAY TIEMPO. El planeta no es un Play Station

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr

La Habana

 Cómo escribir de las profundas heridas que el huracán Irma le propinó a Cuba -2,1millones de afectados-, cuando buena parte del Caribe ha sido virtualmente arrasado por dos descomunales ciclones –María el más reciente- en menos de 10 días. Cómo, cuando los mexicanos han sufrido el peor de los terremotos en las últimas décadas y el conteo de muertos ya va por 308  o cuando Asia ha sufrido inundaciones sin precedentes. Qué comentar cuando Donald Trump, para quien el cambio climático es “un cuento de los chinos para perjudicar a Estados Unidos”, acaba de advertir  que “si se ve obligado “ no tendrá “ más remedio que destruir totalmente a Corea del Norte” haciendo uso del arma nuclear, y el otro, Kim Jong-un, responde con la amenaza de probar una bomba de hidrógeno, como si jugara con un Play Station.

Es como  si asistiéramos todos, aunque algunos se sientan a salvo con la cabeza en el hueco, a las andanzas de los bárbaros de mucho antes o del nazi-fascismo de hace poco, con la diferencia de que ahora la barbarie es con la guadaña de las armas nucleares, la salazón del cambio climático, de los huracanes con fuerza multiplicada por 500, de los terremotos con bravura equivalentes a una bomba H, de las plaga sanguinaria del terrorismo o  del mal congénito del hambre.

Me niego a irrespetar con un comentario insulso el sufrir de muchos. Rechazo el lamento, sabedor de que sobran las razones. Opto por la esperanza de aquellos que en Cuba, todavía con lluvia y los vientos huracanados de Irma,  salieron a auxiliar a otros sin que nadie lo pidiera o lo ordenara la Defensa Civil. Apuesto por los cientos de muchachas y muchachos, hastiados de la corrupción institucional y del cinismo convertido en práctica de los políticos de siempre, que ahora en México, en este mismo momento, están en las calles  y barrios de ese país salvando vidas o todo lo que se pueda salvar de las garras del taimado temblor. Me inclino no ante los serenos y sabios,  sino frente a quienes se juegan la vida para cambiar el rumbo de los desastres climáticos, sociales, económicos, políticos, militares que pretenden tratarnos como rebaños en dirección al apagón definitivo. Honro a los que todavía creen, a los que se enamoran con un bolero o se sensibilizan cuando el sol se acuesta,  y al mismo tiempo luchan. Todavía hay tiempo.

Autor entrada: onmagazzine