La huella gitana en Cuba

Rafael Lam | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Los gitanos vuelven a estar en el centro de la atención mundial, ahora que los están expulsando de Francia. Su saga es bien conocida, se encuentran dispersos por  el mundo. Cuba acogió, en el siglo pasado, sus migraciones.


En 1936 la isla recibió oleadas de gitanos que huian del franquismo, durante la Guerra Civil española. La fallecida escritora Renée Méndez Capote les dedicó un espacio en su libro Una cubanita que nació con el siglo, y en uno de los números de la antigua  revista Certeles, fechado en 1940, se publicó un reportaje que reseña cómo se refugiaron en los arrabales de la Habana de intramuros.Una de las fotos muestra sus carpas,las bellas mujeres ataviadas con vestidos típicos y los tocadores de guitarra española. Los habaneros los recibieron con una naturalidad no exenta de cierta curiosidad.Muchos de ellos tenían la intención de utilizar a Cuba como trampolín para viajar a otros países, pero algunos se integraron. Según un reportaje del periódico Juventud Rebelde, fechado en noviembre de 2004, los descendientes de esos gitanos encontraron  en la isla, como ellos mismos expresaron, el único país donde podían vivir tranquilos.Aunque su presencia en tierra cubana se remonta a los tiempos de la colonia, según historiadores, la mayor oleada llegó a raíz de la II Guerra Mundial, cuando los nazis exterminaron, en los campos de concentración, a medio millón de sres pertenecientes a esa etnia en Europa Central. En Cuba dejaron la huella de muchas de sus costumbres. Difundieron las ferias, los carnavales, el circo ambulante -llegaron a existir 42. Hay palabras de su lengua incorporadas a la jerga de los compositores del feeling de la década de 1940 y de la actual música bailable salsera, como jama (comida), curda (borracho), puro (padre) y en los dulces el brazo gitano.La moda de los jóvenes actuales está permeada de sus costumbres, vestuarios y bisuterías: pulseras, cadenas en los tobillos,grandes pendientes argollados, collares, pañuelos a la cintura o la cabeza y colorido profuso.Andariegos por excelencia, desembarcaron en Cuba, Brasil y toda América Latina, seguramente junto con los primeros colonizadores españoles y portugueses, a bordo de sus carabelas, según consigna el profesor brasileño Atico Vilas-Boas.Con su tez oscura y costumbres singulares, despertaron siempre curiosidad. Se les llamaba también  gypsies, tsiganes yeniches, zíngaros.Siempre víctimas de malentendidos, prejuicios y persecuciones, mantuvieron su resistencia y tenacidad contra viento y marea en la conservación de su identidad.Su esencia cultural setraduce en su música auténtica, exótica. En momentos difíciles, esa  música los ayudó a aliviar su tragedia. Con ella  transmitieron sus historias, preservaron sus manifestaciones, cantaron y bailaron su épica, sus hazañas, recitaron sus aventuras, sus relatos, fábulas, parábolas mitológicas,  cuentos, la memoria de sus orígenes y su verdadera historia que se pierde en la noche de los tiempos.Desde hace algunos años, el académico español Miguel Ángel Berlanga investiga  la aportación gitana al flamenco, desde finales del siglo XV. Profesor de Etnomusicología de la Universidad de Granada, su tesis de doctorado está centrada en los fandangos, un fenómeno previo al flamenco:“El flamenco -opina Berlanga- comenzó a manifestarse en ambientes de la baja Andalucía, eran las fiestas de baile tradicionales de esa zona. Los gitanos contribuyeron a un proceso de dignificación de un repertorio popular tradicional que, poco a poco, se fue transformando.“Lo importante de esa evolución es que es progresiva y va dándoles  caracteres artísticos a esa música. El pueblo gitano -añade- también imprimió un valor artístico a las músicas populares de Navarra.

Autor entrada: onmagazzine