De técnico a vagabundo

Marcelo Aparicio | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Sucedió hace tiempo, pero yo me enteré hace unos días, por boca del propio protagonista.  Renaud estaba sentado, como yo, en la marquesina del bus porque se había largado a llover fuerte. Para cortar el agua (no había hielo para cortar) pregunté una tontería. “Al bus que va a Sant Quintí?”- No, me dijo. Me protejo porque estoy lejos de mi morada. ¿vive por aquí?. Vivo en la calle desde hace algún tiempo. Lo explicaba no para provocar miseración. Lo decía con cierta rabia, que luego supe que era impotencia. La lluvia de ese fin de agosto caía con rabia y en algunos sitios con ira congelada en forma de granizo.

Se viene el invierno, continué. Si, dijo, será el primero en la calle. El hombre estaba bien vestido, deportivo, con ropa que seguramente era de segunda mano. Se veía que si bien era normal, no era la suya. No era la que quisiera llevar puesta . Yo no quería, pero me fue llevando hacia la curiosidad. ¿por qué vive en la calle? La historia es larga y lo apesumbrará, ¿está seguro querer saberlo?.  Renaud es o era un buen técnico en sistemas para la comunicación. Un día le surgió la posibilidad en su empresa de trasladarse a Barcelona y con su esposa coincidieron en que les gustaría, por la fama que había adquirido esta ciudad después de los Juegos Olímmpicos.

Quedamos con mi señora que yo empezaría el traslado e instalación y luego la llamaría para que venga con nuestra hija. Asi se hizo. La tercer noche aquí, solo, decidí sacar la basura y unos cartones. Era sábado por la noche. En el edificio, donde no conocía a nadie, parecían haber desaparecido todos. Dejé la puerta entornada porque los cartones no me dejaron cerrarla bien y bajé.

Era una noche fresca. Saqué los paquetes y bolsas y di unos pasos. Cuando regresé me di cuenta de algo terrible que hace que hoy siga aquí: había dejado las llaves en mi departamento. Intenté llamar a través del portero eléctrico a los pocos departamentos más que había. Nadie contestaba. El único en responder, un señor mayor, no se fio y ni me contestó y no me contestó nunca más. También quedaron en casa el móvil y mi cartera con dinero y tarjetas. Voy a buscar un bar que me deje llamar, pensé, pero me di cuenta que no sé el móvil de mi esposa porque lo tengo memorizado.

Y así todos mis contactos. Por no saber, ni siquiera memoricé mi número de DNI. Fui a una comisaría. Tomaron mis datos, pero dijeron que no podían aportarme ninguna solución. Igual el lunes iniciaremos investigaciones para ver cómo podemos ayudarlo. Mi mujer estaba de viaje visitando familiares aragoneses con mi hija. Gente de la que mucho me habló en Francia, pero de la cual no tengo idea.

En Francia no tengo ningún familiar. Me fui hace varios años, después de vivir un breve lapso, después de una infancia desgraciada en Sudamérica.  Hago guardias frente a mi casa, que me costó mucho encontrarla después de tanto tiempo dando vueltas, pero nadie responde, nadie entra ni sale. Estoy comiendo en un comedor popular porque no puedo comprar nada al no tener ni dinero ni tarjetas.

No sé los teléfonos de mi empresa. Estarán llamando a mi móvil. Mi esposa también. Pero ya superé esa angustia y espero que hayan hecho una denuncia y se crucen los datos con ese inútil policía que me atendió. Mientras tanto, sigo esperando. Ahora, que pare la lluvia. Le ofrecí venir a casa, pero me dijo que quiere estar “localizable·,  duerme, a veces, en un albergue pero hay tanta demanda y es tan incomodo que prefiere la calle.

No se preocupe. Ya parará de llover y superaré esta especie de amnesia involuntaria que sufro. Dese prisa, está por perder el bus. Me fui pensando que podría haberle dejado mi número de móvil, mi móvil, dinero, algo. Pero todo le sería inútil. Nos puede pasar a cualquiera… como sucede con muchas situaciones hoy día en un mundo tan inseguro y frágil.

Autor entrada: onmagazzine