Irma enseña sus colmillos y Cuba aguza sus sentidos

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana

El cambio climático, que para Donald Trump es “un invento de los chinos”,  ha enfurecido a los huracanes, como si alguien se hubiera atrevido a clavar una puntilla en las nalgas del león. Harvey acaba de dejar 46 muertos y miles de damnificados en Texas, Estados Unidos,  y ahora Irma ruge y enseña sus colmillos a Cuba desde la distancia. Aun es incierta la trayectoria de esta bestia, con vientos sostenidos de hasta 175 kilómetros por hora que avanza a mar abierto sin menar la cola. Todavía hay esperanzas de que se pierda en el Atlántico sin morder a nadie, pero la vista la tiene fija en el Caribe y cuando eso ocurre los cubanos sienten como se eriza el espinazo de su isla.

“Pa´llá, pa´llá”, dicen  coros y replican los tambores a fin de alejar a Irma, que si se encapricha en proseguir el camino que se presiente, recorrería de forma tangencial la costa norte cubana y eso sería suficiente para sembrar desolación.”¡Llévatelo viento de agua!”, pide una añeja expresión popular.

Hace unos días los caza-huracanes del país insistieron en que “hay que estar preparados” para una eventual embestida esta temporada, que arrancó el 1 de junio y se extenderá como cada año hasta el 30 de noviembre, y recordaron que La Habana, el lugar de mayor concentración poblacional del país, no es atacada desde hace poco más de medio siglo.

Y esa simple evocación de los que saben, dice a los habaneros que hay que cruzar los dedos porque de un coletazo, sin ni siquiera mordiscar, Irma pudiera echar por tierra muchos años de esfuerzos para rehabilitar a una ciudad de más de dos millones de habitantes que todavía cuenta con demasiadas zonas indefensas.

Hace cinco años, un cachorro de la misma manada, Sandy, atacó al Caribe, se paseó por el oriente de la isla y dejó tambaleante a Santiago de Cuba, la segunda ciudad en importancia del país, y el año pasado Matthew destruyó virtualmente a Baracoa, la Ciudad Primada de Cuba, también en el oriente.

Los cubanos viven entre huracanes desde que su tierra emergió del mar para instalarse en el mismo centro del camino que estos bichos malignos recorren cada año. En 1963, Flora dejó en el este mil 126 muertos y tres días de duelo nacional.

De ahí que cuando a uno de estos engendros les da por olfatear al Caribe, la mayor de sus islas levanta la guardia y aguza la mirada. Dicen los meteorólogos que el martes próximo, o quizás el miércoles, Irma podría irrumpir en las Antillas Menores, y se tendría entonces una idea más precisa de hacia dónde podría continuar.

Pero si se antoja de Cuba habrá sin dudas movilización general anticipada,  con la Defensa Civil al mando; con el despliegue previo de médicos, hospitales de campaña y brigadas de salvamento en los lugares identificados como de máxima vulnerabilidad; abiertos los refugios seleccionados por su seguridad desde mucho antes de comenzar la temporada ciclónica; con el ejército listo a evacuar y reconstruir; con el país en tensión.

Esperemos entonces que Irma se enloquezca en el Atlántico por no poder morder a nadie, que desfallezca en el mar por las temperaturas frías del norte. Y mientras tanto,  repitamos todos por favor,  pa´llá, pa´llá

Autor entrada: onmagazzine