De Ojos negros y piel canela

Sergio Berrocal Jr. | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Era allá por la isla de Pinos, la segunda en extensión del archipiélago de Cuba,  A través de los años se la ha conocido con distintos nombres como Isla de las Cotorras, Colonia Reina Amalia, Isla de los Piratas e incluso Isla del Tesoro, en tanto que sus primeros habitantes la conocieron también como Siguanea, Camaraco y Guanaja. Algunos años después, allá por 1978 es renombrada Isla de la Juventud, debido a los presencia de miles de jóvenes de distintas partes del mundo y de varias provincias de Cuba. El cuento va de la leyenda de Gisel, una joven isleña que se muda a la bella Habana en busca de una vida mejor.

Tras el triunfo de la Revolución cubana en 1959, un gran número de cubanos emigró a los Estados Unidos, radicándose la mayor parte de ellos en Miami. Estos primeros cubanos salieron de su país debido a los cambios que se estaban produciendo en la isla. Los hoy denominados balseros (término usado para referirse a los cubanos que trataban de alcanzar la costa de los Estados Unidos cruzando en precarias embarcaciones el Estrecho de la Florida) fue un tema de referencia que el director cubano Humberto Solás plasmo en la película cubana “Miel para Oshún” donde Jorge Perugorría interpretó el personaje de Roberto,  joven cubano- americano, quien fuera llevado de Cuba ilegalmente por su padre, cuando tenía siete años, regresando por primera vez a su país de origen. Su propósito fundamental es el reencuentro y confrontación con su madre, quien él cree que lo abandonó a su destino. Una cuestión peliaguda que refleja la cruda realidad de un país bajo un embargo americano al cual Gisel una joven traductora de ojos negros y piel canela debe enfrentarse a diario para poder mantenerse.

Reasentada en un apartamento ubicado en vieja Habana, aquella experta lingüista apasionada por la música y las culturas venidas de otras tierras desempeña a diario su cargo como traductora en un establecimiento oficial por un salario de 24 dólares al mes. No pudiendo sostenerse con ello, esto le obliga a tener que “resolver” como camarera de un paladar algunos chavitos de más para poder llegar al mes y así sustentar su familia.

En una esas tarde de sábado habaneros, Gisel pacta con su amiga Mariannis ir de visita a casa de unos amigos recién llegados de tierras españolas instalados en quinta avenida. Aquel lugar de arquitectura típica de los años cincuenta era inmensa y bien conocida de la sociedad habanera pues en aquel lugar se realizaban tertulias en las cuales muchos eran los que suspiraban por ser invitados al mítico recibidor aunque pocos lo lograban.

Fue durante una de esas noches en aquel barrio de Miramar que la joven intérprete presento su amiga Mariannis a una de sus relaciones, un músico llamado Walter, el cual era integrante de una banda de jazz que no terminaba de arrancar y a la cual había dejado atrás para emprender un viaje sin retorno a La Habana. Casi de forma inminente en aquel solista  nació una atracción hacia aquella mulata medio china, medio santiaguera que lo dejo hechizado dejando desplazada a su amiga y expertas lingüista.

Mariannis tenía por entonces veintidós años, sus ojos negros y su silueta de infarto hacia que cualquier hombre perdiera la razón y como ella decía le gustaba “modelar”, pues su capricho era vestir como la actrices de Hollywood.

Sin embargo aquella muchachita que se decía independiente trabajaba como cajera y despachaba entre sueños de grandeza pan con mayonesa a siete pesos a quien tocara su puerta a la espera de que algún productor local llamase para rodar algún video clip como bailarina, pues su meta era cruzar el charco, llegar al otro lado del muro donde se decía que existía la esperanza de una nueva vida.

Aprovechándose de aquel perfumen de seducción que esta tenía sobre Walter aquella atractiva señorita roba a Gisel la presencia de este en compañía de un vaso de etiqueta negra con hielo recientemente abierta para acompañar aquellas célebres tertulias a la espera de que unas pastas caseras estirada con rodillo y cortadas con chuchillo cuya receta exclusivamente conocía el patrón  para el deleite de los comensales.

Evaporados como si de un hechizo se tratara aquella chiquita que le gustaba modelar aprovecho el despiste y bullicio de aquella casa para llevar a Walter a un rincón silencioso y seducirlo. Es entre sábanas blancas que aquella cajera metida a modelo revela a aquel músico fracasado su historia imposible con la sección de interés de estados unidos para conseguir un salvoconducto de forma a salir de la isla; Pues según relataba muchos intentaron sin éxito allá por los años noventa substraer la lacha de regla para literalmente fugarse a Estados Unidos.

Unos días más tarde aquella moza se tropieza con la intérprete, extrañada y sorprendida esta le pregunta ¿Dónde estuvo aquel día? Entre media sonrisa Mariannis le comenta que  pasó la noche con Walter y que tiene la intención de irse con él. Asombrada, resentida y escandalizada Gisel explota en plena calle y carga contra su amiga – – “¿Cuál es la bola?   ¿Ahora te dedicas a jinetear? Ni las chicas que pasean en manadas por el malecón en busca de turista son como tú… Come mierda ¿Qué fuiste a comerle la pinga por cien cochinos dólares? Ayy chica que pena de verdad; Ya tú te aburriste de menearte en el Tuntún y tomaste la curva alabado… Ni a tu padrino escuchaste, ¿qué cuento chino le hiciste? Echaste un palo y te embarcaste con un Juan de los palotes… ¿Ya tú no recuerdas que te dijo Orúla? Déjate de tanto pájaro pinguero. No fue por eso que te propuse venir conmigo aquel lugar déjate de tanta guapería por favor.”

 Al mismo tiempo que esto sucedía un periódico extranjero titulaba “Una mujer cubana cuesta dos mil dólares”. Escándalo en el paraíso, pero el periodista no había querido reflejar más que una verdad conocida de todos. Para poder sacar a una mujer de Cuba los trámites ascendían a esa suma. Y nada más.

Mientas tanto aquella traductora cuya lectura favorita era la que un día Spencer Tracy y Anthony Quinn interpretaron y cuya ficción firmó Ernest Hemingway bajo el título de: “El viejo y el mar” terminó radicando en aquella famosa zona conocida como la “Marina Hemingway” desde donde observa los extranjeros venidos de otras tierras repetir las hazañas de Santiago y de aquel pez espada al cual libró batalla durante tres largos días. Sin embargo a  siete mil y muchos kilómetros de allí, la muchacha que soñaba con nobleza  y estatus social ejerce hoy la prostitución, dejada a su suerte, sin dinero y sin sueño, condenada a una vida de esclava y mortificándose una y otra vez, acordándose del día que cruzo el charco.

Autor entrada: onmagazzine